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68 CULTURA En la muerte de Sánchez Ruipérez LUNES, 13 DE FEBRERO DE 2012 abc. es cultura ABC Príncipe de editores LUIS ALBERTO DE CUENCA Líder en la tarea de difundir la lectura a toda costa en nuestro país, Germán se mostró en toda hora muy orgulloso de su pasado como librero A caba de cruzar el espejo Germán Sánchez Ruipérez, príncipe de editores. Sus amigos tenemos un nudo en la garganta. No se nos hace fácil aceptar que se haya ido para siempre. Porque, más allá de sus muchas virtudes empresariales y de su voluntad de auspiciar empresas en el terreno de la cultura- -y de dejar que otros las continúen más allá de su muerte merced a su legado: la benemérita Fundación que lleva y llevará su nombre- Germán era una persona entrañable. Siempre recordaré su muletilla ¿Entiendes? con que finalizaba cada frase en cualquier conversación, una pregunta retórica a la que no había necesidad de responder, porque formaba parte tan sólo del acervo de complicidad que desplegaba Sánchez Ruipérez enel trato con sus amigos y colaboradores, a los que enriquecía en todo momento con su franca a la par que exquisita llaneza. También recuerdo las numerosas cajas con pastillas de todos los colores que llevaba en los bolsillos, y que significaban su compromiso inalienable con su propia salud, esa misma que, por desgracia, se quebró ayer de forma definitiva. Educado en el culto a los libros que dispensaba la empresa de su familia en torno a la librería Cervantes, tan frecuentada por los estudiantes de la universidad de Salamanca, Germán fundó Ediciones Generales Anaya, que con el tiempo se convertiría en uno de los grupos editoriales más importantes de nuestro país y en uno de los de mayor proyección en Hispanoamérica. Anaya fue, es y será la piedra angu- lar de un imperio editorial repartido en casillas de capital protagonismo en la historia del libro español, como Alianza, Cátedra, Pirámide, Algaida, Tecnos y otros epígrafes imprescindibles. Germán se mostró en toda hora muy orgulloso de su pasado como librero. Fue entonces cuando comenzó a amar a los clásicos. A ello contribuyó también la benéfica influencia que ejerció en su carrera editorial un catedrático de la talla de Fernando Lázaro Carreter. Quienes amamos la literatura no podremos olvidar nunca aquellos clásicos anotados que publicaba Anaya en los años 60 del siglo pasado, ni su continuación en series tan acrisoladas como Letras Hispánicas o Letras Universales de Ediciones Cátedra, vigentes y pujantes aún hoy en librerías. Líder en la tarea de difundir la lectura a toda costa en nuestro país, Germán logró que su ciudad natal, Peñaranda de Bracamonte, ofrezca en la actualidad los índices lectores más altos de la Unión Europea, dando a entender con ello que, si alguien se propone un objetivo y aporta lo necesario para llevarlo a cabo, termina consiguiéndolo. No es ocioso, tampoco, recordar que la Fundación que tan sabia, tan noble y tan eficazmente ha presidido Germán Sánchez Ruipérez hasta el 12 de febrero de 2012, se ha servido de forma prioritaria de los últimos avances tecnológicos para sus estrategias y el cumplimiento de sus fines. Y lo seguirá haciendo en el futuro, gracias a las generosas previsiones de su fundador, esa figura irrepetible que acaba de abandonarnos. Sánchez Ruipérez entrega un premio a Vargas Llosa en 2005 IGNACIO GIL Eterna vocación de emprendedor OFELIA GRANDE DE ANDRÉS N unca seré capaz de expresar como merece el privilegio que para mí ha sido poder compartir con Germán Sánchez Ruipérez la construcción de todos los grandes proyectos que puso en marcha en los últimos años. Su compromiso con el mundo del libro y la lectura que, heredado de la tradición familiar, fue capaz de ejercer primero, como editor y, más tarde, como mecenas. En ambas facetas he tenido la fortuna de sentir su desbordante ilusión, de percibir su eterna alianza con un futuro de cambios que nunca identificó como amenazas o riesgos sino como retos y oportunidades que la vida nos ponía delante para seguir avanzando. Porque si algo definía a Germán Sánchez Ruipérez era su eterna vocación de emprendedor y su convic- ción de que el trabajo esforzado, profesional y honesto es uno de los factores que transforman y ennoblecen la realidad. Era emocionante contemplar cómo se entregaba, con la pasión de quien empieza, a cualquiera de sus aventuras empresariales o culturales. Por ello, para mí, convertirme en editora no ha sido más que el reflejo natural del espejo en el que siempre me he mirado... Acompañar su emoción era, para todos nosotros, un viaje inevitable. Y a él, que hoy nos ha dejado, todos los que formamos parte de su familia, queremos hacerle saber, allá donde esté, que esa misma emoción vivirá en nosotros y con nosotros para siempre. Como su ejemplo. Como su memoria. Coraje ante el riesgo GUILLERMO DE LA DEHESA G ermán Sánchez Ruipérez, casado con Ofelia Grande, ha sido no sólo un gran empresario cultural sino también una persona ejemplar ya que, empezando de cero en la posguerra civil, ha llegado a ser un gran editor en España y en América y, tras haberlo conseguido, ha dedicado buena parte de su fortuna y de su vida a la fundación Germán Sánchez Ruipérez, de la que mehonro en serpatrono, dedicada al fomento e investigación de la lectura y de la cultura en todas sus formas y soportes. Germán, de madre maestra y padre librero, abandonó en 1942 el bachillerato para dedicarse a la librería de su padre en Salamanca, que convirtió en una de las mejores de España. En 1958, fundó la editorial Anaya, dedicada a libros educativos, que posteriormente amplió a otras esferas culturales comprando y creandootras muchas editoriales que, a finales de los setenta, formaron el Grupo Anaya. Posteriormente se lanzó a América, comprando dos editoriales en Nueva York, otras dos en Miami y creando varias otras en México, Colombia y Argentina, todas ellas con socios nacionales. En 1981 creó la fundación GSR y dedicó una parte importante de sus ingresos a su desarrollo con sedes en Madrid, Peñaranda de Bracamonte y Salamanca, concentros delectura ycultura deenorme éxito y ahora con la Casa del Lector en Madrid, con casi una hectárea de espacio en el Matadero, que era su gran proyecto, que pensaba inaugurarlo en octubre y que lamentablemente no podrá hacerlo. En 1998, Germán vendió el grupoAnaya aHavasyapartirdeentonces dedicó su vida a su fundación. Sin embargo, Ofelia Grande de Andrés, su sobrina- nieta, ha continuado su tradición editora y cultural a través de Alinco, comprando y gestionando editorialesy, en 2000, tomandolamayoría deSiruela. Vamos a echar mucho de menos a Germán, con su bonhomía, su vozarrón, su visión futurista y su coraje ante elriesgo. Lamentablemente, conel fallecimiento, en pocos años, de Jesús, de Pancho y ahora de Germán, el mundo editorial y cultural español ha sufrido un cataclismo perdiendo a tres de sus grandes empresarios.