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ABC MIÉRCOLES, 9 DE ENERO DE 2013 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS AGRADADORES He decidido fomentar la cercanía de los agradaores y dejarme de tíos coñazos y cenizos que te amargan la vida E escribe agradador pero en Jerez lo pronuncian de una manera más sonora y gustosa: agradaó. Porque en la Ciudad del Caballo... Inciso: la llamada Ciudad del Caballo será ahora llamada así no por la Yeguada Militar, el Deposito de Sementales, la Real Escuela de Arte Ecuestre, el recuerdo de la Espléndida de don Alvaro Domecq o por rejoneo de Fermín Bohórquez, sino por la deuda municipal. Los socialistas dejaron en el Ayuntamiento de Jerez una deuda de caballo. Decía que en la Ciudad del Caballo ser agradaó es (o era) una profesión como otra cualquiera. Veías pasar por la esquina del Gallo Azul a un pollo muy maqueón, bien trajeado y encorbatado, con un almacén de gomina en el pelo, los zapatos a medida y relucientes de betunero, caminando altivo y resuelto, dueño del mundo, preguntabas quién era y a qué se dedicaba, y te respondían: -Ese es un agradaó de los Domecq. O agradaó de los González, por no dejar fuera a ninguno de los dos hemisferios en que se divide el mundo jerezano: Domecq y González Byass. Las dos grandes partes del mundo jerezano de las que decía García Serrano en su Diccionario para un macuto que fueron las grandes fábricas del valor en la guerra, con su coñac saltaparapetos: Las laureadas las ganan Domecq y González Byass El agradaó es el que vive de hacer amable la vida a los demás. No es exactamente el pelota. El pelota es adulador sin tasa ni medida, al que se le nota la inte- S resada falsedad a leguas. El pelota lo es ocasional, cuando le conviene quedar bien con su jefe, con su suegra o con un cliente. A diferencia del pelotillero, el agradaó va por la vida ejerciendo siempre su oficio. Haciendo la vida agradable en todo momento y a todos. Dando grata compañía. Compartiendo gustos y aficiones. Y elogiando lo justo y necesario, para que siempre parezca verdad la alabanza, nunca interesada loa de peaje. El agradaó es como un chevalier servant para damas y caballeros, atento siempre. ¿Que es falsa la amistad que te ofrece? ¿Y qué? Yo en este año de gracia de 2013 he decidido fomentar la cercanía de los agradaores y dejarme de tíos coñazos y cenizos que te amargan la vida. Como que si tuviera posición, contrataba a dos agradaores fijos de plantilla que se pasaran el día complaciéndome: -Don Antonio, qué pedazo de artículo más bonito le está saliendo a usted sobre nuestra profesión- -me diría el primero, sentado aquí al lado en el escritorio. -Pues eso no va a ser nada para cuando le ponga el remate marca de la casa, ese final como una estocada hasta la bola, -añadiría el segundo. En los presentes momentos de crisis, yo profesionalizaría e institucionalizaría el importante papel social del agradaó, que elevaría muchísimo la moral de la tropa, asfixiada a recortes. Crearía la Facultad de Ciencias del Agrado. Que impartiría másteres a otras profesiones. ¿Se imaginan el éxito que tendría un licenciado en Medicina que pusiera en la puerta de su casa una placa que dijese: Doctor Tal, Médico Agradaó Entrabas en la consulta, y en vez de quitarte del tabaco, del alcohol, del café, de las grasas y del azúcar, te diría: -El colesterol lo tiene usted fenómeno. Y si es la tensión arterial, es da gloria tomársela a usted, don José María. ¿Y esa radiografía de tórax? ¿Se habrá visto una radiografía de tórax más limpia y más bonita que la suya, que no se puede aguantar? Ande, ande, váyase, y fume y beba usted lo que quiera, pero sin moderación de ninguna clase. Hablando de estocada final del artículo, lo malo iba a ser la estocada que el Médico Agradaó nos iba a pegar con la factura. Porque los agradaores no suelen ser de Sanitas. Y la desagradable Sanidad pública anda tú que está como para pagar agradaores... IGNACIO CAMACHO PESEBRES MANCOMUNADOS Clientelismo es el arte de colocar al mayor número posible de personas en el mayor número posible de sitios cencerros tapados, durante las fiestas de Navidad, el presidente de Andalucía ha bloqueado la reforma de las administraciones locales que PP y PSOE negocian a nivel de Estado. Se opone Griñán a la supresión de las mancomunidades de municipios y a la reducción del número de concejales por la sencilla razón de que esta poda afectaría de forma directa a su modelo clientelista, basado en la colocación del mayor número posible de personas en el mayor número posible de cargos. La cólera del virrey andaluz ha sido patente al enterarse de que Rubalcaba y Gaspar Zarrías, con quienes no se jama, habían cerrado a sus espaldas un preacuerdo con Javier Arenas; quizá por eso haya gozado el doble al utilizar su vara alta en el partido para vetar el pacto. Fue el propio Zarrías el que, durante su resplandeciente época de valido chavista, sentenció que con las cosas de comer no se juega en política; ahora es su rival interno quien le recuerda que aunque ya no esté en el poder hay otros que tienen que seguir cuidando del pesebre. Griñán dirige, a pachas con IU, el mayor régimen clientelar de España, el único con dimensiones significativas en el que la izquierda ejerce un dominio hegemónico. Para salvar esa supremacía no duda en aplicar fuertes ajustes en sanidad o educación- -en los colegios están cobrando a los padres hasta el papel higiénico- -mientras mantiene intacto su gigantesco aparato burocrático, reforzado con una red paralela de agencias, consejillos, empresas instrumentales y chiringuitos varios. A los sanitarios, a los enfermos y a los padres de alumnos les dicen que los recortes vienen mandados por el impío Gobierno de Rajoy que no les allega bastante dinero. A los enchufados en la inflacionaria Administración autonómica y local no hace falta que nadie les explique quién los mantiene en su puesto porque ellos bien saben cómo han llegado hasta allí. Y a quién le deben el empleo. En ese blindado ecosistema, la preservación del número de ediles o la continuidad de las mancomunidades municipales, con sus presidencias, sus vocalías, sus asesores y sus presupuestos, suponen una cuestión de mera supervivencia. Los servicios mancomunados los podrían prestar las diputaciones después de que Rubalcaba haya dado espontáneo cajonazo a su propuesta de suprimirlas, y es obvio que la mayoría de los ayuntamientos- -731 sólo en Andalucía- -tienen un número de concejalías desproporcionado a su funcionalidad. Pero ése es parte del núcleo duro del clientelismo: sitios donde colocar gente, ámbitos públicos en los que repartir privilegios, nóminas y parcelas de influencia. En la política española, que ha sustituido la dudosa razón de Estado por una aún más viscosa razón de partido, el poder sigue siendo la única industria que ni aun en tiempos de aguda crisis está dispuesta a reconvertirse. A MÁXIMO