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ABC MIÉRCOLES, 8 DE FEBRERO DE 2012 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O L U C A D E T E N A AFGANISTÁN Y OCCIDENTE POR LUIS DE LA CORTE IBÁÑEZ Mal que les pese a derrotistas y buenistas, la guerra iniciada por Occidente en Afganistán ayudó a cumplir dos buenos objetivos afganosesqueantesdequelosextranjerosabandonaran su tierra la dejaran en mejores condiciones que las deplorables circunstancias encontradas al llegar. La otra razón, naturalmente, era estratégica. pero no derrotados y abandonar Afganistán en un corto plazo seguramente hubiera propiciado una rápidavuelta al poder de los barbudos Estos buenos propósitos serían afianzados en las sucesivas conferencias internacionales celebradas al respecto en los años siguientes. Y no sólo con retórica sinoconesfuerzosqueseríainjustoignorar. Deuna parte, esosesfuerzossemidenenvidas: 2.700 soldados muertos hasta septiembre de 2011, entre ellos 96 militares españoles y dos guardias civiles. De otro lado, la inversión económica realizada por los paísesoccidentaleshasidoastronómica. Sólolamisión ISAF supone un coste de 100.000 millones de dólares cada año, mientras que el coste global de la presencia española en Afganistán desde 2002 hasta la mitad del pasado año ascendía a 2.200 millonesdeeuros. Estedesembolsohahechoposible, entre otras muchas cosas, que en una de las zonas más pobres y desasistidas de Afganistán se haya construido un hospital y diversas clínicas rurales, la mortalidad infantil se haya visto reducida en un 70 por ciento, 15.000 niños y niñas hayan sido escolarizadosy 65.000 personasse beneficienhoydeun sistemadesuministrodeaguapotableantesinexistente. Quede dicho esto como homenaje al trabajo provincia deBadghis ycompuestopor personalmilitarycivilespañol. Peroesprecisoreconocer que los resultados rendidos por la campaña afgana no son suficientes ni halagüeños. En 2011 el número de ataques de la insurgencia seredujo trascincoañosdeprogresióngeométrica. Empero, los niveles deviolencia siguen siendo muy elevados: unos setenta incidentes al día. Y en los terrenosdeldesarrolloinstitucional, económicoyhumano tampoco ha habido grandes avances. La lista de problemas para los que no se ha logrado solución es larga: gobernabilidad, corrupción, pobreza, ausenciadeserviciossocialesbásicos, narcotráfico, analfabetismo, tensiones interétnicas. En suma, el y continúa amenazado por una insurgencia feroz que está convencida de que tiene el tiempo de su parte (los occidentales tienen los relojes pero ellos poseen el tiempo, suelen decir... Sería largo desentrañar todos los factores que han llevado a la deprimente situación actual. Algunos son fruto de lahistoria, lageografíaylascaracterísticasdela población afgana, su cultura y sus costumbres, etc. Pero la intervención también se ha visto lastrada por algunos errores de bulto. Uno de ellos proviene seguramente de la pretensión demostrada por no pocos países occidentales de librar una guerra a medias disfrazándolabajoeufemismospacifistas (como solía el anterior gobierno español) o condicionando la permanencia de las mismas a unas garantías de seguridad absurdas en cualquier país en conflicto, como las que solicitaba hace semanas el presidente Sarkozy (igual que si el capitánde los bomberospusiera la ausencia Con tales actitudes no es de extrañar que Estados Unidos se haya hartado de esta guerra cuya lista de bajas ha estado copada por sus propios soldados (por encima de 2.700 muertos y más de 18.000 heridos) sehartazgo, sumadoaproblemas económicos y cálculos electorales, llevaría al presidenteObamaacometerotroerrorflagrante alanunciarenjuniodelañopasadouncalendario de retirada que finalizaría en verano de 2014, provocando una cascadade declaraciones similares entrelospaísesdelacoalición. Hacepocosdías, nisiquierasevaaesperara 2014. Así, Occidente ha cambiado la prioridad de estabilizar Afganistán por la de marcharse pronto. Para