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14 OPINIÓN AD LIBITUM PUEBLA VIERNES, 8 DE FEBRERO DE 2013 abc. es opinion ABC MANUEL MARTÍN FERRAND ABSTINENCIA No está mal que los viejos budas hagan un sitio entre sus bufetes, nostalgias e intereses presentes para ayudarnos a vislumbrar un futuro mejor S ON muchas las sustancias, desde el tabaco al alcohol, y varias las actividades y tareas que desembocan, por su consumo y uso prolongado y repetitivo, en claro síndrome de abstinencia. Del mismo modo que no conozco a ningún letrado que muestre su pasión por la belleza de una reclamación de cantidad que acaba de redactar ni a ningún boticario pleno de gozo tras elaborar un perfecto glicerolado de almidón, son frecuentes los políticos, y no conozco excepciones, henchidos de gozo por su protagonismo en un Decreto que prepara el Gobierno o en alguna astucia que perpetra la oposición. Es raro que un país tan poco asociativo como el nuestro, en el que como decimos los gallegos o boi ceibo bien se lambe, los pocos que se reúnen lo hacen para jugar al mus, o cosa así, y todo lo más para, mirando al Mediterráneo, desafinar en una banda de música. En el reducido número de quienes han sido ministros del Gobierno de España es, quizás, donde más luce la autosatisfacción e, independientemente del proyecto de su obra, llega a inflar peligrosamente el pecho de los interesados. Tanto más cuanto más lejos esté en el BOE la referencia de su aprobación. Quizás por eso, y con chocante escasez informativa en la mayoría de los diarios, está en marcha la que quiere llamarse y ejercer como Fundación España Constitucional. Más de lo mismo. Sus promotores aparentes, los más vistos y ruidosos, son José Bono, perejil de todas las salsas; Eduardo Zaplana, ajo de la mayoría, y Ángel Acebes, vocación tardía para la electricidad. Buscan la integración de cuantos, en la ficción del pluralismo sobrepasado, hayan sido miembros de un Gobierno. También la del mecenas que pueda dotarles un campamento calentito y las correspondientes herramientas de trabajo. El capítulo correspondiente a bombos mutuos pieza central de este tipo de congregaciones plurales está cubierto por sus promotores; pero, ¿a qué viene una fundación como esta, en la que se supone como primera intención la defensa de la Constitución del 78? Los ministros que en ella militen han sido, unos más y otros menos, quienes la han desgastado y deformado. Desde la Transición, la sana intención inspiradora que se le supone a la Constitución que, pasado el tiempo, forma parte ya del problema nacional y, después de propiciar el amancebamiento de los poderes del Estado, sirve de ayuda demoledora para cuantos viven su sueño secesionista. Quizás los ministros incluidos y excluyentes de la nueva Fundación debieran proponerse su regeneración drástica y verdaderamente constituyente mejor que reavivar el brillo de su vieja pátina. No está mal que los viejos budas hagan un sitio entre sus bufetes, nostalgias e intereses presentes para ayudarnos a vislumbrar un futuro mejor. Pero, imposible. MONTECASSINO HERMANN LA URNA Y EL ORINAL Quien disfraza o decora tanto un orinal como una urna corre peligro de confundir la esencia de los objetos y por tanto su uso DOLF Loos y yo no hemos hecho otra cosa más que mostrar que existe una diferencia entre una urna y un orinal, y que sólo a partir de esa diferencia se establece un margen para la cultura. Los otros se dividen entre los que usan la urna como orinal y los que usan el orinal como urna Esta sentencia del genio de la palabra que fue el periodista y escritor y polemista y dramaturgo Karl Kraus, suele encontrarse en su colección de aforismos, tan lúcidos como implacables, tan crueles como reveladores. Kraus se refiere como compañero de fatigas al gran arquitecto Loos, incansable teórico del funcionalismo y enemigo de la ornamentación en Viena. Ambos luchaban por un vínculo directo, rotundo, inmediato, entre su instrumento, entre su obra y lo esencial. Adolf Loos lo hacía con edificios en los que no había concesión al ornamento y la belleza surge de la desnuda esencia del objeto funcional. Tan directo era Loos, tanto transgredía su dura sobriedad las normas amables decorativas de la estética vienesa del XIX, que causó las iras del anciano emperador Francisco José. Cuando osó construir junto al Palacio de Hofburg la hoy célebre Casa Loos (Looshaus) generó tanto disgusto al emperador, que éste dejó de utilizar la puerta de palacio hacia la Michaelerplatz. La lucha de Loos contra el pasteleo decorativo A que convertía las ciudades en escenarios falsos era, decía Kraus, como su propia lucha contra la hipocresía en la vida política y cultural vienesa. Y contra la permanente y obscena perversión del lenguaje. Que esconde, como los decorados superfluos, toda la falsedad y vacuidad no ya de la lengua, sino del pensamiento y la conducta de los protagonistas de aquella vida a principios del siglo XX que Kraus fustigaba con saña a diario. Quien disfraza o decora tanto un orinal como una urna, corre peligro de confundir la esencia de los objetos y por tanto su uso. Y su significado. Con lo que estaríamos ante otra sentencia, otro aforismo de Kraus: Palabra y esencia- -éste es el único vínculo al que he aspirado en toda mi vida Esa era la máxima y gran proclamación de su legendaria revista Die Fackel, (La antorcha) Cada día es más evidente en España la razón que tenía Kraus en su defensa del vínculo entre el lenguaje y la integridad de la sociedad y las personas. Él, que se proclamaba continuamente al borde de la desesperación con la hipocresía y vacuidad del lenguaje en la Viena del primer tercio del siglo XX, en la España del siglo XXI se habría cortado las venas. Porque ahí brota toda su torpe corrupción. Que es debilidad y falta de rigor, pereza y mezquindad, indolencia y cobardía. Si nadie en la política sabe explicar un concepto, cómo se va a transmitir un valor o principio. No me atrevo a evocar los calificativos que habrían merecido en Die Fackel las respuestas de Rajoy en la conferencia de prensa de Berlín. Por no hablar de las explicaciones de los periodistas del diario El País sobre la autenticidad de las fotocopias de las copias de las fotos de los presuntos papeles. A los portavoces Floriano o Valenciano les habría dedicado una edición entera. Si no se sabe describir y distinguir una urna y un orinal, acaba uno mezclando objetos y fines. Y la lengua cargada de imponentes chorreras de pringue hecho y eufemismo de la nada, no transmite más que desazón, desmoralización y confusión. Y por supuesto, engaño. La perversión del lenguaje es la del pensamiento, de la conducta y del paisaje. O como decía también Karl Kraus: La lengua es la madre del pensamiento, que no su chacha