Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO, 18 DE JUNIO DE 2011 abc. es opinion OPINIÓN 15 EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA LA HERMANA MUERTA Armado y herido de dolor, ha escrito Santiago Castelo un libro grandioso, sin duda el más conmovedor de todos los suyos Q UIEN sabe de dolor todo lo sabe, escribió Dante; y, armado o herido de dolor, el poeta parece dotado de una sabiduría secreta, capaz de alumbrar los más delicados manantiales de la belleza. Así, armado y herido de dolor, ha escrito Santiago Castelo un libro grandioso, La hermana muerta (Ediciones Vitrubio, Madrid, 2011) sin duda el más acendrado y conmovedor de todos sus suyos, la cúspide de un talento poético que había cantado la fiebre gozosa del amor, los paisajes incesantes de la infancia, los males recatados de la ausencia, el alborozo de la amistad, la ceniza de lo que se pierde y el rescoldo de lo que se gana; y que en este poemario, que es cifra de una vida entera, pulsa la nota definitiva del dolor, allá donde el poeta verdadero se confronta con el misterio último, para fundirse con él. El detonante de este libro sublime es- -lo pregona el título y lo destila cada verso- -la muerte de la hermana del poeta, la también poeta Lola Santiago, corazón hecho vuelo, criatura de aterida humanidad que nos dejó hace un par de años, para anidar en una región de pájaros y de ángeles... y también en el pecho de su hermano, convertido en un tabernáculo que vela su muerte en el rellano de la noche, mientras la tristeza avanza como un rosal de otoño. Y la muerte de la hermana, erigida en centro gravitatorio del poemario, atrae en torno a sí, como en una pululación de enjambre, otras muertes antiguas o recientes, impremeditadas o previsibles: la muerte del padre, la muerte del amigo de la infancia, la muerte del patrón, la muerte del poeta fraterno, la muerte derramada por doquier, aventando su siega insomne. Y en medio de esa pululación de muertes, la voz de Santiago Castelo es como una lamparilla de aceite donde se escancia el dolor, como un jilguero de llanto revoloteando en la jaula ardiente de los recuerdos, palpando en el aire ese verso que sueña con hacerse nardo en la voz invisible de la hermana muerta. Santiago Castelo escribe con esa clarividencia que nos concede el dolor cuando ya se ha apaciguado la sublevación del llanto; y así su verso, como una flor que brota entre los escombros, tiene una cualidad agradecida y tierna, una hondura de penas aquietadas, una desnudez de rosa que se deshoja al final de la tarde, sostenida en el equilibrio exhausto deun búcaro. Santiago Castelo sabe que la primavera siempre para mí estará helada pero esa certeza inamovible no se retuerce en los abismos de la angustia, sino que se orea en los altillos de la esperanza; y de esa esperanza, frugal y reparadora como la brisa que mece los trigales, brotan los mejores poemas de este libro, que tiene algo de responso de difuntos y algo de ángelus de mayo, como si más allá de la sangre detenida en las venas alumbrase una estrella, exorcizando la noche. Lola Santiago dejóa su hermanoen soledad y llanto el día de la Ascensión: el calendario, que esconde númerosque hielan la sangre, también alumbra misterios que alivian el dolor. Por eso el poeta, al final de su libro, puede atisbar el país de la Vida, mientras viaja, Extremadura al fondo, hacia la luz poniente que incendia el paisaje. Y es entonces, en la dulce ceguera del sol que se retira, cuando Santiago Castelo vislumbra la vida que no muere, la eterna sinfonía en voz de claridades Hacia esa vida que no muere camina su dolor; y su elegía se cuaja entonces de una tristeza serena que ensancha las costuras del alma. Y el poeta se abraza entonces a la hermana muerta, hechos pájaros ambos, mientras la noche se enseñorea de la tierra. Quien sabe de dolor todo lo sabe. UNA RAYA EN EL AGUA IGNACIO CAMACHO EPIDEMIA GRIEGA El fraude consistía en crear un Estado del bienestar ficticio a cuenta de emitir deuda y ocultarla en los balances C MÁXIMO ASI todo lo que dejaron por inventar los chinos lo inventaron los griegos: el teatro, los juegos olímpicos, la trigonometría, los efebos, las musas, la depilación, el yogur, la democracia. Los griegos antiguos, claro; los clásicos. Sus sucesores modernos son menos afortunados y están a punto de reinventar la bancarrota de Estado. El recorrido histórico que va de Pericles a Karamanlis es el que va de la ciudad- nación al fraude- nación y del brillante estadista al oscuro manipulador de estadísticas. Pericles fue el hijo ilustre de un político, Jantipo, y Karamanlis la oveja negra de otra estirpe de próceres, igual que este torpe Papandreu desciende de un Papandreu algo más listo. La degeneración dinástica no es un invento griego pero hay que reconocer que en los últimos tiempos lo han perfeccionado bastante. El colosal fraude heleno se puede llevar por delante el euro y hasta la Unión Europea tal como la conocemos. La técnica del engaño se basaba en crear un Estado del bienestar ficticio a cuenta de emitir deuda y ocultarla en los balances. Un viejo procedimiento socialdemócrata que en Grecia adoptaron también los conservadores. Crearon subsidios, dádivas asistenciales y pensiones vitalicias que seguían cobrando los muertos. Multiplicaron los funcionarios de una administración corrupta y camuflaron el gigantesco déficit con un birlibirloque de ingeniería financiera. Cuando se descubrió el pastel el país estaba en quiebra irreversible, y ya ni urbanizando la Acrópolis podía pagar el rescate con que la UE acudió en defensa de su propia estabilidad monetaria. Los inversores que han prestado dinero en ese agujero sin fondo están a punto de palmar la inversión y empiezan a desconfiar de todo el mundo. En eso consiste el contagio griego: los acreedores son presa del recelo y están empezando a mirarnos a nosotros, los españoles, con cara de muy mala leche. España no es Grecia, claro, pero convendría además no parecerlo. La sospecha de una deuda autonómica escondida y la dudosa contabilidad de las cajas de ahorros evocan los fantasmas atenienses, y este reciente clamor de indignados callejeros tiene un aire- -por ahora menos virulento- -a la protesta popular de los griegos que se rebelan contra banqueros y políticos. La gente que ha vivido por encima de sus posibilidades no está dispuesta a admitir la dolorosa realidad de un ajuste duro y se rebela contra los recortes que tratan de embridar el dispendio. En Grecia quizá sea ya demasiado tarde; está de hecho en suspensión de pagos y el ministro de Defensa se ha hecho cargo de las finanzas para implantar una economía de guerra. Huele a fracaso- país, a Estado fallido. Aquí aún estamos a tiempo de evitar el barquinazo, pero la terapia va a doler y no hay anestesia. Quizá se trate de elegir entre la indignación y la ruina antes de tener que apechar con las dos cosas al mismo tiempo.