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ABC LUNES, 27 DE AGOSTO DE 2012 abc. es ENFOQUE 5 Pruebas de pantalla del homenaje a Armstrong en la sede de la convención del Partido Republicano, ayer en Tampa (Florida) AFP Luto en Estados Unidos por Neil Armstrong Superhéroes de la pantalla JESÚS LILLO El escaso recorrido de la historia de Estados Unidos- -poco más de dos siglos en su versión anglosajona, subtitulada a todos los idiomas- ha permitido a los norteamericanos construir y exportar al mundo una mitología doméstica que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando su hegemonía internacional se hizo más notoria, ha sido grabada o retransmitida en directo. Sin castillos medievales, ruinas romanas o iglesias barrocas, el pueblo norteamericano tiene como monumentos las calles y edificios donde se rodaron las superproducciones de Hollywood o las bases desde las que lanzaron sus naves al espacio; sus héroes son actores, astronautas, deportistas o cantantes de soul. La memoria visual estadounidense obliga a montar museos definidos por su aparatosa escenografía y a suplir con una monumentalidad peliculera, propia del cine de romanos- -ahí están el templo griego dedicado en Washington a Lincoln o las esculturas del monte Rushmore- los episodios nacionales que, por diferente motivo al de aquella revolución que predijo Gil Scott- Heron, no pudieron ser televisados. La gesta de Neil Armstrong, como las de Mohamed Ali, JFK, Elvis Presley, Rodney King o Michael Phelps, la dieron por la tele. El primer hombre que pisó la Luna es un dios de naturaleza eminentemente audiovisual. También superficial, accesible, inmediato, estremecedor e indiscutible. Incluso en el campo de la ciencia, el star system de la épica norteamericana ha recurrido al espectáculo: recordamos y lloramos a Armstrong e ignoramos a quienes, como Von Braun, lo pusieron allí arriba. Por su capacidad de rozar y estimular a cualquiera, la historia de Estados Unidos es la más emocionante del mundo, pero quizá la más injusta de todas. SOCIEDAD