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14 OPINIÓN AD LIBITUM PUEBLA DOMINGO, 18 DE MARZO DE 2012 abc. es opinion ABC MANUEL MARTÍN FERRAND SIETE DE UN GOLPE El Gobierno de Mariano Rajoy, como el sastrecillo valiente, ha matado de un solo golpe 154 consejeros inútiles T ODO el mundo conoce, o conocía antes de que la enseñanza llegara a sus desastrosos límites presentes, el cuento de los hermanos Grimm en el que un sastre, harto de las molestias que le ocasionaban las moscas de su taller, mató siete de un solo golpe y, orgulloso, bordó en su cinturón el lema que sirve de título a esta columna. El sastre de los Grimm adquirió fama de valeroso combatiente. Siete de un golpe no es mucho en la contabilidad de las moscas muertas; pero si vuela la imaginación y se supone que son guerreros, incluso ejércitos, los caídos por un solo golpe el gesto resulta mítico, inmenso, heroico. El Gobierno de Mariano Rajoy, como el sastrecillo valiente, ha matado, de un solo golpe- -un Consejo de Ministros- 154 consejeros inútiles en un montón de empresas innecesarias y ello nos ahorra dos millones anuales. Eso está muy bien, pero no va más allá de lo del cuento. En solo cien días de ejercicio, no es fácil llegar mucho más lejos. El Estado es una máquina tan voraz como compleja en la que se entrecruzan intereses, costumbres, normas y estructuras que exigen cautela en su desmontaje. Suprimir, por ejemplo, el Senado, las Diputaciones Provinciales y otros entes sin sentido- ¿siete de un golpe? -sería una verdadera gesta que pondría a Rajoy en línea con el Cid, el Gran Capitán y Baldomero Espartero. No cabe pedir tanto ni tampoco conformarse con unas caprichosas empresitas con más consejeros que trabajadores, como ha dicho de algunas la vicepresidenta Sáenz de Santamaría. Sin regatearle mérito a los mínimos recortes que aborda el Gobierno, se debe preguntar: ¿No cabe responsabilidad alguna en los gobernantes y gestores que, en el pasado, concibieron, crearon, adjudicaron presupuesto y designaron directivos y administradores en las empresas, innecesarias y deficitarias, que ahora se cierran? Como ciudadano, y pretendo serlo con capacidad de sufrimiento, tiende a hundirme la moral la irresponsabilidad con que pueden actuar, y actúan, muchos de nuestros hombres públicos. El precio electoral con el que, se dice, suelen pagar su deuda los malos gobernantes no es suficiente. En un país de adhesiones inquebrantables antes que de respaldos razonados- -la partitocracia- la incapacidad y la torpeza del gobernante no conllevan el desprecio del gobernado. Alguna pena debe corresponderles a quienes, en síndrome de elefantiasis administrativa, crearon empresas tan absurdas como las que acaba de recortar el Gobierno- -silente cuando era oposición- -y las, de mayor cuantía, que esperan su turno de eyección. ¿Nos sometemos al gobierno de los irresponsables? PROVERBIOS MORALES JON JUARISTI TELEDIARIOS Algo huele a podrido en los programas informativos de TVE, y nada se arregla con taparse las narices U NA niña con tirabuzones pregunta: ¿Pero cómo puede Israel violar con total impunidad todas las leyes humanas e internacionales? A lo que un segundo personaje, identificado como judío por ciertos rasgos tópicos (kipá, rizos en las sienes, nariz ganchuda) responde: Nuestro buen dinero nos cuesta Es un ejemplo ya clásico de antisemitismo en el humor gráfico español: una viñeta del dibujante Carlos Romeu que publicó El País el 30 de junio de 2009 y suscitó la protesta de la Federación de Comunidades Judías de España y de la Anti- Defamation League, la centenaria organización que denuncia los casos de persecución o acoso mediático a las comunidades judías. A raíz del escándalo, y como no era la primera vez que Romeu atacaba a los judíos en su conjunto con el pretexto de criticar al Estado de Israel, el periódico en el que venía colaborando desde la Transición dejó de publicar sus viñetas, antes incluso de rescindir formalmente su relación laboral con el dibujante en 2011. Éstos hechos, todavía recientes, son ampliamente conocidos y no habría razón para volver sobre los mismos (toda vez que El País reaccionó, aunque tardíamente, excluyendo a Romeu de su plantilla de colaboradores) si el humorista no hubiera vuelto a la carga, esta vez con la colaboración estelar de la primera cadena de Televisión Española. El pasado jueves, 15 de marzo, el Telediario de las nueve de la noche emitió un informe especial sobre el cincuentenario de Mafalda, el popular personaje de Joaquín Salvador Lavado (Quino) con intervenciones acerca de la personalidad y la obra de éste a cargo de Jaume Capdevila (Kap) humorista gráfico de La Vanguardia, y del susodicho Romeu. La presencia de ambos fue subrayada con sendas ilustraciones de sus respectivas obras. En el caso de Romeu, el Telediario de la 1 escogió la viñeta que motivó su despido de El País, cuya imagen permaneció en pantalla el tiempo suficiente para que los espectadores pudieran disfrutar del chiste. La apelación al principio de independencia y objetividad informativa gracias a la cual los noticiarios de la televisión pública se las han apañado para mantener los niveles de tendenciosidad alcanzados durante las pasadas legislaturas socialistas- -y sin variar su signo- -parece ya una tomadura de pelo al actual Gobierno, al partido que sostiene al actual Gobierno y a sus millones de votantes, pero si el Gobierno ha decidido hacer la vista gorda al respecto y sus bases electorales no reclaman que modifique tal actitud, uno no es nadie para emprender batallas de antemano perdidas. Sin embargo, como ciudadano y como judío, y sin arrogarme representaciones que no ostento, creo que me asiste el derecho individual a exigir de la Dirección de TVE disculpas y resarcimiento por la emisión de basura antisemita, cuyo único objetivo es atizar el odio, no ya sólo al Estado de Israel, sino a la totalidad de los judíos y, en primer lugar, a los judíos españoles: una emisión de imágenes y mensajes verbales ofensivos y venenosos en un contexto desprovisto de valoración crítica y claramente enaltecedor de su contenido. En los países decentes, este tipo de incidentes en los medios de comunicación públicos no se saldan con excusas. Implican destituciones.