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ABC LUNES, 23 DE ABRIL DE 2012 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O L U C A D E T E N A BOABDIL- MOCTEZUMA Ayer ingresó en la Real Academia de la Historia nuestro colaborador Serafín Fanjul, del que ofrecemos el último artículo que nos ha remitido POR SERAFÍN FANJUL En modo alguno creo que Carlos Fuentes sea antiespañol, pero la cadena de fábulas y absurdos históricos de que se hace eco nos sumen en la perplejidad: se cree historietas como el llanto de Boabdil, los 25 millones de habitantes del Anáhuac prehispánico, el carácter siniestro de Felipe II C UANDOelviajeroespañol pasasusprimerosdíasenMéxico puedensobrevenirleataques de colitis aguda. Los amigos locales lo explican, entre sonrisas zumbonas pero benévolas, como la venganzadeMoctezuma yno comentaremos nada al respecto por no pasar de chiste sin mayortrascendencia. Sinembargo, hayotravenganzaquepareceno cesar, peseasuorigen ycarácterartificioso y muy, muy cansino: es la insistencia en la hostilidad hacia España oficializada en las instituciones como política de estado, no en las gentes, en las personas, con las cuales la sintonía es- -naturalmente- -enorme. Secontravieneasílaracionalprevisión de Lucas Alamán- -guardián y salvador de los restos de Cortés tras la independencia- -cuando en respuesta a su amigo el historiador norteamericano Prescott (The History of the Conquest of Mexico, 1843) y al exponerle éste su imposibilidad de entender el rencor antiespañol de parte de los criollos, descendientesdeespañoles, afirma esciertamenteincomprensible el rencor de los mejicanos (sic) ignorantes contra los españoles, pero como ha sido obra de la pasión, calmada esta dará lugar a la razón Tal vez Alamán infravaloraba la capacidad irracional de la progenie hispana. Aunque no de toda, por supuesto. A nuestro juicio, no es útil a estas alturas insistir, de modo también reiterativo y pesado, en el asalto- -o defensa de- -a Vasconcelos, a Eduardo Galeano, al nacionalizado español Augusto Roa Bastos (Las culturas condenadas, 1976) con cuya prosa tanto disfrutamos (con la de todos ellos) sino de echar luz sobre una variante de la venganza de Moctezuma quepodríamosdenominarmejor Boabdil- Moctezuma, encuentros en la tercera fase y que en los últimos tiempos ha ido tomando cuerpo, tal cual si fuese inevitable que la abuela se pusiera de parto, con losqueyasomos. Meexplico: en 1992- -annushorribilis, por lo mal que se condujo el asunto desde España y los desentendimientos que provocaron las conmemoraciones- -leí con inquietud un libro oportunista, superficial y frívolo (El espejo enterrado) del gran novelistamexicanoCarlosFuentes, aquientantoadmiramos como narrador. En la obra, claramente enfocada al V Centenario, el autor intentaba quedar bien con todo el mundo a través de información anglosajona, lo cual no es baladí (no hay más que ver la bibliografía) dejaba sentado uno de los tabúes básicos de la Nación mexicana (la maldad intrínseca de la Conquista) y, como es menester estar en la procesión y repicando las campanas al tiempo, se esforza- ba en distinguir entre colonización mala (la hispana) y buena (la romana de España, con lo cual demostraba saber poco de ésta, si nos limitamos a aplicar los criterios que se endosan al Nuevo Mundo) pero también discernía los caracteres no menos benéficos y maléficos de unos y otros conquistadores y pobladores, postura razonable, matizando siempre y cuidándose mucho al extraer conclusiones generales. Peroenvezdeintroducirmatices, Fuentesselimitaba a tomar como plantilla básica la versión anglosajona de la historia de España y América- -generosa y desinteresada, como es sabido- -y seguía a Leopoldo Zea que, a su vez, repetía las ideas de Américo Castro sobre al- Andalus, de donde procedería el soplo vivificador y salutífero de la presencia española en las Indias. Es decir, Fuentes metía con calzador un elemento relativamente novedoso- -por insostenible que sea- -para el gran público a quien dirigía su obra: el factor islámico (espiritual, deletéreo, inmanente, en conflictiva existencia con el malo, el español, el católico) como determinante de cuanto de buenohuboen laconquista