justificar dicha marcha se apuesta fuertepor laestrategia incluidos los talibanes, a base de amnistías, incentivosyacuerdosnegociados. Perohaymotivos para dudar de que estos mimbres puedan de estabilidad. No es seguro que las jóvenes Fuerzas de Seguridad Nacional Afganas, adiestradas en el marco de la misión ISAF, acumulen y lleguen al verano de 2014 con un número suficiente de miembros como para reemplazar a las tropas de la coalición. Y las objeciones a una negociación con los talibanes son variadas. Hasta el momento todos los ensayoshansidofallidosynoestáclaroporquédeberían darse prisa en llegar a un acuerdo con quien ya se ha comprometido a abandonar el terreno de juego. Tampoco cabe descartar la posibilidad de un acuerdoenfalso, firmadoparaserincumplido. Ysilo cumplieran no se sabe que harían los talibanes con lacuotadepoderqueselesconcediera: seguramente nadabueno. Porúltimo, sinadadeloanteriorfunciona y la inestabilidad continúa el país correría el riesgode regresar alpasado, transitandohacia una y criminales. Esto es lo que podría sembrar Occidente en Afganistán si insiste en escapar de allí. Seguramente eso es lo que haremos en breve: abandonar a los afganos a su suerte. Y que sea lo que Alá quiera... LUIS DE LA CORTE IBÁÑEZ PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID F INALES de enero de 2002. El entonces coronel Jaime Coll llegaba a Kabul para mandar el primer contingente militar español enviado a Afganistán. Laoperación Libertadduradera había hecho caer al régimen talibán y el ConsejodeSeguridaddeNacionesUnidashabíaordenado una misión paralela para respaldar al nuevogobiernoprovisional, ISAF InternationalSecurity Assistance Force la más peligrosa y costosa enla que han estado involucradas nuestras fuerzas armadas. Transcurridos diez años, las dos misionescontinúan. lo cual hace oportuno una revisión de sus resultados. Lavaloración decualquier misióndebe estar necesariamente referida a los objetivos que se le atribuyan. Elproblemaesquelosobjetivosanunciados han sido diversos. Dejemos aparte las aspiraciones más desmesuradas: democratización plena, fin de lacorrupción, igualacióndederechosdehombresy mujeres, abandono del subdesarrollo y la pobreza. Fines más que deseables que se invocaron con frecuencia. Aunqueenverdadfueronotros, menosambiciosos, los que motivaron la intervención. Primero, devolveraAlQaidaelgolpedel 11- Syneutralizarla. Muchos dicen ahora que el peligro representado por Al Qaida fue sobrestimado. Quizá. Pero a finalesde 2001 elproblemanoerasólolacapacidaddestructiva de la organización fundada por Bin Laden, que ya se había demostrado aterradora. El problema remitía también a lo que Al Qaida habría logradohacersienlosañossiguienteshubieracontinuado operando impunemente bajo la protección del régimen talibán. Por suerte, la expulsión de los talibán, el otro objetivo inicial de la intervención, sólo costóunaspocas semanas. En cuanto a AlQaida, es ciertoque no se derrumbó de un día para otroy que durantetoda la década pasadapermaneció activa y logró infligir gravesdaños, tanto por algunasacciones directas como por la enorme violencia que inspiróentresusorganizacionesasociadasyotrosgrupos afines. Mas la pérdida del santuario afgano frenósuinquietanteprogresión, dandoinicioaunlento proceso de marginalización del que hoy ya nadie duda. Así que, mal que les pese a derrotistas y buenistas, la guerra iniciada por Occidente en Afganistán ayudó a cumplir dos buenos objetivos. Aunque hubo otros. Tras constituir el nuevo gobierno provisional afgano, todos los gobiernos de la coalición se comprometieron a apoyar la reconstrucción del país y continuar con las misiones militares hasta pacificarlo o estabilizarlo. Ese compromiso era lógico y exigible, por dos razones. Una: invadir un país acarrea responsabilidadespara con el pueblo invadido y, en consecuencia, lo mínimo que merecían los E 99 EL 14 DE FEBRERO ES SAN VALENTIN. MadriD, serrano 58, T 091.426 22 26