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12 OPINIÓN HORIZONTE PUEBLA MIÉRCOLES, 20 DE MARZO DE 2013 abc. es opinion ABC RAMÓN PÉREZ- MAURA CORINNA Y SUS CORIFEOS El problema está en los medios que publican fotos de publirreportaje suministradas por la propia entrevistada S ólo faltaba que se pidiera al director del CNI comparecer ante la Comisión de Gastos Reservados del Congreso de los Diputados para preguntarle por los contactos del Gobierno con la falsa Alteza Serenísima apellidada Princesa zu Sayn- Wittgenstein- Sayn. O sea, que se asume que el Gobierno de la nación éste, el anterior y cualquiera de los habidos o futuros- pagan a un organismo y lo controlan- en este caso desde la Vicepresidencia del Gobiernomientras ese mismo organismo espía a quien lo debe supervisar y lo financia. Yo puedo entender que se pregunte al general Sanz Roldán si esta señora trabajó para el CNI y creo que su obligación en esa comisión sería dar una respuesta minuciosa de cualquiera labor que le hubiera sido encomedada. Y por lo que sabemos de sus actividades, me congratularía saber que el CNI la haya tenido en su nómina en algún momento. Lo que me parece disparatado es pretender que el hombre a quien el Gobierno de la nación tiene encomendada la jefatura de la inteligencia nacional responda a situaciones inverosímiles o a las que deberían corresponder a los ministros del Gobierno. Porque sólo el ministro Margallo puede responder a sus propias torpezas dialécticas y de hecho. Desde luego no el jefe del CNI. Y pretender montar un escándalo por el uso de residencias oficiales que están permanentemente a disposición de toda clase de huéspedes del Estado es de una hipocresía barata. El problema en este caso está en quienes han querido hacer el juego a Corinna. En los medios que publican fotos de publirreportaje suministradas por la entrevistada a mayor gloria propia; en los que dan altavoz a quién solo estaba interesada en protegerse a sí misma después de haber estado durante años haciendo labores de comisionista que yo siempre defenderé, pero a cambio de asumir el coste que ese tipo de ejercicio conlleva. Medios que en algún caso han cometido la bazofia periodística de publicar despliegues multicolores y de muchas páginas de entrevista sin firma- si el Eduardo Sánchez Junco que ganó el premio Luca de Tena llevantara la cabeza... Medios, en fin, a los que sólo importa publicar una parte de la Verdad que siempre tiene la misma dirección de tiro. Y no se me oculta ni intento negar que para que ese tiro se pueda disparar, alguien tiene que haber puesto el blanco en la línea de fuego. Pero los medios que se ponen a disposición de esa mujer sin presentar todas sus contradicciones, que cuentan o intentan contar las actividades en las que tuvo participación buscando el enfoque más dañino para su objetivo final, el Rey, pero no para quien ha acudido a ellos, lo que están poniendo en evidencia, una vez más, es cuáles son sus verdaderos intereses. Y la satisfacción que tienen con cada ejemplar que venden en defensa de esos intereses- bastardos. CAMBIO DE GUARDIA GABRIEL ALBIAC AUTÓMATAS DELICTIVOS Es hora de saber a qué contables beneficios responde la adopción del oficio político B ÁRCENAS, Blanco... Pujol, ahora. ¿Qué tienen en común? La contabilidad de sus partidos. La cual es la frontera insoslayable que, en España, marca el vago no man s land entre política y crimen, entre Estado y mafias. Así sucede desde que la Constitución de 1978 y la Ley Orgánica de Financiación de Partidos Políticos de 1987, vigente hasta 2007 dejó ese territorio en una indefinición primorosamente calculada para satisfacer a todos. Los partidos, por supuesto. Puede ser que estos tres de ahora hayan delinquido en beneficio propio: no serían los primeros. O hasta puede que no, forzando un poco la esperanza en los milagros. Lo que parece estar fuera de duda es que de su presunto delito fueron beneficiarios sus partidos. Habrá quienes consideren que eso es delinquir menos. Se equivocan. Robar en beneficio propio es un trivial delito: para acotarlo están las leyes y las penas. Robar en beneficio de una institución cuyo teórico objetivo es el de representar al ciudadano, es el crimen más grave que puede ejercerse contra una sociedad moderna. La podredumbre Bárcenas, Blanco, Pujol, si es que la hubiere, a ellos solos afectaría moralmente. La podredumbre de quienes administran en nombre nuestro el Parlamento, de haberla, nos corrompería a todos. A los que sigan votando a gente así, principalmente. Depurar a los privados delincuentes es un automatismo garantista. Al cual ninguna sociedad podría renunciar sin suicidarse. Y depurarlos con tanta más contundencia cuanto mayor haya sido su empeño por blindarse, frente a la justicia, en el búnker de los privilegios que les da su cargo electivo. No es el caso, por lo menos, del PP con Bárcenas. Pero Blanco y Pujol, al negarse a dimitir de sus escaños, pasan a ser la imagen arquetípica de un sistema corrupto. No de un sistema de corruptos eso va en la condición humana de un sistema corrupto: aquel que hace piña con sus delincuentes. Si sus conmilitones no se supieran parte del mismo general sistema de saqueo, a esos dos los sacarían de cargo y partido a bofetadas. No lo hacen. A pesar del coste que saben que su permanencia acarrea frente a la ira en ascenso de quienes les votaron. No lo hacen: tienen poderosísimas razones para no hacerlo. Sin Pujoles ni Blancos, la cuenta corriente de todos ellos sería mucho más precaria. Y eso es algo que, en la política española, no perdona nadie. Nadie. Es hora de que todos nos planteemos la cuestión de fondo: la de a quién y a qué precio representan los partidos políticos. No a sus electores, no. Esos permanecen en la indefensa condición de pagar siempre y votar cuando les digan. Y callan. De malísima gana, pero callan. Saben que decir demasiado fuerte lo que piensan sólo les traerá problemas. Callan y odian. Es hora de saber a qué contables beneficios responde la adopción del oficio político por parte de gentes que, en una aplastante mayoría, nunca tributaron a Hacienda por ingresos que no estén relacionados con su actividad partidista. Y que son, al menos, conscientes de su perfecta incompetencia para ganarse la vida en otras actividades menos áureas: trabajando, por ejemplo. Acaben en la cárcel los individuos que, en beneficio propio, robaron; ésos en quienes la fiscalía aprecia hoy indicios de prevaricación. Acaben en la cárcel, hayan sido ministros, senadores, diputados o archipámpanos de las Indias. Pero eso es sólo el principio. Los partidos españoles son en lo contable autómatas delictivos. Y esto sólo una regeneración constitucional completa podrá cortarlo.