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ABC LUNES, 30 DE ABRIL DE 2012 abc. es madrid MADRID 65 REPASO A LOS ARCHIVOS ESCOLARES Dormitorio de los alumnos más pequeños Gimnasio Alumnos y profesor en clase de lectura y escritura Fachada principal del colegio, en la actualidad El centro escolapio de Getafe también ha sido noviciado Sala de estudios Cuarto de baños o lavatorio para alumnos Alumnos muy ilustres Es lógico pensar en los miles de alumnos que han pasado por estas aulas de los escolapios de Getafe. El padre Javier Agudo reconoce que el asunto es delicado, porque hay muchos nombres. Algunos constan en acta. Entre los más recientes y famosos, está el director de cine Alejandro Amenábar. Mi afición a contar historias- -ha dejado escrito el cineasta- -viene de lejos. Desde que era un niño me pasaba los recreos inventando pesadillas. A mi alrededor formaba corros de curiosos. Mis padres me enviaron interno al Colegio de los Escolapios de Getafe Echando un vistazo a sus ancestros, el colegio de La Inmaculada ha tenido sentados en sus pupitres, entre otros, a Luis Coloma, Juan de Samano, Fernando Tupac Amaru, Francisco Coello de Portugal y Quesada, Segismundo Moret, Joaquín Dicenta, Justo Sanjurjo y, también, Luis de Armiñán. Entre los más jóvenes, además de Alejandro Amenábar, nos cuentan que ha estudiado aquí el periodista José Ramón de la Morena. El colegio tiene un especial cariño a los padres escolapios que han ejercido aquí como maestros, una preciosa palabra. Imposible citar a todos. enviaría a esos seis religiosos para ocuparse de la enseñanza gratuita de los niños y para regentar una cátedra de latinidad fundada en el siglo XVII por Luis Beltrán Cuenta el padre Javier Agudo que no se tardó mucho en reconocer la valía de la enseñanza escolapia. Tanto que, hace ya esos casi tres siglos, los gobernantes decían que se legisle como hagan los escolapios El colegio getafense pronto fue apoyado por reyes y reinas; por doctos, sabios y pensadores. Vivió en la clandestinidad en tiempos de Napoleón. Tanto, que aunque la comunidad escolapia tuvo que dispersarse, los religiosos seguían dando clases como maestros privados para despistar. En 1832, la Reina María Cristina concedió validez universitaria a los estudios filosóficos cursados en el centro. El colegio pasó por la desamortización y por un incendio. Le- vantó cabeza en la segunda mitad del siglo XIX, cuando se construyo un nuevo internado. Durante la Segunda República, el colegio escolapio fue absorbido por la Sociedad Anónima de Enseñanza Libre (Sadel) que le cambió el nombre por el de Scío. En 1936 fue ocupado por el Frente Popular y, tras su liberación, ese mismo año, se utilizó como hospital de prisioneros. Si las paredes del colegio pudieran hablar, contarían muchas más vivencias. Ha llegado hasta hoy. Con una demanda de vértigo porque sus principios educativos y de calidad se mantienen intactos. Somos liberales. Lo hemos sido siempre. No queremos una educación para mantener las cosas como están, sino para que el alumno sepa lo que quiere Un mensaje contundente que también forma parte del ideario de este centro de Getafe, santo y seña de las Escuelas Pías.