Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MARTES 13.3.2012 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena, 7, 28027 Madrid. DiarioABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 35.139 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 902 334 556 Suscripciones 901 334 554 Att. al cliente 902 334 555. 12112 8 424499 000013 EL PULSO DEL PLANETA El vino de Nueva York es de ellas Una nueva generación de mujeres sumilleres es la responsable de la carta de vinos de los restaurantes más glamurosos MARÍA G. PICATOSTE CORRESPONSAL EN NUEVA YORK VISTO Y NO VISTO POR IGNACIO RUIZ- QUINTANO MILLONARIO H E n 1996 la prestigiosa revista The Wine Expectator se hizo eco de una noticia singular para el gremio de los sumilleres: por segunda vez desde que se fundó en 1977, la Corte de Maestros Sumilleres de América había concedido su título de maestro a una mujer. La revista calificó entonces el mundo de los sumilleres como un mundo de hombres Desde entonces, la situación no ha cambiado mucho. De los 118 miembros actuales de la Corte de Maestros, solo 17 son mujeres. Y en la última competición de sumilleres organizada por la Asociación Internacional de Sumilleres (A. S. I. un concurso que nunca ha ganado una mujer, solo 4 de los 12 finalistas fueron féminas. Estas cifras dan una imagen del sector en la que la presencia femenina sigue siendo minoritaria. Pero la escena culinaria de ciudades como Nueva York está probando que las mujeres sumilleres ya no son una rara avis del gremio y que tienen mucho que aportar. No hay más que fijarse en series como Downton Abbey para ver cómo han cambiado las cosas. Hace un siglo, que una mujer sirviera la mesa era una vergüenza para la casa. Hemos ganado terreno apunta Sylvie Bertrand, quien además de ser copropietaria del restaurante francés Le Paddock en Brooklyn es también su sumiller. Si te fijas, cuanto más alto subes en la jerarquía de los restaurantes, menos mujeres hay comenta esta canadiense que lleva más de una década trabajando como sumiller. Fue en pequeños restaurantes como el de Sylvie donde las mujeres tuvieron una primera oportunidad para demostrar su talento. Ahora varios de los restaurantes más prestigiosos y vanguardistas de la ciudad se han sumado a la tendencia dejando en manos de mujeres la selección de sus vinos. Laura Maniec en Corkbuzz, Belinda Chang en Monkey Bar, Mandy Oser para Ardesia o Natalie Tapken en Lure y Burger Barrel son algunas de las sumilleres que están dando un vuelco a esta profesión. Hace diez años había solo un puñado de mu- Carla Rzeszewski es la sumiller de The Breslin jeres que elaborasen una selección de vinos o dirigiesen sus propias vinotecas. Ahora levantas una piedra y encuentras a una mujer dedicada al vino explicó Belinda Chang al Daily News En el artículo de este rotativo, varias de esas sumilleres explicaban su éxito subrayando que hombres y mujeres son igual de capaces para hacer este trabajo, a veces de manera tan insistente que parecía que estaban disculpándose por estar acabando paulatinamente con la hegemonía masculina. Como opina Aygline Pechdo, una de las directoras regionales de marketing de Moët Hennessy en Estados Unidos, la profesión del sumiller no tiene género Pechdo cree que no importa mucho si el sumiller en un restaurante es hombre o mujer, pero lo que ha comprobado es que muchas mujeres se sienten intimi- ABC dadas a la hora de elegir el vino. Quizá la presencia de una mujer sumiller les haga sentir más cómodas a la hora de hacer preguntas y discutir la carta añade Pechdo. Quien mejor encaja en ese perfil de sumiller accesible es Carla Rzeszewski, sumiller de TheBreslin, elrestauranteasociadoalcosmopolita Ace Hotel. Ella ha sido la protagonista de un reciente artículo del Wall Street Journal en el que la encumbraban como la sumiller perfecta para acabar con todos los estereotiposasociados alaprofesión como la arrogancia o la altivez. Y es que esta treintañeracaliforniana de pelo a lo garçon y sonrisa pícara es el tipo de sumiller que consigue conectarporigualcon losjóvenesexploradores de rarezas vinícolas que con los aficionados de gusto más clásicos. e tenido la suerte de conocer (no por mi oficio, ontológicamente alejado del dinero) a un millonario, en el sentido americano del término. Los americanos solo lo toman a uno por millonario si, jugando al mus, por ejemplo, eres capaz de asomar la lengua para participarle a Amancio Ortega tus tres ases. Bien, pues mi millonario es capaz de eso y de ventilarse una hamburguesa, la más picante del mundo, que sirven en una taberna de San Antonio, en Texas, previa firma en un papel que exime al local de las consecuencias. Él me invita en Madrid a cenar (para un periodista empieza a ser la única posibilidad de hacerlo) y yo le correspondo con un libro de toros, pues tampoco es cosa de regalarle una Biblia que le recuerde que los pobres heredarán la Tierra y que los ricos no entrarán al Reino de los Cielos. ¡Ah, los toros! A los mexicanos todavía les gusta eso. Hará treinta años que lo dejé. ¿Sigue igual? -Básicamente, sí. Entonces se decía que algunos toreros tenían a periodistas en nómina y ahora se dice que algunos periodistas tienen en nómina a toreros. De hecho, serían las únicas nóminas que quedan en España. La idea de nómina escapa al millonario, perplejo ante tantos jóvenes de iniciativa que no saben ver en la crisis la oportunidad de hacerse... millonarios. -El secreto es reinventarse pero aquí no se reinventa nadie. Éste es un país raro. Ahora leí en el periódico que los sindicatos cobran del Estado. ¿Eso es así? ¡Alguien les está tomando a todos ustedes el pelo! España es un teatrillo donde lo menos bufo es el descamisado Toxo negando un kilo de patatas a los voluntarios de Caritas.