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ABC VIERNES, 1 DE JULIO DE 2011 abc. es cultura CULTURA 65 LA DOLCE VITA DE... FERNANDO R. LAFUENTE Qué: El emperador y el esclavo de Armando del Río. Con Armando del Río y Javier Pereira. Dirección de Raquel Pérez. Lugar: Teatro Bellas Artes. Calle Marqués de Casa Riera, 2, Madrid. Metro Banco de España. Teléfono 915324438. Fecha: Sábado 2 y domingo 3 de julio. www. teatrobellasartes. es Datos útiles T La vida está en los detalles Para leer Para ver LA BUTACA DE GODOT El experimento remató a Enrique Morente ALFONSO ARMADA Abrumado por el empaque del Teatro Real, el público inhabitual que asistió a Muerte sin fin. A la memoria del gran Enrique Morente no se atrevió a mostrar su sentir ante lo que Mauricio Sotelo y Juan Diego perpetraron. Condenado Arcángel a un extremo en sombra y a muy poco cante y Fuensanta La Moneta que dibuja el baile con hondo cubismo, a poco cacho, al experimento del compositor y director Sotelo le faltó lo más importante: emoción. A Morente le gustaba experimentar (véase su Omega con Lagartija Nick: ¿dónde estabais? pero lo de Sotelo con el vacuo poema de José Gorostiza y el recitado hacia dentro y estropajoso de Juan Diego no dejaron que apareciera ni la sombra del duende, salvo cuando Arcángel y Fuensanta lo citaron. odo, pero con maneras era la frase habitual de Louis Marden, uno de los históricos, y extraordinarios, fotógrafos de la que, en opinión de uno, es la mejor revista desde hace ya unas cuantas décadas: National Geographic. Y, sí, todo, pero con maneras. Y todo es lo que se permite, con espléndidas maneras literarias, Thomas Pynchon (Nueva York, 1937) uno de los más grandes narradores contemporáneos. Se permite todo, es decir, una pasada de órdago, con Vicio propi o. Ya se sabe que vicio propio en los ámbitos de las compañías aseguradoras es un defecto originario e interno de un objeto que puede producir en mayor o menor grado su propio deterioro En esta formidable y vertiginosa novela el vicio propio lo originan los personajes, la California de finales de los años sesenta, esa feliz borrachera de speed, drogas, sexo (a mansalva) rock, surf y, claro está, corrupciones varias, por ejemplo, inmobiliarias. En medio de la tormenta de ácidos, hierbas y demás sustancias, un investigador privado, hippie, colocado, perdido y astuto. Todo un hallazgo. No falta nadie: pirados, místicos, asesinos a sueldo, matones, milenaristas, policías, mafiosos, jugadores, clubs que dejarían al Baladin de Los Soprano como mero aficionado. La Internacional hippie instalada en el Southland y Gordita Beach, L. A. como la ciudad del asco y el esplendor, del humo de los canutos y del fervor por la música, los chicos del FBI y Reagan de Gobernador del Estado, series de televisión que permiten el alucine majestuoso, flipados a manta, palizasn a mogollón, salvadores de la patria, desapariciones, más vértigo y el amor, entonces, es sólo una palabra de cuatro letras. Vicio propio es una novela negra envuelta en una nube de psicodelia, paranoias, ácidos y oscuras realidades, y al fondo la luz resplandeciente de la tierra prometida. Hay obras que meramente se leen, y se leen para entretenerse, y hay obras que gozosamente se leen para disfrutar, pala- Para comer Vicio propio Una novela de Thomas Pynchon. Tusquets, Barcelona, 2011. 422 páginas. Traducción del inglés de Vicente Campos. 20,19 euros. Pequeñas mentiras sin importancia Director: Guillaume Canet. Con Marion Cotillard, Pascale Arbillon, François Cluzet, Jean Dejardin. 2010. Francia. 154 minutos. Restaurante del Hotel del Oso Cosgaya (Cantabria) Teléfono. 942733018. Con la mirada en los Picos de Europa es la fiesta del cocido lebaniego. Un lujo barato y popular. dear cada frase. Entre unas y otras, la línea roja que marca la distancia que separa, sin remisión, el entretenimiento de la literatura. Vicio propio es, claro está, de las segundas. Pequeñas mentiras sin importancia también es el retrato de una generación, pero ahora la historia transcurre en la vecina Francia, siempre tan elegante, tan sofisticada, tan existencial. La película es una elegía, plenamente conseguida, de la amistad. O si se prefiere, del afecto. Trata de las soledades, los anhelos y las mentiras de un grupo de gentes alrededor de los cuarenta años (mala edad para preguntarse sobre estas cosas) y del tiempo que se escurre entre las manos. Una sinfonía de personajes, de vidas, de voces en busca de su propio eco. Lo mejor, además de la secuencia final, las conversaciones sobre lo divino (zen) y lo humano ¿amor? y el fatal juego del caprichoso azar, pero el espectador se ve envuelto en la refriega, participa de ella, y le queda una conclusión insoslayable: el presente es lo único que existe y la vida está en los detalles. Claro que para detalles el Hotel del Oso. En el espléndido Valle de Liébana. El plato estrella, el aleph de todas las cocinas es el deslumbrante cocido lebaniego- -tam- bién el montañés, pero menos- -que abre las puertas a un sueño, a un festín de Babette en clave del Beato de Liébana que ya glosó, y de qué manera Umberto Eco. El cocido es ya un juego literario y desde que uno se lo descubrió, entusiasma cada año que asiste a la Cursos de verano de santander a Mario Vargas Llosa, con su visita canónica. Un lugar para quedarse, un comedor montañero a vista de las cumbres. La familia Rivas, de un trato excepcional, priman lo mejor de una tierra que solo da cosas buenas, para que la estancia quede en la memoria. A no perderse el arroz con leche y los quesos, como el de Tresviso, de la comarca. Si me quieren encontrar ya saben mi paradero. frodriguezlafuente abc. es