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ABC DOMINGO, 6 DE ENERO DE 2013 abc. es ENFOQUE 5 Gerard Depardieu, convertido en reclamo de un banco ruso, aparece en los carteles publicitarios de la entidad AFP El exilio fiscal de Depardieu Hacerse el ruso JESÚS LILLO Hijo de emigrantes rusos, Serge Gainsbourg tuvo que afrancesar su apellido para aclimatarse a un mercado que no dejó de escandalizar con sus calculados y continuos números paramusicales. Allá por 1984, reinando Mitterrand, también socialista, también François, el autor de La Javanaise quemó un billete de quinientos francos en un estudio de la TF 1 para protestar esto es lo que queda después de pagar el 74 por ciento dijo por el impuesto que por entonces, casi como ahora, gravaba las grandes fortunas. Treinta años después, Gerard Depardieu emprende el camino inverso, aquí es un francés el que se mete a ruso, y protagoniza una patochada similar. Gainsbourg quería ir a la cárcel donde no tendrán nada que sacarme decía entre fogaradas y escándalo y Depardieu se conforma con una Rusia que, fuera de la jaula, ha confundido la libertad con el capitalismo menos presentable. Dos patriotas en la patria del patriotismo, que es esa Francia donde nada propio resulta redundante. Gainsbourg terminó grabando una versión jamaicana de La Marsellesa y Depardieu, metido en carnes antes que a ruso, va camino de hacer del viril himno postsoviético una chanson desmayada. En su última función, el actor francés representa el papel de quien desconfía de un país que, treinta años después de Miterrand, también François, como Hollande, intenta hacer del populismo una maniobra de distracción masiva. Gerard Depardieu quizá carezca del ingenio y la desfachatez de Gainsbourg, pero sabe la suficiente geografía como para probar fortuna en la nación que mejor trata a los ricos y, sobre todo, amagar con instalarse allí donde el populismo no es un recurso para ir tirando, sino una forma de vida, a largo plazo y a plazo fijo. Puestos a hacerse el ruso, Hollande empezó primero.