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46 CULTURA MIÉRCOLES, 9 DE ENERO DE 2013 abc. es cultura ABC Decenas de miles de esmeraldas y joyas coloniales para los cazatesoros Hallan en el Caribe, cerca de Key West, un botín de posible procedencia hispana JESÚS GARCÍA CALERO MADRID esos metales ¿monedas? Muchas de ellas presentan restos de resina epoxídica o polímero, inventos del siglo XX (hay pecios del siglo XX cerca del yacimiento) Pero además de esas piedras esparcidas se ha extraído del lugar del hallazgo una colección impresionante de joyería colonial española, sin que el juez haya pedido catalogación o estudio histórico alguno. Hé ahí el problema. Si España no se persona en el caso nunca sabremos si viajaban en un buque de la Carrera de Indias porque la justicia de EE. UU. reconoce la inviolabilidad de los barcos españoles pero no exige identificar el origen del material arqueológico. El mar sembrado de joyas y esmeraldas, eso es lo que la empresa cazatesoros JTR Enterprises dice que halló al norte de Key West, en el extremo sur de Florida. Ni restos de barco ni nada problemático: solo blanca arena y piedras preciosas rodando entre delfines. Uno de sus ejecutivos, Jay Miscovich, relató en su demanda de septiembre de 2011 el conmovedor hallazgo a un tribunal de Florida al que solicita exclusividad para extracciones futuras Estaba buceando y descubrió piedras blancas, púrpura y verdosas esparcidas por el fondo Y dice además su abogado que sus esfuerzos, gastos y habilidades merecen la más alta consideración Pero la realidad es menos conmovedora. En 2013 los cazatesoros desarrollan más agresivamente que nunca una acción global. Mientras en España cunde la satisfacción por la victoria contra Odyssey Marine Exploration, los contactos entre empresas de esta industria se han intensificado en lugares tan distintos como EE. UU. Bermuda, República Dominicana y Colombia. Allí acaba de aprobarse la ley que permite contratarles para la extracción de pecios coloniales a cambio de comercializar el material rescatado, algo prohibido por la Unesco y por nuestra ley. A la vista del hallazgo cabe preguntarse si este es el futuro del patrimonio en Colombia. Todos se conocen Y a partir de aquí, muchas casualidades Primero, el abogado de JTR Enterprises es Paul Horan, que participó en el juicio de España contra Odyssey representando a los descendientes de nobles que querían para sí las monedas de la fragata Mercedes. También está relacionado con Mel Fisher y el Atocha y con el rescate de El Cazador. Segundo, los análisis de algunas esmeraldas halladas, al menos los realizados en Francia y Suiza han sido pagados por una tercera parte y, según consta, las gemas fueron remitidas por el investigador Daniel De Narváez, acérrimo defensor de la nueva ley colombiana que la comunidad científica internacional ha recibido como un espaldarazo del Gobierno de Juan Manuel Santos a la industria cazatesoros. Pero hay más. En otro de los informes judiciales adjuntos al caso figuran emails cruzados entre De Narváez, Horan y... Greg Stemm, el mismísimo CEO de Odyssey, hablando de las posibles conclusiones de los análisis realizados a las gemas, y se escriben y consultan los pasos a seguir con confianza propia de socios. Son pruebas de que la industria cazatesoros trabaja coordinada y globalmente, mientras España sigue lejos de defender el patrimonio en foros políticos internacionales como debería. No reparan en gastos Las decenas de miles de gemas se han analizado en tres laboratorios y también en el Smithsonian, al que los cazatesoros han regalado unas muestras. La conclusión es que las esmeraldas proceden de minas colombianas (una de ellas dejó de explotarse en el siglo XVI, otras continuaron produciendo) España no usa sus recursos Quien ha descubierto el caso de las esmeraldas es José María Lancho, abogado especializado en patrimonio subacuático. En una reciente sesión de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, narró este y otros casos de posible expolio denunciando que la falta de voluntad política impide a España utilizar los recursos jurídicos y científicos a su alcance en el exterior. De su investigación se desprende que el peligro para el patrimonio histórico sumergido es cada vez mayor. En un par de décadas esta industria destructiva habrá acabado con buena parte del registro patrimonial hispánico Volviendo a las esmeraldas, en abril de 2012, un mes después de que llegaran a España las monedas de la Mercedes expoliadas por Odyssey, JTR Enterprises remitió nueva información al tribunal: en ella afirma que las gemas proceden de minas de Colombia, según análisis de un laboratorio francés, otro suizo y otro americano; y llevan adheridas micropartículas de oro, plata y cobre, tal vez por contacto con objetos de Una sentencia ganada no puede ocultar esta catástrofe cultural Según el abogado Lancho, España carece de una hoja de ruta internacional para enfrentarse al desafío de la destrucción del patrimonio sumergido. Hasta ahora hemos fiado la protección al hecho de que EE. UU. respeta la inmunidad soberana de los barcos, lo que les hace tan inviolables como una embajada, aunque estén hundidos. Pero las sentencias ganadas no pueden esconder una catástrofe cultural como la que está sucediendo aunque sienten precedente. En decenas de casos, los jueces no piden que se identifique el barco (los cazatesoros no lo hacen para evitar problemas) y aceptan inventarios de extracciones bajo sello, sin investigar su procedencia ni exigir un control científico del material patrimonial. Permitieron a Odyssey comprar derechos de otro pecio en Carolina del Norte cuando estaba en plena batalla legal con España, con lo que bien podría distribuir materiales sin control entre varios casos según Lancho. La conclusión es que EE. UU. no garantiza protección al patrimonio hispano y sus tribunales fracasan en proteger los criterios arqueológicos, incentivando la inversión en la industria destructiva y premiando a los saqueadores por su falta de diligencia y escrúpulo. Lancho pide a las autoridades españolas que soliciten la protección internacional de los pecios como patrimonio de la Humanidad y lleguen urgentemente a acuerdos con Washington, como los firmados por México para la recuperación de bienes arqueológicos robados También que abandonen la incuria y el silencio que ha permitido un genocidio cultural e incentiven la actuación de los tribunales españoles, respaldada por la defensa de la inmunidad soberana en EE. UU, para que las condenas penales desactiven este negocio. Además, señala que Odyssey contrató en Europa empresas técnicas para sus andanzas y exige que se utilicen otras sanciones, que se niegue toda contratación pública a quien haya colaborado con el expolio de nuestra historia Por último, denuncia que aún no se haya concretado iniciativa alguna en el seno de la UE o políticas activas en Iberoamérica para salir de esta situación