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ABC VIERNES, 1 DE JULIO DE 2011 abc. es cultura CULTURA 61 Mateo Gil Temía que en EE. UU. la vieran como una peli marciana DIRECTOR DE BLACKTHORN BGanador de cuatro Goyas y guionista de cabecera de Amenábar, regresa a la dirección con un western, doce años después de Nadie conoce a nadie FEDERICO MARÍN BELLÓN Mateo Gil (Las Palmas, 1972) se asemeja más a un poeta o a un cantautor que a un director de cine. Cual Woody Allen patrio, ha ganado cuatro premios Goya y no ha subido a recoger ninguno. Amenaza con llevarse más a punta de pistola tras atreverse a resucitar a Butch Cassidy. ¿Rodar esta especie de secuela de Dos hombres y un destino no es como reflotar Titanic -Sabíamos que habría muchos prejuicios porque Butch Cassidy quedó muy muerto, pero nunca lo vimos como una secuela. Y hay otras películas que se basan en el personaje, como Grupo salvaje aunque él no se llame así. Dos hombres y un destino no deja de ser una comedia que rescataba la parte más legendaria. -William Goldman, el guionista, admitió que maquilló a sus héroes. ¿Ha tenido más libertad que él? -Total. Nosotros especulamos con una posible supervivencia, pero creo que nuestro personaje se acerca bastante más al real que Paul Newman. -Su Cassidy parece casi un Robin Hood del Oeste. -Él tenía mucha fama, ya en vida. Tenía un apoyo popular gigantesco, porque solo robaba a grandes compañías. Era muy inteligente y organizaba los atracos de manera perfecta para que no hubiera violencia. Presumía de no haber matado a nadie. -En Blackthorn el toque social no estropea nunca el espectáculo. -La manera de acercarnos o no a los indígenas era delicada, dentro de un rodaje complejísimo en el que no pudimos hacer todo lo que queríamos. ¿Cómo se consigue a un mito como Sam Shepard? -Mandándole el guión por los cauces ortodoxos, que es un director de casting que a su vez se lo envía a su agente. Sabía que había temas del guión que le iban a atraer. -Como amigo de Eduardo Noriega, imagino que hablaron sobre lo injusto que podía ser enfrentarlo con él. -Podía ser una putada importante, sí. Eduardo juega con varias cosas en contra, pero es un tipo al que le gustan los retos. Creo que está a la altura. ¿El tono de western clásico sale así o está muy meditado? -Hubo mucha meditación, pero desde los primeros días de rodaje me di cuenta de que lo que había pensado no se podía hacer, No teníamos suficiente tiempo ni dinero. ¿No fue frustrante? -Sí, pero no quedaba otra. La alternativa era no hacer la película. -Algo en lo que es casi un experto. -Igual tengo que empezar a pensar más barato. -Ahí está Pedro Páramo -Espero retomar algún día el proyecto. No sé si primero tengo que hacer- me un nombre fuerte, porque además se tiene que hacer en castellano. ¿Piensa dirigir en EE. UU. -Me da pavor. Un western sí me apetecería, pero me asusta Hollywood. Es un ambiente tan competitivo y tan bestia que yo no estoy preparado. Me pones a competir y me bloqueo. ¿Pensó en el público americano con esta película? -Sí, pero partiendo de que el mercado natural es España. Temía que los americanos la sintieran como una peli extraña, muy marciana. ¿Va a dejar que pase otra década antes de volver a dirigir? -Me encantaría poder alternar, pero sobre todo sobrevivir a esta crisis terrible. La contradicción enorme es que hay que rodar muy barato, pero si le planteas al espectador una película de gente hablando, por decirlo de manera simplista, le da mucha pereza ir al cine. -Quizá sea preferible olvidarse y hacer lo que a uno le sale de dentro. -Yo lo hago y precisamente por eso tengo varios guiones en el cajón. Y eso frustra. Te va minando la energía. -Usted tiene un poco el seguro de vida de los guiones con Amenábar. -Seguro no hay nada. -Alejandro casi lo es. -Él sí, pero no es seguro que siga con él. Estaba con otro proyecto y he llegado tarde, porque dirigir te lleva mucho tiempo y trabajo. Quería dividirme, pero no he podido. Espero que me siga llamando. Estoy abierto a escribir para él y para otros directores. Cinco puntos de sutura BLACKTHORN Dirección: Mateo Gil. País: España. Duración: 98 min. Actores: Sam Shepard, Stephen Rea, Eduardo Noriega, Magaly Solier E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Punto 1. La osadía: Mateo Gil se permite la temeridad de raptar a un viejo mito del western, Butch Cassidy, aquel de Dos hombres y un destino y dejarlo libre en una aventura terminal, degarganta secaydepasiones jugosas. Punto 2. La temperatura: El color crepuscular y fronterizo dePeckinpah, elsentidoagridulce de la amistad de Hawks, el ritmo y la intriga de la cabalgada de Ford y un punto de la negrura y el cinismo de Eastwood... todo ello con ambición calculada y con voluntad de sur: es un western escurrido hasta Bolivia. Punto 3. La trama: el plano corto del impresionante rostro de Sam Shepard, laurdimbre desu pellejo, sugiere el devastador viaje desde aquel final épico y trágico de Dos hombres y un destino hasta un presente agotado pero a punto de saltar por los aires. Punto 4. El espacio: el triángulo entre Shepard, Noriega y el espléndidoStephen Reacontienetoda laesencia del western, esa camaradería entre amigos y enemigos, el respeto, la obsesión, la desconfianza, la lucha por la supervivencia, la mezcla de vilezaylealtad... ycrea un territorio interior reflejo exacto del exterior, tan frondoso como desértico, tan acogedor como adverso y letal. Punto 5. El tiempo: la nostalgia de los flash- back (otro pulso a la temeridad que gana con brillantez Mateo Gil, pues convierteen originallo quepodríaser sucedáneo) ylaamargurade unpresente que cabalga hacia el despeñadero. Y la sutura es con doble hilo: el recuerdo de Butch Cassidy entre los despojos de Blackthorn, que encarna Sam Shepard como un camaleón mimetizado en su entorno. Sin la presencia y la sugerencia de este hombre capaz de rasguear un rifle como si empuñara su guitarra (él pone la letra, pero también la música y la voz) la película no alcanzaría la profundidad abisal a la que llega, y llega, además, con un desenlace digno, cínico, sombrío e irreal como la vida misma. Tal vez no estemos ante la película del año, pero no se ve otra una nube de polvo en el horizonte de la pradera.