Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
50 CULTURA SÁBADO, 20 DE OCTUBRE DE 2012 abc. es cultura ABC Hermanos Grimm Colorín colorado, este cuento no se ha acabado No todas las narraciones descubiertas por la pareja llegaron a sus libros. Desperdigados y casi desconocidos, un precioso volumen los recoge ahora MANUEL DE LA FUENTE MADRID ILUSTRACIONES: NOEMÍ VILLANUEVA Érase una vez que en un pueblo alemán vivían dos hermanos que se llamaban Jacob y Wilhelm. Jacob tenía un año más, pero eran casi gemelos. Se entendían a la perfección, los dos estudiaban mucho, leían todas las noches y les encantaba ir todos los domingos a la plaza mayor de su ciudad para ver a los músicos y a los cómicos que siempre cantaban viejas historias de la más vieja Alemania. A Jacob y a Wilhelm, a los que sus vecinos llamaban los Hermanos Grimm, también les gustaba mucho, sentados junto al fuego de la cocina, escuchar a la vieja criada, que siempre tenía alguna historia entretenida que contarles. A Jacob y Wilhelm algunos de estos cuentos no les parecían cosa de niños, pero su imaginación amasaba esas historias para que su peculiar gusto de chavalines casi sabelotodo las saborease. Jacob y Wilhelm se fueron haciendo mayores, pero héteme aquí que los cuentos seguían gustándoles. Eran los primeros años del siglo XIX y la gente con entendederas y con fantasía se llamaba romántica y le gustaban muchísimo las antiguas leyendas, las historias del pasado, las narraciones que iban pasando de boca en boca después de la cena, sobre todo cuando el campo estaba cubierto por la nieve, los grajos volaban bajo y hacía un frío del carajo. Historias del pueblo Los Hermanos Grimm eran muy queridos en su ciudad, porque habían seguido estudiando mucho, porque eran muy amables y educados y porque al vecindario le hacía mucha gracia que los dos, en cuanto tenían un rato libre, se iban por los montes, cruzaban ríos, subían y bajaban montañas para conocer gente sencilla que les fuese contando aquellas viejas historias que tanto les gustaban y que para ellos aún eran nuevas. Los narradores siempre eran gente sencilla: pastores, planchadoras, taberneros, camareras, costureras, segadores... pero sus historias eran geniales. Jacob y Wilhelm Grimm las iban apuntando, una tras otra, otra tras una, y ya tenían muchísimas guardadas en sus cuadernos. Jacob se encargaba de investigar de dónde habían salido las palabras y Wilhelm era quien tiraba de recado de escribir para hacerlas más fáciles de entender por las personas, que fueran más fáciles de leer y más bonitas. Ya tenían un gran puñado de narraciones y también tenían muchos amigos dentro de esas historias: la Bella DurmienSigue a continuación un breve cuento: te, la Cenicienta, Blancanieves, una centella se soltó y se quedó fija en una Pulgarcito, Hänsel y Gretel... casa. Debido a ello se produjo un enorme fuego y entonces Jacob y Wilhelm que golpeó la ciudad y la quemó por completo, y decidieron meterlas en un liel fuego se hizo tan grande que parecía que todo bro para que no se perdieran y para que las personas puel país iba a arder, extendiéndose por todo el dieran leerlas por muchos sicampo, pero al llegar a un desfiladero le salió a glos que pasaran. su encuentro un pequeño arroyo: el fuego se Era el año 1812 y los hermaadentró en él al instante, se encogió y no nos llevaron sus historias a la volvió a aparecer más. Entonces cayó un imprenta en cuanto encontrarocío del cielo que se tragó el ron un nombre para ellas: Cuenincendio, y de esa forma hubo tos de niños y del hogar Tres años de diluirse en ceniza. después llegó el segundo volumen y Wilhelm le escribía así de contento a Jacob: Los cuentos nos han hecho famosos en todo el mundo Sabemos que era verdad, y el traba- singular como su obra. No eran gemejo de los Hermanos Grimm pasó a la los, pero se llevaban tan sólo un año, memoria y los corazones de niños y con lo que crecieron juntos y también mayores de todo el mundo. Pero algu- estudiaron juntos, por lo cual no es de nos cuentos no llegaron a aquella im- sorprender que desarrollaran también prenta ni a ningún libro, sino que se gustos similares. Los dos sentían el fueron desperdigando por publicacio- mismo interés por la investigación y nes provinciales, periódicos de peque- el estudio de la historia y la literatura, ña tirada y revistas. Esos cuentos, pre- y su compenetración era tal que les cisamente, los casi desconocidos, son permitió trabajar juntos hasta el final los que pueblan las páginas de Her- de sus días manito y hermanita y otros dieciséis No obstante, Jacob y Wilhelm tecuentos que no están en los libros nían, al menos, sus diferencias inte (Ed. Nórdica Libros) con deliciosas lectuales: Por supuesto que discutían, ilustraciones de Noemí Villanueva, y de ahí que el resultado de sus trabatraducción y esclarecedor epílogo de jos fuera tan productivo: sin discusión Isabel Hernández, profesora del De- y reflexión no puede haber nunca propartamento de Filología Alemana de ducción. Jacob era mucho más rigurola Universidad Complutense. so y estricto en los planteamientos Hernández dibuja el entrañable per- cientifíco- metodológicos que Wilhelm, fil de los hermanos: Su vida fue tan un alma mucho más literaria. Pero pre- Historia de la centella