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58 CULTURA MARTES, 13 DE MARZO DE 2012 abc. es cultura ABC Enrique Vila- Matas Yo no escribo libros sueltos, persigo escribir una obra ESCRITOR BLos grandes libros de Scott Fitzgerald, los Coen o Hamlet gravitan en las páginas de la nueva novela del autor, titulada Aire de Dylan ANNA GRAU MADRID En la vida del escritor más atormentado y más neurótico cabe una hora feliz: esa euforia poscoito después de dar por terminado un libro y antes de obsesionarse con otro. En ese raro instante ligero sorprendimos un día a Enrique Vila- Matas. Acababa de dar a Seix Barral su última novela, Aire de Dylan y nos recibió cautivador y alegre en uno de los escenarios de la misma, la librería Bernat, en la barcelonesa calle de Buenos Aires, 6. Es una de las pocas veces en que está justificado entrevistar (o metaentrevistar) a un escritor sin haberse leído su libro. Estaría hasta justificado preguntarle de qué va de unos jóvenes dejados de la mano de Oblómov, es decir, que no quieren hacer nada, pero nada de nada. De un hijo vivo y de un padre muerto. De alguien que se parece a Bob Dylan. Del aire de París de Duchamp. De un protagonista que viaja a Hollywood y pone un anuncio buscando directores de cine arrepentidos y no se le presenta nadie. Del paso de la literatura del no a la del arrepentimiento y la contradicción. A algo tan penetrante, tan delicado, que si se intenta explicar o resumir se autodestruye en treinta segundos. Y autodestruye el mundo con él. Así son los libros de Vila- Matas. Ya lo decía Lobo Antunes cuando le preguntaban de qué iban sus libros, y él contestaba, pues van de todo lo que hay en el libro se ríe. Sin más le pregunto si es feliz. Respuesta: Eh... sí... bueno Lo parece más que la primera vez que le vi en carne y hueso, hace unos años en Nueva York le advierto. Recuerda qué día era- -el de su primer encuentro público con Paul Auster- y que estaba preocupado por todo lo que tenía que hacer Admite que puede llegar a ponerse de muy mal humor cuando siente que le faltan las horas o el acierto para escribir. Te va mal una página y crees que está mal todo, entonces hay que darle la vuelta y pensar todo lo contrario, que está todo muy bien, que es una obra maestra, si no, imposible continuar aclara. Atribuye su fortuna literaria a una suerte de persistencia global: Yo no escribo libros sueltos, persigo escribir una obra, me eduqué en una época en que la industria editorial no existía como la conocemos hoy, entonces yo no me movía nunca por un libro concreto, me movía por autores, buscaba autores que me interesaban y seguía todo lo que habían hecho Supersticiones De aquellos tiempos quedan ciertas supersticiones, ciertos rituales. Por ejemplo el del mismo Vila- Matas de acudir de 12 a 2 los domingos a una tertulia en el bar Sándor de Barcelona. Nos pedía no poner el nombre del bar pero una rápida consulta por Internet nos confirma que ya lo conoce demasiada gente. Nosotros ni nos habíamos dado cuenta de que aquello era una tertulia hasta que uno de sus integrantes, Joan de Sagarra, lo publicó en La Vanguardia admite la mala calidad del secreto. Que aparte de a él y a Sagarra conchaba a Marsé, Javier Coma, al irlandés John Wilkinson y a Valentí Puig. No es una tertulia literaria, es más bien como un western, un choque de rudos fajadores trata de explicar y de resumir, con tanto éxito como con sus libros. Sí que es hombre de rituales. Le gusta comer en la cocina de su casa Internet Enrique Vila- Matas EFE Gracias a la red sé que me leen muchísimas personas jóvenes (en la calle Urgell, a una manzana de la librería) y seguir al Barça por la radio, jamás por la tele. La radio le permite andar en otra cosa mientras pone la oreja, trastear en el ordenador que hace quince años detestaba y del que ahora es adicto. Lo mismo le pasó con Internet, aunque algunos tuiteros no lo crean: Se me ocurre decir que 140 caracteres son un atentado contra la complejidad de la frase y lo toman como que yo quiero volver a escribir con pluma de ganso Cuando resulta que Vila- Matas adora las nuevas tecnologías. Gracias a ellas se ha enterado de que su laberinto de lectores se llena cada vez más de gente joven. Estoy contento de saber que tengo la continuidad asegurada, que la gente que me lee no se va a morir en cuatro días sonríe. El teatro de la realidad B ANÁLISIS SERGI DORIA C uando oscurece, siempre necesitamos a alguien Una frase aterriza en la mente de un escritor que la fertiliza en novela. Atribuida a Scott Fitzgerald para la película Tres camaradas de Frank Borzage, la frase obsesiona a Vilnius, labrador perpetuo de un Archivo General del Fracaso y protagonista de Aire de Dylan la última entrega de Enrique Vila- Matas. Si toda vida es la historia de una demolición, y esto sí que lo dijo Scott Fitzgerald, el autor aborda la realidad como un teatro: Todos representamos un papel; algunos seguimos interpretando; otros prefieren salir de la obra, pero se equivocan: en el espectáculo del mundo, como el kafkiano Gran Teatro de Oklahoma, siempre se estrena la misma obra Un Hamlet sospechoso y Oblomov, patriarca de la indolencia, confrontan al protagonista con la memoria de un padre que pudo escribir la dichosa frase. Para Matas la literatura es destilación: imágenes, un gesto anodino, un escritor olvidado, cobran relevancia en el momento menos esperado. Los sueños que consigue recordar revelan algo mínimo, pero significativo, del día anterior Entonces el escritor vuelve sobre textos pasados, para añadir la frase irónica que podría haber escrito otra persona que los hubiera leído Destilar memoria, imaginación y humor hace que las vidas parezcan novelas y las novelas vidas. Y las últimas vidas de Vila- Matas Bartleby, Montano, Pasavento, el París que no acaba nunca, el Dublín de la Orden de Finnegans o la calle donde vive mantienen el aire de familia de una falsa autobiografía. Nada somos sin la memoria que siempre inventa proclamó el autor de la frase que parecía ser de Scott Fitzgerald. SERGI DORIA ES PERIODISTA Y CRÍTICO