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ABC SÁBADO, 11 DE JUNIO DE 2011 abc. es opinion LA TERCERA 3 F U N DA D O E N 1 9 0 3 P O R D O N T O R C UAT O L U C A D E T E N A ESPERANZA DE LA POLÍTICA POR ANTONIO HERNÁNDEZ- GIL En estos momentos de crisis, es improbable que la inercia de nuestros viejos modos de gobierno nos lleve a buen puerto. Sería deseable que, precisamente ahora, a la política fueran los mejores den en un magma que fluye y mantiene a todos- -protagonistas, comunicadores y su público- -atentos como si se tratara de uno de aquellos interminablesseriales radiofónicosque algunosconocimos en nuestra juventud. Parecen vivir de ello. Por enlazar con las palabras iniciales de Sandel, no estoy seguro de que estemos debatiendo sobre los fundamentos del Estado del bienestar o la amplitud que requiere la regulación de la actividad económica para embridar un capitalismo sin alma que no ha sido capaz de mantener la dosis de crecimiento indispensable para no herir aún más a los más. Acabamos de pasar por un proceso electoral como quien pasa un sarampión (solo que, a juzgar por la historia, no nos inmuniza) y resulta difícil retenercuáles hansido los diagnósticos, los pronósticos y los tratamientos propuestos para los males del contrario y de las consignas dirigidas a los ya convencidos. Tampoco acompañan el pensamientocrítico, laciencia yel ensayo, pocosignificativos o lejanos. Para un profesional del Derecho, por ejemplo, ha sido triste el silencio sobre los problemas de la justicia en el ámbito de las autonomías con competencias transferidas, incluso allí donde se está dejando morir de desatención a una parte esencial del sistema constitucional de la justicia como es la asistencia jurídica gratuita a los más desfavorecidos prestada con el esfuerzo de miles de abogados de oficio, injustamente demonizados para tapar la imprevisión de quienes no saben o no quieren asegurar un servicio público imprescindible para la cohesión social. Como ha sido sintomática la falta de debate previo sobre el verdadero estado de las cuentas públicas municipales o autonómicas, apuntando unos y otros gestores partidas de gastos incurridos, debidos y no pagados en una barra de hielo con la mirada distraída en otra parte, hasta que venga una nueva administración a desvelar la gravedad de la situación, si es que los siguientes pueden tirar la primera piedra, o hasta que la ruina sea inmanejable. Pero, desde luego, no hablamos de cómo y por qué se está perdiendo el control de las fuerzas que gobiernan nuestras vidas y nos conducen al empobrecimiento económico y cultural, a la destrucción gota a gota del empleo y, lo que es más grave, a la certeza de que para muchas familias difícilmente habrá nuevas oportunidades. Los mercados se han convertido en un conjuro esotérico para exorcizar las culpas, como si, por definición, el mercado no fuéramos todos, en términos globales, incluyendo los modestos ahorradores privados, la inversión del dinero que serán nuestras pensiones, y unas administraciones públicas que han hipotecado nuestro presente y nuestro futuro y no pueden pagar a sus cientos de miles de empleados, ni devolver el dinero que han tomado prestado, si no es con nuevos créditos. Distinto es que haya que profundizar en una ordenación que se ha demostrado insuficiente. Son patéticos los gestos del deudor dándoles puntapiés a sus acreedores al tiempo que los necesita para que le sigan financiando, más barato, por favor, que nosotros también ayudamos no presionando demasiado en la regulación o facilitando el reflotamiento de entidades deterioradas. Socializamos las pérdidas como nuncase socializaránlos beneficios. Es comprensible la indignación de ese puñado de jóvenes en la calle y otros millones en sus casas, sin opción, que se sienten desconectados de la clase política y exigen, un poco de cualquier modo, un mucho sin posibilidades de éxito, todavía, una mejora de nuestra calidad democrática. Otra política. ampoco hablamos de la fábrica moral de unacomunidadfragmentadaycondificultades para interiorizar lo colectivo como soporte delbien común, un concepto básico que suena a otra época. Claro que la moralidad pública en términos de filosofía política y social es algo muy diferente de los rastreros juicios