ypoblamientodel continente por los castellanos (et alii) Luego terminaba enlazandoconlaII República, representante del espírituabierto completandoel batiburrillode transmisión de bondades intangibles, de unas generacionesaotras, conelhiloconductordela toleranciaislámica, contrapunto de la Inquisición- -que, de hecho, actuó poco en América y en asunto menores, como hemos mostrado y demostrado en otras páginas- de los inmisericordes encomenderos y de la sífilis del virrey que decía Neruda, alusión al mal francés que nunca he conseguido entender. En modo alguno creo que Carlos Fuentes sea antiespañol- -desde luego no al estilo de un conchero o una gringa que ha descubierto el salvífico poder del sol en Teotihuacán- pero la cadena de fábulas y absurdoshistóricosdeque sehace eco nossumenen la perplejidad: se cree- -o así lo manifiesta- -historietas como la de Florinda la Cava, el llanto de Boabdil, los 25 millones de habitantes del Anáhuac prehispánico ¿dónde se metían, qué comían? el carácter siniestro de Felipe II (otro que toma en serio a Gautier y Amicis) ya avanzado en Terra Nostra, altavoz acrí- D tico de la versión anglosajona de la historia de nuestro país- -y que siguen repitiendo sin pudor- -basada en el odio por el enfrentamiento de siglos devenidoendesprecio (veanlaprensainglesaalamásmínima ocasión) por la derrota final de España. Todo se lo cree, todo da por bueno: desde que en los virreinatoshispanosno trabajabanadiehastaque allánohabíamovimientocultural, científico ni técnicodeninguna clase, como si nunca hubieran existido la primeraimprentadelcontinente (México, 1536) los primerosColegios- Universidades (Sto. Domingo, México, 1538) laEscuela deMineríade México (1792) donde se desempeñaron Fausto de Elhúyar, descubridor del tungsteno y Andrés del Río, descubridor del vanadio; la Grandeza Mexicana de Bernardo de Valbuena (1604) fue, pues, el arrebato onírico de un falsario; los periódicos también (Mercurio volante, Gaceta de Lima, Gaceta de México, Gaceta de Guatemala, Mercurio Peruano, Diario de Lima, etcétera) Nada de eso existió, o sólo es achacable al espíritu y la tolerancia islámica Si acaso es obra de un alma escindida, esquizofrénica, en que lo bueno se debe al factor islámico ¿dónde está, Dios mío, dónde está en nosotros? -y lo malo al cruzado español -diceLeopoldo Zea- responsabledelasbarbaridadesperpetradas enlas Indias, en tantoel componente de tolerancia islámica es autor del mestizaje, aunque el mismo Zea, en contradicción flagrante consigo mismo, asegura (1993) que los españoles lo que no consiguieron aprender, de su obligado contacto con la cultura de sus conquistadores los moros fuelatolerancia Elucubracionesnopococómicas y sí muy arbitrarias, pues significa que cuando hacían buenas cosas (por ejemplo, el salvamento de lenguas indígenas) salía el alma mora y cuando quemaban los pies a Cuauhtemoc aparecía el hirsuto matarife castellano, codicioso e inculto (lo que no era Cortés) on Américo Castro (otro Las Casas, mutatis mutandis) cabalga de nuevo, encantado de haber causado tanto destrozo, porque fueron sus puntos de vista los que compraron (nunca mejor empleado el verbo) y prevalecieronen las universidades yanquis, por ser más acordes con la imagen de España que ya existía en el mundo anglosajón (vagancia, oscurantismo, incompetencia: hace unos días un alto funcionario norteamericanodelaOCDEhavueltoalasmismas) y- -reconozcámoslo y que lo reconozcan nuestros hermanosde América- -sonéstaslasideas rectorasydirectoras en exclusiva en los centros de estudio y pensamiento de Iberoamérica, en buena medida por culpa nuestra, siempre descuidados y desdeñosos (en el fondoesasí) concuantoporallá ocurre, felicesdehaber dejado un vacío que los rivales de hoy, enemigos de antaño, acudieron a llenar. Pero ahora con el añadido de las pretensiones islamizantes: ya no es sólo Carlos Fuentes, en 1992, con su libro oportunista bajo el brazo, también hay misioneros musulmanes por todo el continente, que no se conforman con extender su fe, también quieren cambiar la historia, con el concurso de historiadores vivos o muertos. La cosa no va de broma. Volveremos sobre ello. SERAFÍN FANJUL DE LA REAL ACADEMIA DE HISTORIA