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12 OPINIÓN DE COSTA A COSTA PUEBLA LUNES, 27 DE AGOSTO DE 2012 abc. es opinion ABC FÉLIX MADERO DE OTROS RESTAURADORES Estos de las chancletas no esperarían un minuto para ver un Tiziano en el Prado, pero para reírse de los demás si IENTO por Cecilia Giménez, la restauradora del eccehomo de Borja, la simpatía que no tengo por los listos que se fotografían frente al trabajo que esta octogenaria mujer y muy querida en su pueblo jamás debió hacer. Los pueblos, tan ásperos a veces, dan muestras de gran sensibilidad, por eso sus vecinos le mandan flores con una nota en la que le dicen que la quieren. Y mientras las teles y las redes sociales llaman a la risa y al escarnio para con una pobre mujer que no puede, que no sabe defenderse y a la que han dejado sola. A mí no me hace ninguna gracia. Ninguna la restauración y el estropicio causado por la impericia de la pobre Cecilia, pero menos esa cola de tipos y tipas con bermudas y chancletas y el móvil en la mano haciendo cola para reírse frente al fresco que fue del pintor Elías García. Estos de las chancletas no esperarían un minuto para ver un Tiziano en el Prado, pero para reírse de los demás sí. Dios le pagará a Cecilia que los haya traído a una Iglesia y de paso los haya puesto frente a un cuadro. Qué fuertes con los débiles y qué débiles con los fuertes. Que haya que poner un servicio de seguridad en el santuario de la Misericordia de Borja porque la gente no cabe; que haya que marcar una distancia de seguridad ante el fresco- -ya en origen deficiente e insustancial- coloca al público diletante y dominguero en peor situación que a la pintora. Erasmo de Rotterdam nos tiene dicho que la insensatez y la estulticia se divierten con sus propios poderes, o sea con la broma, el chiste, la sátira y la ironía. Qué actual el pensador holandés. Veo al público carcajearse frente a lo que fue un eccehomo mediocre e insustancial y me acuerdo de Baudelaire: La risa es satánica y por eso tan profundamente humana Pero esto de las restauraciones es muy nuestro. A Zapatero le dieron un país que cursaba como la novena potencia económica del mundo y después de su trabajo como restaurador demoledor al país no lo conoce ni la madre que lo parió, que diría Guerra. Y Rajoy dijo que iba a restaurar el cuadro con un programa reformista que hoy es lija y cartón. Asómbrense de cómo se restaura con dos brochazos el llamado EREgate andaluz; alucinen con el trato de la Guardia Civil a los asaltadores de supermercados y palacios. Y lo de Bolinaga y su cáncer terminal ¿es o no una reforma restauración de la Justicia que produce mofa y estupor? Con todos estos debería el festivo público hacerse las fotos. Lo suyo son restauraciones sobre obras para las que no hay piezas de repuesto. Cecilia, le mando un beso, mi respeto y consideración. Y recuerde a todos esos que se ríen frente a su trabajo que el asombro es el anticipo de la maldición. Y allá ellos. S EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA UNA FIJACIÓN PROGRESISTA En esta fijación del socialismo por el Opus Dei descubrimos el mismo encono que la zorra de la fábula mostraba ante el racimo los socialistas, con el Opus Dei, les ocurre como a Hitchcock con las rubias, que en verdad padecen una fijación obsesiva, quizá reminiscente de algún trauma infantil, algo como para hacérselo mirar por el médico. Claro que Hitchcock con las rubias hizo de su obsesión arrebatadora marca de estilo; en cambio, los socialistas con el Opus Dei no hacen más que dar la matraca en verano; como si los ardores estivales les hubiesen derretido la sesera y ya sólo viesen miembros del Opus Dei por doquier, como el enfermo de delirium tremens sólo ve faunas verdes y ofidias. ¡Ojo, que por ahí asoma un tío del Opus Dei! -nos advierte el socialista. -Que no, hombre, que no, que es una señal de tráfico. Esta manía quijotesca (pero de un quijotismo ful y pelmazo) de ver al Opus Dei hasta en la sopa la inició el socialista Tomás Gómez, a quien sus conmilitones, viéndolo más quemado que un currusco, echan de vez en cuando al monte para que suelte cuatro alaridos, como aquel tronado de Amarcord que se subía a un árbol para reclamar una mujer. A Tomás Gómez le dio por pedir que los miembros del Opus Dei no pudieran acceder a puestos de responsabilidad pública, lo que denota que al menos es hombre más casto que el tronado de Amarcord, aunque tal vez con su fijación opusdeísta Freud le hubiese he- A cho algún traje. El testigo de Tomás Gómez lo recogió enseguida la prensa de progreso, reclamando que Andrés Ollero se abstuviera de emitir su juicio sobre al aborto; y enseguida la judicatura patria, para que nadie pueda dudar de su progresismo, se puso a dictar sentencias en contra de la enseñanza diferenciada que promueve el Opus Dei, a la que considera discriminatoria por separar a los chicos de las chicas, como hacen los reglamentos de todos los deportes olímpicos o los baños de los garitos no excesivamente guarros. Pero lo que vale para los deportes olímpicos o para los baños de los garitos no vale para el Opus Dei, cuya mera mención actúa sobre el hipotálamo de los socialistas como la campanilla sobre el perro de Paulov, nublando su sentido común y haciéndoles proferir las sandeces más rocambolescas, a modo de salivilla viscosa. ¡Ojo, que por ahí asoma un tío del Opus Dei! -insiste el socialista de antes. -Que no, hombre, que no, que es una acacia. La última floración de esta peculiar manía la ha tenido Óscar López, gerifalte socialista a quien conocíamos por el ridi que hace cada vez que presenta su candidatura en Castilla y León, donde tan sólo lo vota su tía la de Valladolid (y aun con reticencias) Ha dicho López que Rajoy legisla tan sólo para la gente del Opus y para los que ganan un pastón (en esto último, a López le resta el consuelo de saber que Rajoy legisla para él) Pero en esta fijación del socialismo por el Opus Dei descubrimos el mismo encono que la zorra de la fábula mostraba ante el racimo de uvas: un encono que empieza por ser rabia ante la virtud que no puede alcanzar; y, como la zorra de la fábula hace cuando por fin se convence de que el racimo le resulta inaccesible, los socialistas empiezan por consolar su despecho desdeñando al Opus Dei, para después denigrarlo ante el mundo y hacerlo causa de todos los males. Porque nada alivia tanto el resentimiento y la mezquindad como desprestigiar la virtud ajena; nada halaga tanto los bajos instintos y el resentimiento como ver echado por tierra, rebozado en el fango, lo que ha nacido para procurar un bien que el resentido no puede alcanzar. ¡Ojo, que por ahí asoma un tío del Opus Dei! -se desgañita el socialista. -Que no, hombre, que no, que es tu tía la de Valladolid, la que te vota siempre.