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ABC DOMINGO, 6 DE ENERO DE 2013 abc. es opinion OPINIÓN 17 EL RECUADRO UNA RAYA EN EL AGUA ANTONIO BURGOS VUESTRA MAJESTAD Ya es raro, usar con toda precisión la tercera persona y el Señor para dirigirse al Rey en la España del tuteo L A turiferaria entrevista al Rey en TVE me ha dado la clave del gran debate nacional abierto en la Nochevieja sobre asunto patrio tan decisivo como el tupé de Imanol Arias. Imanol Arias heredó en TVE el tupé irredento de Jesús Hermida, que andaba por almacén de atrezzo desde que el hombre llegó a la Luna. Cuando me dijeron que Hermida había entrevistado a Don Juan Carlos en plan dedicatoria del Disco del Oyente de Radio Sevilla al niño Juanito de Borbón, al cumplir sus 75 añitos yo esperaba encontrarme con dos cosas: con un gran Rey y con un gran tupé. El tupé de Hermida, tan famoso en su tiempo y tan simbólico de la nación y de una época como el tupé de Manolo Escobar en la España del pelo esculpido a navaja. Pero no había tupé, sólo Rey. Ya digo, Hermida ha debido de hacer una donación ínter vivos de su tupé a Imanol Arias, con lo que quedan aclaradas todas las incógnitas nacionales de la Nochevieja y de sus campanadas. Hablando de campanadas, el que dio la campanada en la entrevista- tarta- de- cumpleaños de TVE fue el Rey. El que estaba más relajado, más natural, como más habituado a las cámaras, era Don Juan Carlos, sentado frente a Hermida en plan vagón del Ave. Sí, esos asientos enfrentados del Ave con la mesita enmedio, donde a poco que te descuides le pegas tal patada al señor que va frente que como te vea el revisor te saca tarjeta roja. Admito que el Rey jugaba como local, en su propio campo, y Hermida como visitante. Mas parecía que quien cobraba quinquenios de TVE, de corresponsalía en Nueva y de Antena 3 era el Rey, y no Hermida, que daba la impresión de un becario que había perdido su característico tupé por una apuesta: ¿A que no eres capaz de sacarle una entrevista al Rey en su cumpleaños? ¿Como que no era capaz? La gente no sabe cómo son los de Huelva. Sobre todo la gente de Huelva que se dedica a la televisión y que tiene en el paladar una fábrica de eses madrileñas para que no se les note en absoluto que son choqueros, caso de los dos insignes Jesuses televisivos: Jesús Hermida y Jesús Quintero. Quintero y Hermida son los dos de Huelva que mejor hablan en madrileño y que mejor disimulan que son de Huelva. Y que más afectación de primerizos presentan ante las cámaras de las que son profesionales. Como le pasa a Quintero con sus entrevistados, parecía que el profesional de la tele era el Rey y Hermida, el entrevistado. Hermida no debe de conocer la recomendación de Don Quijote ante el Retablo de Maese Pedro: Niño, niño, sigue tu canto llano y no te metas en contrapuntos, que se suelen quebrar de sotiles Esta gente de Huelva se meten en tales contrapuntos que se suelen quebrar de sotiles en su afectación y manoteo ¡que las manos van al pan, Jesús! de modo que el entrevistado parece en verdad el que vive de la mamela de la tela de la tele. Ahora bien: hay una cosa por la que hay que felicitar a Jesús Hermida. O al jefe de protocolo que en plan Palacio de Buckingham le dio antes una urgente y efectiva teórica de cómo hay que dirigirse al Rey: en tercera persona, y de Señor y Majestad En Inglaterra, cuando la Reina recibe a alguien en audiencia, un edecán le da una efectiva lección de protocolo vocativo. En nuestra Corona tal no ocurre, y todo acaban hablando de usted al Rey. Ya es raro, usar con toda precisión la tercera persona y el Señor para dirigirse al Rey en la España del tuteo y del tuiteo. Pero en Hermida no hubo tu tía del tuteo ni del usteo. Usó el Señor con la propiedad de un maestrante de Sevilla y el Majestad con el pronombre justo ante la presencia de Don Juan Carlos y con el plural mayestático, Vuestra Majestad como si fuera la Diputación de la Grandeza felicitándolo hoy, Pascuas de Reyes. Así que yo felicito al Rey no porque haya cumplido 75 años, sino porque, ¡por fin! ha conseguido que uno de Huelva le dé el debido tratamiento de Vuestra Majestad. IGNACIO CAMACHO APAGÓN EN EL CARIBE La opacidad que rodea la enfermedad de Hugo Chávez demuestra la naturaleza autoritaria del régimen venezolano A forma en que el régimen venezolano está gestionando la crisis de la enfermedad de su líder demuestra hasta qué punto el chavismo se ha convertido en una especie de tiranía democrática: un poder con plena legitimidad electoral que se comporta con los resortes de un sistema autoritario. Sólo una dictadura trataría con semejante opacidad un problema tan natural como el tratamiento oncológico de su presidente, cuya gravedad parece haber pillado a toda la dirigencia del país a contramano ante la evidencia de que en la reciente Constitución, elaborada a mayor gloria del caudillo, había importantes lagunas sobre esta clase de eventualidades. La propia decisión de operar a Hugo Chávez en Cuba no obedece tanto a improbables cuestiones de excelencia sanitaria como a la voluntad de oscurecer la enfermedad ante la opinión pública. La Habana es hoy el único lugar del mundo- -tal vez junto a Pekín o Pyongyang- -en el que se puede mantener un apagón informativo total sin que se produzcan fisuras. Incluso en caso de desenlace fatal es posible dilatar la noticia tanto tiempo como convenga al régimen bolivariano, cuyo estado de nervios resulta tan patente como impropio de un país democrático. En los sistemas de libertades la arquitectura institucional prevalece sobre la personalidad de los líderes pero Venezuela está sometida a un gobierno autocrático que padece de repente un síndrome de orfandad. Maduro, el delfín chavista, va y viene del hospital cubano preso de un ataque de desnortamiento y la nomenclatura gubernamental está enfrascada en la tarea de someter a los mermados poderes legislativo y judicial para que hagan la vista gorda en la interpretación de las leyes sucesorias. Eso se llama horror vacui y es típico de las sociedades autoritarias. En todo caso es evidente que en Venezuela está a punto de abrirse un proceso de transición que el bolivarismo tratará de controlar con todo su aparato de dominancia política. Si el presidente muere se producirá un shock emocional favorable a los intereses oficialistas: no será difícil explotar, al estilo de Cristina Kirchner, la oleada de culto personalista póstumo. La verdadera dificultad consiste en sostener un chavismo sin Chávez porque los liderazgos no se heredan. Y Maduro debe de saber que, aunque logre el respaldo de los lobbies internos- -el Ejército es una todavía incógnita- tendrá muy complicado ejercer la hegemonía transnacional que su mentor exportó a la izquierda latinoamericana. Los demás dirigentes bolivarianos ya están moviendo sus piezas, con el ecuatoriano Correa al frente, para apoderarse de ese legado de influencia. Es el tiempo difuso de un vacío de poder, más delicado que aquel humanístico vacío de dioses y creencias que Flaubert situó en tiempos de Adriano. Porque con Chávez tal vez entubado en una clínica castrista, el pasado no ha muerto y el futuro no acaba de nacer. L MÁXIMO