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ABC LUNES, 26 DE SEPTIEMBRE DE 2011 abc. es toros TOROS 83 TOROS CARLOS HERRERA FERIA DE LA MERCÈ MONUMENTAL DE BARCELONA. 25 de septiembre de 2011. Lleno de No hay billetes Toros de El Pilar, bueno el segundo; los demás mansos y deslucidos. JUAN MORA, de verde y oro. Dos pinchazos y estocada. (ovación y saludos) En el cuarto, estocada desprendida (saludos) JOSÉ TOMÁS, de negro y oro. Estocada (dos orejas) En el quinto, dos pinchazos y estocada (saludos) SERAFÍN MARÍN, de sangre toro y oro. Estocada desprendida (saludos) El sexto, gran estocada (dos orejas) Se llevan a los tres toreros a hombros. L EL TELÓN DE ACERO el valenciano- onubense Miguel Báez Litri. O como el propio Manolete, que tenía en Barcelona su templo particular, al estilo de lo que hoy ocurre con el singular e imprevisible mesías José Tomás. Los toros en Barcelona no son una invasión cultural. Hasta el propio idioma catalán goza de un lenguaje taurino rico y sabroso. Triunfar en cualquiera de las plazas de Barcelona era considerado como pasar la reválida de San Isidro y consagrarse en la propia Monumental significaba para un torero tener resuelta una temporada. El abuelo Balañá, empresario propietario de la plaza tuvo mucho que ver en ello. Barcelona, pues, siempre vivió la Fiesta como algo propio sin tener que renunciar a ninguna de sus esencias catalanas. Llegó la decadencia y quienes siempre quisieron ver en los toros un símbolo de la detestada y prescindible españolidad que tanto taponaba la imagen de arcadia feliz e independiente se pusieron manos a la obra para apuntillarla con la artera eficacia que muestra el nacionalismo cerril y paleto del Principado. Reconozcámosle a la afición un indisimulable mérito por ir a los festejos cada domingo mientras a dos palmos hay un grupo de piojosos llamándote asesino (curiosamente jamás he visto a ninguno de esos mierdas manifestarse en contra de los asesinos de verdad) La lamentable ceremonia final en sede parlamentaria, ataque sin disimulo a la elemental libertad de los ciudadanos por continuar con su afición, hizo el resto. A partir de hoy, los que quieran ver toros tendrán que ir al sur de Francia como hacíamos los españolitos de la época que queríamos ver las películas que veían el resto de los europeos. Un símbolo más de la acelerada decadencia a la que han condenado a Cataluña su excrecencia gobernante. El telón cayó ayer con el último acero en el sexto toro. Última tarde A la emoción de la fecha se une la reaparición en Barcelona de José Tomás, ídolo de esta plaza La simple verdad ¿Cómo puede morir este arte? No muere: lo asesinan en Barcelona, por puras razones de separatismo político y cultural con un capote novedoso, jaspeado en varios colores, con la inscripción Libertad El tercero es muy poquito toro, se viene abajo: faena voluntariosa pero irregular. Le toca el triste privilegio de matar el último toro de esta Plaza, con genio, deslucido. Aguantándole mucho, consigue muletazos largos, templados, sin dejarle irse. Remata con unas impávidas manoletinas, y una gran estocada, entrando muy lento, que pone en sus manos las dos orejas. Es el final. Después de una corrida maravillosa, preguntábamos, el sábado: ¿Cómo puede morir este arte? No muere: lo asesinan, en Barcelona, por puras razones de separatismo político y cultural. Ésa es la verdad pura y simple, sin hacer literaturas. Salimos de la Monumental, por última vez, con el luto en el corazón: luto por tantos buenos aficionados barceloneses. Luto por Cataluña. Luto por una España en la que pueden suceder cosas como ésta. Y luto por la libertad, esa hermosa palabra, esa aspiración de cualquier ser humano. Luto. INÉS BAUCELLS deesta Plaza. Elsegundotoro, flojo, apenaspicado, resulta muy manejable pero transmite poco. La emoción la pone el diestro con su quietud: muy buenas verónicas, ganando terreno hasta el centro; quite por delantales y media. Corre bien la mano en excelentes naturales, deslucidos por algunos enganchones y por las caídas del animal. Encadena, con apuros, emocionantes molinetes. Mata con decisión y la pasión se desborda; hasta la alguacililla corta el rabo, quedebe devolver, porque sehan concedido sólo las dos orejas. El quinto mansea, es más deslucido. Lo recibe haciendo el poste y no lo sujeta. Le aclamansóloporelgesto deecharse el capote a la espalda: gaoneras de compás abierto, muy quieto. Brinda al público. La faena es desigual, con el signo del aguante más que del dominio. Al final, eltoro separaysedesentiende. Remata con estatuarios, haciendo el poste, y doblones apurados, que provocan un ¡ay! Pincha un par de veces, antes de la estocada. Le hacen saludar clamorosamente desde el centro del ruedo y lo agradece, aplaudiendo él al público. Sale muy dispuesto Serafín Marín, lenazo ayer en la Monumental de Barcelona. Es natural. Toreaba José Tomás... por última vez. Público de media España llenó unos tendidos a los que habitualmente hacía muy poco caso, a los que dio su espalda la afición local, a los que no trató adecuadamente la empresa, a los que quería ver vacíos el activo antitaurinismo barcelonés y a los que odiaba, sin disimulo, la menospreciable basura política del nacionalismo catalán. Y el enfermo murió. Asesinado, sí, pero en sus horas terminales. La ciudad que llegó a tener tres plazas de toros en activo- -Torín, Las Arenas y La Monumental- en la que por primera vez se acompañó el paseíllo de un torero con música, en la que por primera vez se pidió una oreja con una pañolada, en la que organizaban festejos en días entre semana, en la que había corridas sucesivas la misma tarde para poder ir a dos de las plazas, ha visto cómo su Ayuntamiento, primero, la declaró Ciudad Antitaurina -como si las ciudades pudiesen tener sentimientos- -y cómo su Parlamento Autónomo ha prohibido directamente su actividad. ¿Artistas e intelectuales catalanes aficionados a los toros? ¿Cuántos quiere? Néstor Luján, Ramón Casas, Mariá Fortuny, Rosendo Nobas (escultor que inmortalizó a Rafael de Casanova, héroe mitológico, con la cara de un torero) Salvador Dalí, Josep María de Segarra... ¿Toreros catalanes? el grandioso Joaquín Bernadó, Mario Cabré, Pere Ayxelá Peroy Josep Bayard, Rafael Dutrús, Enrique Patón, Serafín Marín... y a esa lista habría que añadir aquellos que han sido santo y seña para la afición barcelonesa y a los que prácticamente se les ha considerado toreros locales, como el onubense Chamaco, del que contaba mi padre que siempre se decía torea Chamaco y dos más o como