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64 CULTURA VIERNES, 1 DE FEBRERO DE 2013 abc. es cultura ABC Pipas sobre la antigua tumba de Colón En 2010 Ai Weiwei instaló cien millones de pipas de porcelana (150 toneladas) en la Tate Modern de Londres. Las pipas, que resultaron tóxicas, son tan codiciadas que incluso hay un mercado negro en internet. Se repartieron en lotes. La colección Ghilsalberti de Copenhague se hizo con 3.300.000 (cinco toneladas) Son las que han viajado hasta Sevilla. En la Capilla de Colón (allí estuvo enterrado durante 35 años) se han instalado todas esas pipas. ¿Qué diría el almirante al saber lo que hay sobre su antigua tumba? Las pipas están tan protegidas como la Mona Lisa: una línea en el suelo advierte al visitante No pasar hay sensores, un cristal... Todo para evitar la tentación de llevarse una pipa como souvenir. Los cien millones de pipas fueron realizadas a mano por 1.600 personas en dos años y medio. Weiwei eligió las pipas de girasol, porque durante la revolución cultural china Mao se simbolizaba con un sol y los chinos eran como los girasoles: giraban hacia él. Wilslawa Szymborska, en una de sus últimas imágenes ABC Al año de su muerte se ha sabido que la poeta destinó buena parte del premio a ayudar a otros escritores Szymborska El mayor secreto de la Nobel polaca EDUARDO JORDÁ editores en crisis (será mejor no imaginar los candidatos que tendría ahora ese dinero en España) La única condición que puso Szymborska fue que todo debía hacerse en secreto. Si algo le disgustaba, era que la tomaran por una especie de hada madrina que se podía permitir el lujo de ayudar a los demás. Y si algo le disgustaba podemos añadir nosotros es que todo el mundo hablara de ella como una persona comprometida o solidaria Revelaciones del secretario Todo esto lo ha revelado el joven poeta Michal Rusinek, que fue secretario de Szymborska y ahora preside la fundación que lleva su nombre. Parece ser que Szymborska eligió a Rusinek por su sentido del humor, ya que la poeta no soportaba convivir con nadie que no lo tuviera. El trabajo de Rusinek consistía en declinar muy educadamente todas las ofertas de viajes y de entrevistas, ya que la poeta odiaba moverse de su ciudad. Por suerte, Rusinek logró convencer a Szymborska para que se dejara entrevistar en unas pocas ocasiones, y gracias a ello hemos podido leer sus opiniones, que están a la altura de sus maravillosas reseñas de libros recogidas en Lecturas no obligatorias (Alfabia) Ya viajaré cuando sea más joven solía decir al rechazar una invitación. O bien: Cuando escribo siempre tengo la impresión de que alguien está detrás de mí haciendo muecas. Por eso huyo, todo lo que puedo, de las grandes palabras Es bueno saber que Szymborska también supo huir de las grandes palabras cuando quiso ayudar a sus colegas en apuros. Y que lo hiciera sin muecas ni gestos grandilocuentes, como tantos y tantos actores mediocres gesticulando en un escenario. Se fue de China, dice, porque era una dictadura, donde se esconde la verdad porque tenía miedo. Vivió 12 años en Nueva York, pero regresó a China en 1993 no sólo para mirar, sino para quedarme Su rebeldía le valió el encarcelamiento, un arresto domiciliario... Pero, como él mismo dice, me enfrento no sólo al Gobierno chino, sino también a la cultura china y a nuestra tradición Weiwei comenzó a recuperar las técnicas ancestrales de la cerámica china y a comprar antigüedades. En algunos de sus trabajos más famosos, presentes en Sevilla, customiza vasijas neolíticas (5000- 3000 a. C) con pintura industrial y tira al suelo una urna de la Dinastía Han en un tríptico fotográfico que inmortaliza su performance más célebre. Pero, ¿esas piezas son verdaderas o falsas? Weiwei siempre ha jugado a la ambigüedad respecto a ello. Lo que le interesa realmente es reflexionar sobre lo auténtico y lo falso. Una declaración de intenciones en la que denuncia el capitalismo de Estado y el mercado salvaje de falsificaciones que impera en China. S abemos lo que algunos ganadores del Nobel de Literatura hicieron con el dinero del premio. Yeats se compró una jaula de oro para los cincuenta canarios que tenía en su estudio y luego invirtió el dinero en valores seguros de Bolsa. García Márquez metió el dinero en un banco suizo. Samuel Beckett cuya mujer exclamó ¡Qué catástrofe! al oír la noticia del premio destinó el dinero a obras de beneficencia y a ayudar a escritores necesitados, en especial a Djuna Barnes, que por entonces vivía en la miseria en un apartamento de Greenwich Village, y al joven y casi desconocido B. S. Johnson. De Cela sabemos que se compró una casa en Guadalajara, y de otros escritores podemos imaginar que se compraron casas en otros sitios: en París, en Nueva York, o quizá en Venecia o en la Costa Azul. Hasta ahora parecía que Beckett había sido el único ganador que dedicó el dinero a ayudar a otros escritores. Pero justo ahora, cuando se cumple un año de la muerte de Wislawa Szymborska, se ha sabido que la poeta polaca también donó una parte importante del dinero del Nobel, que ganó en 1996, a ayudar a otros escritores en apuros. Primero se compró un piso con ascensor en el mismo barrio de Cracovia donde vivía, ya que antes había vivido en un cuarto piso sin ascensor. Y luego le pidió a su secretario que fuera donando el dinero restante a la gente del mundillo literario: poetas, traductores, revistas literarias o incluso Solidaria sin publicidad La única condición que puso Wislawa Szymborska fue que todo debía hacerse en secreto