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ABC VIERNES, 23 DE MARZO DE 2012 abc. es ABCdel OCIO 57 La dolce vita El placer del miedo o el miedo del placer POR FERNANDO R. LAFUENTE U na inquietante sensación de vértigo le atrapa, gozosamente, al protagonista de esta delicadísima y exquisita nouvelle de Pierre Michon, El origen del mundo cuando llega, con apenas veinte años, a su primer destino como profesor en la Dordoña. Y esa sensación se logra traspasar al lector en cada una de sus bellísimas páginas. Esto es la literatura, el placer de las palabras destiladas como diamantes, como piedras preciosas. Pierre Michon es hoy uno de los más logrados narradores, y esta breve, e intensa, historia, otra de sus joyas novelísticas. El joven profesor, un paseante solitario, un flaneur de la campiña descubrirá entre las leyendas arcaicas, las ruinas ancestrales, la violencia de las aguas del cercano Beune, los secretos escondidos de la belleza, tras los atardeceres de las tabernas, y el esplendor del origen del mundo, de la inmarchitable belleza de dos mujeres perturbadoras, de distinta edad, de distante porte, en su sencillez y arrebatada presencia. Vigorosa narración, con una prosa deslumbrante, una descripción de los sentimientos más antiguos, más íntimos, impecable. Un goce. Un placer, sin miedo. El origen del mundo B Pierre Michon. Anagrama. 83 páginas. Traducción: M Teresa Gallego Urrutia. 9,99 La mujer de negro B Director: James Watkins. Intérpretes: Daniel Radcliffe, Janet MacTeer. R. Unido. 2012. 90 min. Lavinia B Ortega y Gasset, 16. 91 426 06 04. Madrid. 50 Y del placer sin miedo al miedo, literal. A esa sensación oscura y atrayente. La mujer de negro recurre a todo el catálogo de efectos y reacciones que las buenas películas de terror- -sin la manida casquería fina contemporánea- -remiten al gótico magistral de Otra vuelta de tuerca de Henry James, por ejemplo. David Radcliffe, después de ocho películas como el gran Harry Potter, es aquí un joven abogado con el encargo de arreglar los papeles de una antigua mansión en el siempre brumoso campo inglés, y venderla. Aquí empieza todo: la niebla, la época victoriana, los largos silencios, la espera de, los sobresaltos, la figura que se refleja tras la ventana, el misterio de algo extraño sucedido tiempo atrás, las mecedoras que se balancean solas, sí, el miedo y la emoción. Una estupenda película de fantasmas al muy correcto estilo británico. Fotografía, ambientación, interpretaciones son perfectas en su fiel reflejo del género. Con alguna escena que es bueno no destripar porque a quien destripará, para su placer de miedo, será al espectador. Para que ambos placeres bajen, nada mejor que subirlos con otro. El más antiguo, casi, una buena comida. Lavinia, además de una tienda de vinos (que aquí se evitará denominar vinoteca) sencillamente magnífica, repleta de las marcas, y los precios, más variados, dispone en la planta superior de un restaurante diáfano, acogedor y exquisito. La butifarra con mogetes, la chucrut alsaciana, los patés (estos sí) o el bacalao gratinado a la provenzal son sólo un anticipo, inmejorable, de los placeres y viandas de las que uno, modesto siempre, puede disfrutar. Y de qué manera. El placer del miedo es un antídoto contra el miedo de verdad, la crisis y sus desmanes, y el miedo al placer es algo que, se recomienda, perder cuanto antes. Lavinia, todo un paraíso para los sentidos ERNESTO AGUDO