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MIÉRCOLES 8.2.2012 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena, 7, 28027 Madrid. DiarioABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 35.105 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 902 334 556 Suscripciones 901 334 554 Att. al cliente 902 334 555. 12063 8 424499 000013 EL PULSO DEL PLANETA Baile de máscaras La lucha libre- -y su alarde de máscaras sobre la lona del tongo- -es, por delante del fútbol, el deporte- espectáculo más popular en México VISTO Y NO VISTO POR IGNACIO RUIZ- QUINTANO TÀPIES Y Máscaras de luchadores mexicanos, en cuyos grandes combates suelen jugarse el antifaz cluso pierden la fuerza al perder la careta y deben retirarse. No es necesario ser antropólogo para adivinar, en esta ocultación del rostro, los arcanos de antiguas culturas precolombinas. Ni sociólogo para vislumbrar algunas esencias del ser mexicano. Basta con leer a Octavio Paz: El mexicano se me aparece como un ser que se encierra y se preserva: máscara el rostro, máscara la sonrisa. Entre la realidad y su persona se establece una muralla, no por invisible menos infranqueable, de impasibilidad y lejanía. El mexicano siempre está lejos. Lejos, también, de sí mismo En términos más prosaicos, las arenas mexicanas comparten cada noche de viernes el público del circo o de la primera sesión de la última de Indiana Jones. Llega Carnaval, llega Halloween, y los chamacos se transforman en El Enmascarado de Plata. En términos históricos, el catch entraría en México con la intervención francesa, a finales del siglo XIX. En 1910 llega a México la compañía del campeón italiano Giovanni Relesevitch, que se presenta en el teatro Principal; a los pocos meses aparecerá su né- ABC P MANUEL M. CASCANTE CORRESPONSAL EN MÉXICO or delante del béisbol (pronúnciese beisbol con acento agudo) y a la par que el fútbol (dígase también futbol el deporte nacional en México es la lucha libre. Pero, a diferencia del wrestling de EE. UU. el espectáculo que se representa sobre los cuadriláteros y hexágonos mexicanos está más cerca del teatro que del deporte; de los tebeos y las danzas rituales que de las acrobacias y las artes marciales. El elemento distintivo del luchador es su máscara. El antifaz es el estandarte del gladiador, como lo es también del superhéroe. De ahí que las estrellas de este espectáculo familiar (Blue Demon, El Hijo del Santo, Rey Mysterio) sean, para los niños, personajes sobrehumanos como Spiderman, Superman o Hulk. Porque la máscara, dice el artesano mapuche Oto Bihalji- Merin, es un símbolo de la habilidad proteica del hombre para transformarse Los luchadores mexicanos ponen en juego su máscara al afrontar sus combates estelares, y al serles arrebatada no pueden volver a portarla durante el resto de su carrera deportiva. Algunos, como Sansón con su cabello, in- mesis en el teatro Colón: la compañía de Antonio Fournier, con el Conde Koma y Nabutaka. Enorme éxito. La época dorada (años cuarenta y cincuenta) tiene un nombre propio: el del jalisciense Salvador Lutteroth González. Excombatiente en la Revolución, Lutteroth levanta las primeras arenas del país y forja las primeras figuras nacionales a través de la escuela que encomienda a Cuauhtémoc Diablo Velasco: Alfonso Dantés, Ángel Blanco, El Loco Zandokan, Puma Vázquez, El Negro Vázquez, La Pantera Etíope, Torbellino Negro, El Charro Aguayo, Carlos Tarzán López... Pero por encima de todas sobresale la de Santo, protagonista de más de medio centenar de películas y más de 15.000 peleas. Nacido en Tulancingo (Hidalgo) en 1917, El Enmascarado de Plata debutó en 1942 y permanecería en activo hasta 40 años más tarde. Rodolfo Guzmán Huerta, su verdadero nombre, se enfrentó en la pantalla a momias, vampiros, hombres lobo, zombis, extraterrestres y bandidos del peor pelaje. Tras su muerte, en 1984, el Santo se convirtió en leyenda: hoy la popularidad de su imagen solo es superada por las de Pedro Infante y la Virgen de Guadalupe. ABC o sé de Tàpies por Ullán, un crítico que nos explicó sus cruces, ¡su constante hacerse de cruces! (las cruces de Tàpies) y por Cerdá, un pintor que nos dice de quién eran sus caras (las caras de Tàpies) -Cuando se pretende hacer arte, el no posar con cara de indio tomando bicarbonato, como Tàpies, como los bendecidos como santones por el sistema financiero, se considera una herejía. Y la cosa es tan seria (añade entrañablemente Pepe Cerdá) que el Estado admite como papel moneda sus obras (las obras de estos santones: médiums entre lo sagrado, sus garabatos, y lo humano, que somos nosotros) como pago de impuestos y fianzas carcelarias. Bastaban, ay, dos meses en el extranjero para luego vivir en España de hombre cosmopolita. -Tàpies, sin ir más lejos, se fue con una beca de tres meses a París, visitó a Picasso, se hizo una foto, volvió a Barcelona, y hasta hoy. Mas no confundamos a Tàpies con Barceló (a distinguirlos para siempre me enseñó Bonifacio: Tàpies es la pintura. Barceló es un decorador. ¿Qué sabe de toros, Barceló? Y Ullán nos mostraba en Tàpies la inclinación tan presente en los tratados chinos sobre artes plásticas hacia la pintura como origen de la escritura, algo que Fray Luis (en De los nombres de Cristo pusiera en labios de Marcelo: ...y como dizen del camaleón... Etcétera. Los chinos (y volvemos a Cerdá) pues que aprenden a escribir dibujando con un pincel, son mucho más sensibles que nosotros al trazo: -Cuando un maestro calígrafo chino ve un Tàpies dice: ¿Pero dónde ha aprendido a escribir este chico?