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ABC MIÉRCOLES, 23 DE ENERO DE 2013 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS INFALIBLE FACUA La presencia mediática de Facua es muy superior a su representación. ¿Y quién controla a esta máquina de propaganda? M E maravilla a mí esto de Facua- Consumidores en Acción. Cómo domina los medios informativos su portavoz, Rubén Sánchez, contestador automático de los consumidores. Raro es el telediario en que no sale con su barbita de talibán para denunciar algo o pedir la insurrección fiscal ante el euro por receta. Hay partidos políticos que salen en el telediario bastante menos que Rubén Sánchez y su Facua. Rosa Díez, por ejemplo, y eso que siempre anda denunciando asuntos de parecida materia. ¿Cuántos diputados en el Congreso tiene la Facua? ¿Cuántos senadores? ¿Cuántos alcaldes y concejales? Ese es el mérito de Facua: airear una organización fuera de los partidos y de la Administración, que sabe hace oír su voz como ninguna otra, domina como nadie los medios de comunicación, telediarios de La 1 incluidos, y tiene más credibilidad (no contrastada) que instituciones que han tenido la precaución y delicadeza de pasar antes por las urnas y de ser respaldadas por millones de votos. Fundada en 1981, Facua es el acrónimo de la Federación de Asociaciones de Consumidores y Usuarios de Andalucía, a cuya denominación de origen le añadieron luego lo de Consumidores en Acción que suena más a ONG que Facua. Porque Facua parece un modelo de coche: el Ford Facua o el Seat Facua. Cuando la izquierda llegó a los ayuntamientos democráticos, en Facua encontraron acomodo los cesantes activistas de las asociaciones de vecinos domina- das por el PCE. Esas asociaciones ya no podían gritar Alcalde, chorizo, te quedas con los pisos porque el alcalde era de los suyos. Entonces se buscaron el pretexto de defender a los consumidores para seguir en el machito de la protesta. Se presentan así: Independiente de gobiernos, partidos políticos, confesiones religiosas e intereses empresariales, Facua tiene un carácter marcadamente progresista, democrático, plural y participativo. Somos hombres y mujeres comprometidos que reivindicamos mejoras en la regulación y el control del mercado, la calidad, etiquetado y publicidad de los productos y servicios. Cuestionamos el actual modelo de sociedad de consumo, sustentado en el fomento del acaparamiento y ostentación de productos de forma irracional y despilfarradora, la explotación de los países pobres y el agotamiento de los recursos naturales del planeta El portavoz Rubén Sánchez figura como socio número 8.826 Hijo, pues aunque seáis solamente ocho mil, os lo montais de cine. La presencia mediática de Facua es muy superior a su aparente tamaño y representación. ¿Y quién controla a esta máquina de propaganda? ¿Quién nos defiende a los que consumimos sus comunicados y ruedas de prensa? Denuncian una marca, un producto, un servicio, y le buscan la ruina. ¿Quién está detrás de esa denuncia, qué análisis riguroso de qué laboratorio de referencia? No, como viene de la Facua, ¡hala! pista que va el artista: todos los periódicos y televisiones sirven de picota para la Facua. Aquí el que mata a una niña es presunto asesino hasta que es condenado, pero las denuncias de Facua van a misa en los periódicos y telediarios sin la menor comprobación. Las opiniones de un premio Nobel, de un catedrático, de cualquier autoridad elegida democráticamente, son puestas inmediatamente en cuestión por esos vertederos de basuras llamados redes sociales. ¿Pero ha visto usted que alguien alguna vez haya osado dudar de lo que proclama la Facua? Yo al menos no lo conozco. Ni conozco a nadie que no crea en el nuevo dogma de la infalibilidad de Facua. Hasta al Papa lo ponen verde cuando proclama el Evangelio. Porque aquí el único infalible es Rubén Sánchez en sus encíclicas civiles de la Facua. No seré yo quien ponga en duda el dogma progresista, democrático, plural y participativo de su infalibilidad. IGNACIO CAMACHO GUERRA DE PLANTAS El escándalo Bárcenas ha sumido al PP en una crisis de recelo en la que se perciben trazos de una guerra de poder L ataque de pánico se ha sumado una crisis de recelo. El Partido Popular se ha convertido en un campo de minas en el que nadie se atreve a dar un paso. Sobre el temor viscoso al alcance de los manejos opacos de Bárcenas se ha comenzado a extender un clima de desconfianza mutua sobre el origen de las filtraciones, un ambiente de sobresaltos en el que no es difícil percibir trazos de una guerra de poder. El largo pulso soterrado entre la dirección nacional y la regional de Madrid, las plantas 1 y 7 del edificio acristalado de la calle Génova, flota entre sombras de ajustes de cuentas internos. Los marianistas señalan sin tapujos a Aguirre y su entorno como responsables directos o indirectos de la revelación del escándalo de los sobres, que relacionan con el desgaste político de las instituciones madrileñas y la perspectiva de una renovación de candidatos en el Ayuntamiento y en la Comunidad. Y se ha instalado una atmósfera de cainismo y suspicacia conspirativa que remite a los días convulsos de 2008 tras la segunda derrota de Rajoy. Sólo que ahora se trata de un partido de Gobierno y no puede gobernar porque los ministros no tienen manera de escapar a la onda expansiva del alboroto. En medio de esa agitación casi histérica Rajoy ha optado por afianzarse en lo que más que su estilo es su estrategia. Aguantar, esperar, ganar tiempo. Mientras el asunto de los sueldos en B sea sólo una amenaza fantasma, una acusación genérica sin nombres propios, cree tener margen para recuperar una cierta iniciativa y, sobre todo, una mínima calma. Pero los nombres acabarán apareciendo y será inevitable una catarsis de la que sólo una persona parece por ahora incólume: María Dolores de Cospedal, cuyas relaciones con sus antecesores son gélidas. El presidente, que lleva toda la vida en el partido, puede tender a limitar los daños salvo que se sienta desafiado. Su confianza pasiva en Bárcenas le ha provocado el mayor problema de su mandato, una crisis de credibilidad que afecta a la honradez corporativa, y será difícil que no aprenda la lección. Ahora no es sólo el líder de una organización sino el jefe del Gobierno de un país en peligro de fractura social, territorial y financiera. No se puede permitir titubeos. La cuestión es que el colapso del PP, su convulso estado de nervios, está tapando la verdadera dimensión que otorga al conflicto una inquietante propiedad desestabilizadora. Se trata de lo que Bárcenas pudo hacer durante la tira de años en que tuvo bajo su control la caja y la financiación del partido. Esa actividad paralela bajo la que construyó una fortuna secreta sometida ahora a escrutinio judicial. El Bárcenas tesorero es un problemón pero el Bárcenas Luis el Cabrón puede constituir una bomba en los cimientos de un partido que, de ser ciertos los indicios, tenía al frente de sus dineros a una especie de contable de los Soprano. A MÁXIMO