de valor sobre la conducta del adversario que se prodigan en nuestra escena. Habría que ocuparse con método y rigor de las distintas concepciones de la justicia social; de los espacios y garantías de la libertad personal y de empresa; de las instituciones que todavía nos faltan para gestionar los problemas que plantea la globalidad; de los flujos migratorios y la integracióndelosextranjeros; delosnuevos principios que requieren una economía de la escasez en lo que ha sido el primer mundo y un orden internacional cuyas herramientas han quedado obsoletas; delafunciónvertebradoradelaresponsabilidadsocial de cada ciudadano; de la igualdad y de las intolerables desigualdades. Elevar el punto de mira. En estos momentos de crisis, es improbable que la inercia de nuestros viejos modos de gobierno noslleve abuen puerto. Sería deseable que, precisamente ahora, a la política fueran los mejores. Pero como eso no parece posible en ningún lugar del mundo, que al menos todos nos ocupemos dela Política, con mayúsculas, para un pensamiento más lúcido y una exigencia más firme hacia quienes la ejercen bajo nuestro mandato. Norberto Bobbio, granjurista yhombresabio, decía en 1989: Respecto a las grandes aspiraciones de los hombres de buena voluntad, vamos ya con demasiado retraso. Tratemos de no aumentarlo con nuestra desconfianza, nuestra indolencia, nuestro escepticismo. No tenemos mucho tiempo que perder Hoy, veinte años después y dramáticos cambios en el último minuto, losciudadanosseguimos siendola gran esperanza de la política. ANTONIO HERNÁNDEZ- GIL ES DECANO DEL COLEGIO DE ABOGADOS DE MADRID L OS partidos políticos son incapaces de dar sentido a nuestra condición de ciudadanos. Los tópicos principales del debate nacional- -el objetivo correcto del Estado del bienestar, la extensión de los derechos y facultades, la dosis justa de regulación a cargo del Gobierno- -se construyen con argumentos propios de épocas anteriores. No son cuestiones sin importancia; pero no llegan a las dos preocupaciones que laten en el corazón descontento de la democracia. Una es el miedo a estar perdiendo, individual y colectivamente, el control de las fuerzas que gobiernan nuestras vidas. La otra, la sensación de que, desde la familia al vecindario y a la nación, la fábrica moral de la comunidad hace crisis a nuestro alrededor. Estos dos temores- -la pérdida del autogobierno y la erosión de la comunidad- -definen juntos la ansiedad de esta época Sonlaspalabrasinicialesdellibroqueun conocido profesor de Derecho de Harvard publicó hace quince años: El descontento de la democracia: Américaenbusca de una filosofíapública. MichaelJ. Sandel preconizaba en 1996, con el objetivo de recuperar la voz cívica frente al voluntarismo reinante, una filosofía política sobre la ciudadanía, la libertad, la justicia y la democracia indagando en Hobbes, Rousseau, Tocqueville, no tan distantes, para explorar con su ayuda en la conciencia colectiva y proponer soluciones a los problemas ya entonces acuciantes de una sociedad desorientada. Hoy, con aquella ansiedad premonitoria convertida en auténtico drama, podemos encontrar muchas reflexiones semejantes y gran variedad de respuestassegún los autores. En Estados Unidos. No sueño con el sueño americano, que tiene mucho que ver con elorigen de la crisiseconómica quetodos sufrimos, pero envidio la capacidad autocrítica de aquel país; su predisposición a dedicar los recursos necesarios para estar en la avanzada académica de las preocupaciones sociales sin perder la perspectiva fundamental de la filosofía política. El principio para una posible regeneración. Aquí miro alrededor y, en general, veo discursos queapenas levantanunpalmodelsuelo. Afirmaciones vacías, que no soportan su inversión en negativo porque perderían todo sentido (vamos a crear empleo, o no vamos a consentir la corrupción, cuandonadiediría locontrario) noticiasnimias, que importan sobre todo al interés del político que las genera o de su entorno próximo y que, sin embargo, merecenlarespuestainmediata de losdemáspartidosy la glosamulticopiada en columnas periodísticas, según el color, durante días, hasta que las afirmaciones, las respuestas y los comentarios se fun- T ELIGE UN ALTO Rentabilizamos esfuerzos TIPO MUY bancopopular. es 902 105 407