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DOMINGO 6.11.2011 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena, 7, 28027 Madrid. DiarioABC, S. L. Reservados todos los derechos. Queda prohibida la reproducción, distribución, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta publicación, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa. Número 35.013 D. L. I: M- 13- 58 Apartado de Correos 43, Madrid. Publicidad 902 334 556 Suscripciones 901 334 554 Att. al cliente 902 334 555. 11447 8 424499 000013 LOS DOMINGOS DE... UNA ESCRITORA Ana María Matute Ser vieja no está tan mal, la gente te perdona todo Los domingos de la escritora Ana María Matute empiezan con un buen crucigrama y acaban con un buen gintonic. Así se mantiene ella de lúcida y de elegantemente distinta ANNA GRAU L o primero que hago al levantarme es un crucigrama. Alguna vez se me atasca pero por lo general lo resuelvo en media hora. A las personas de mi edad les viene muy bien hacer crucigramas, desempolva mucho la mente sonríe con picardía y con aplomo. Presumiendo de vejez como otros (y sobre todo otras) presumen de juventud real o fingida. ¿Tan contenta está de tener 86 años? Bueno, contenta como para ponerme a bailar tampoco, entre otras cosas porque no puedo, pero ser vieja no está tan mal. Yo para nada quisiera volver a mis veinte años. Ni a tenerlos entonces, ni a tenerlos ahora remacha. De la juventud actual la repele, salvo excepciones, su ignorancia increíble, su desconocimiento de todo De la de su generación, que nos tocó una época muy mala con la dictadura, yo tenía la cuchilla de la censura siempre encima cuando empecé a escribir Y a vivir. Divorciarse bajo las leyes franquistas le costó perder el acceso durante años a su único hijo, Juan Pablo. A día de hoy Juan Pablo y su mujer viven con ella- -otro triunfo de la edad- -en un piso de la parte alta de Barcelona tomado por los libros. Y con una terraza llena de plantas y arbolitos que a Ana María le es muy querida especialmente para cenar en familia y con amigos. Juan Pablo es quien me controla la agenda y me dice lo que tengo que hacer quien la lleva, la trae y le pone los DVD mientras ella se regodea en su ¿desvalimiento? como un gatito en una bañera de nata. Otra cosa buena de hacerte vieja es que la gente te quiere mucho y te lo perdona todo nos guiña el ojo. Confiesa que los domingos adora levantarse tarde, tan tarde que mejor no lo digo Tras arreglarse (impecablemente) desayunar un café cortado y resolver su crucigrama, ya le ha dado la hora de comer. Fuera, con el hijo y con la nuera. Últimamente a esta comida se suma también Ana María Matute su hermana María Pilar, trece años menor, que enviudó hace un año y se quedó bastante pocha Algo sabe Ana María de viudedades que dejan el corazón como atónito de seguir latiendo desde la muerte en 1990 de su segundo marido y compañero máximo, el francés Julio Brocard. Increíblemente la vida sigue. Ya que a Ana María la rutina dominical le impide escribir por las mañanas, como ella suele y le gusta (y más ahora, con un nuevo libro a la vista) trata de hacerlo por la tarde. Previa siesta española eso sí, aunque no de camisón y orinal como Camilo José Cela. Ella se conforma con tumbarse un rato por encima de la cama o en el sofá. Tras la siesta escribe, lee o ve películas, y ya solo nos queda un gran hito antes de la cena: el gintonic. Reivindica Ana María que ella lo ha tomado siempre, no ahora que está tan de moda. La divierte el reciente sarpullido de ginebras novísimas pero si depende de ella, que sea Bombay Sapphire. ¿Y después de cenar? Pues tranquilamente otro gintonic. Antes me gustaba muchísimo el whisky, el de malta, claro precisa, y también los dry martini, INÉS BAUCELLS Mi objeto preferido Mi gintonic, de Bombay Sapphire, con limón y en copa de balón, en casa o en la coctelería Belvedere de Barcelona, cuyo dueño los prepara para caerse de espaldas pero eso es tan difícil que te lo preparen bien Suspira Ana María Matute, y su suspiro hace aflorar grandiosos mundos perdidos. Atlántidas de inteligencia y de buen gusto. Lee en la cama hasta altas horas (al presente está como loca con la novela negra, y en particular con El concierto de los peces del islandés Halldór Laxness) lo cual explica y redime su escaso afán madrugador. ¿Le tendrá miedo Ana María Matute a la oscuridad y a dormir sola, como algunas niñas y no tan niñas de sus libros? Mi vida no sale nunca, nunca un personaje he sido yo, como mucho hay detallitos asegura, quizás mintiendo. Su picardía evoluciona a sabiduría cuando se despide insistiendo en que le daría una pereza terrible volver a ser joven. Entonces me rebelaba contra todo, ahora en cambio tengo una paciencia... Con la edad se aprende a convencer, a meterte en la piel del otro, eso es muy importante, no se puede escribir si no eres así, acabas siendo... Hace una pausa rota por nuestra impaciencia: ¿Acabas siendo qué, moderno? Y ella, de nuevo majestuosamente pícara: No, malo