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ABC VIERNES, 1 DE FEBRERO DE 2013 abc. es ENFOQUE 5 Cree Cree que la justicia just ci stic t e spañ trata. en España trata... paña ñ Mej r a los políticos ejor p ENCUESTA ENCUESTA DYM PARA ABC SOBRE LA CORRUPCIÓN EN ESPAÑA ARA OBRE A O CÓ N Cree e Cree que en España e Esp a pa la corrupción po ítica... rrupció política ión a Está aume tando Está aumentando ¿Cómo cree que deberían ee ue e e rí ser las penas por delitos de a o d itos d corrupción? orru c n up Más duras ás ura a ¿Los artidos berían ¿L s part dos deberían n suspende a los políticos solo der los p tico solo o o por el hecho de estar e h est impu do imputados? p dos? A favor avor 74,3 74,3 87,9 86,4 4,4 NS S NC 3,4 4 Está dismin disminuyendo d 18,0 %18,0 Se ha e estanca ncado 2 2,4 NS NC NS 8,3 %I gual 5,3 NS NC 0,5 6,3 %I gual que en g a la ac actualidad dad 5 5,3 NS NS NC 8 8,3 En contra con M Má Más blandas d JUAN FLORES Por la regeneración ¿Dónde está la sociedad civil? JAIME GONZÁLEZ ABC ofrecía el pasado lunes a sus lectores un pormenorizado informe sobre el coste de la corrupción, el monto económico de lo sustraído en los principales casos en los que han participado altos cargos, funcionarios y personas relacionadas con el ámbito de los partidos políticos. Los siete mil millones de euros eran una estimación del desfalco a las cuentas públicas, esa hucha común sin precinto en la que se amontonan las huellas del delito, las pruebas de la descomposición del poder. Pero los efectos de la corrupción van mucho más allá de la cuantía de lo robado. Para medir el impacto que, en términos sociales, provoca la corrupción no valen los números, sino una palabra- -democracia- -que es mucho más fiable que ese patrón oro que fijaba el valor monetario de un país. ¿Cuál es el coste de la corrupción en términos democráticos? La respuesta es tan compleja que lo fundamental no es ponerle el termómetro de la indignación a la calle- -que le arde la frente es una evidencia, como demuestra el resultado de la encuesta que ilustra esta página- sino preguntarse abiertamente qué se puede hacer por la salud de una sociedad civil que, domeñada durante décadas, no es capaz de articularse para hacer frente a los excesos del poder. La calle brama, pero no se ordena, porque los partidos han logrado infiltrarse detrás del grito y la pancarta en una guerra de intereses donde la paja está siempre en el ojo ajeno, aunque tengan una viga en el propio. ¿Dónde está la sociedad civil? La democracia se sustenta en un sutil equilibrio de poderes que se contrarrestan entre sí para depurar mutuamente sus excesos. Lo que ha ocurrido en España es que el poder político ha invadido de siglas las Administraciones Públicas y los otros poderes del Estado. Las diferencias entre partitocracia y democracia no son de matiz: es posible que en tiempo de bonanza los vapores del vino nos situaran ante un gran trampantojo, un perverso efecto óptico que descubrimos ahora que la tormenta ha dejado los muros desnudos. La democracia somos todos; la partitocracia es un club de listas cerradas a cuyos socios les seguimos pagando la cuota sin exigirles siquiera el viejo certificado de penales. ¿Dónde está la sociedad civil? No, no mire usted por la ventana. Si quiere regenerar España, levántese del sillón.