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80 GENTESTILO SÁBADO, 7 DE MAYO DE 2011 abc. es estilo ABC McQueen, que estás en los cielos La firma del fallecido diseñador vive su mejor momento. Pero, ¿qué hay tras el vestido de novia de Catalina Middleton? ANA UREÑA El rey ha muerto. ¡Viva la reina! Esta es, quizás, la mejor forma de expresar lo que ha sucedido con la casa Alexander McQueen tras el fallecimiento de su creador, el 11 de febrero de 2010. Pero quienes crean que cuando decimos viva la reina nos referimos a Sarah Burton, ayudante de Lee (así le llamaban sus amigos) desde sus comienzos, se equivocan. Sarah es, oficialmente, la directora creativa de la firma, aunque algunos aseguran que quien verdaderamente lleva las riendas es Anna Wintour, directora de Vogue USA Cuentan las malas lenguas que a la hora de hacer el primer boceto para el vestido de novia de Catalina Middleton, Wintour puso ante los ojos de Sarah una fotografía de la boda de Grace Kelly para que le sirviera de inspiración. Cierto o no, el mérito de diseñar tan emblemática y costosa pieza es de Sarah. Ahora bien, para ello tuvo que hacer uso de todas las enseñanzas recibidas como mano derecha del diseñador y de sus vivencias en la maison McQueen. El encaje, por ejemplo, recuerda al que se utilizó en algunos vestidos de la colección póstuma del diseñador (OtoñoInvierno 2010) y los ochos que llevaba la espalda del vestido eran típicos de él. McQueen trabajó con los sastres de la calle Saville Row (Londres) y junto a ellos aprendió a entallar y a estructurar como nadie. Alexander y Sarah fueron alumnos de la prestigiosa escuela Central Saint Martins, pero las similitudes entre ambos terminan ahí. El diseñador Sebastián Pons, que trabajó con ambos en McQueen, nos lo cuenta: Lee y Sarah no tienen nada que ver. Él era un jefe muy particular y buscaba gente sumisa. Y ella era la assistant perfecta: aplicada, responsable, humilde y muy trabajadora. Es lo que se necesita para trabajar con un genio Y nos asegura: Él la quería con locura Lo malo para Sarah era que, efectivamente, al lado de un genio es imposible destacar. De hecho, nadie supo de ella hasta la muerte de Alexander McQueen. Pero hoy, gracias al célebre traje nupcial (y al de la dama de honor, Pippa Middleton) Sarah Burton está en boca de todos. Habría que ver si una persona tan reservada como ella puede sobrevivir esta notoriedad. Esperemos que no se convierta en una marioneta en manos de Anna Wintour, anfitriona, por cierto, de la fiesta de presentación de una exposición retrospectiva de McQueen que recientemente ha tenido lugar en el Metropolitan Museum of Art (MET) de Nueva York. Quienes allí acudieron pagaron, sin rechistar y dando las gracias, la friolera de 1.000 euros por cubierto. Por muchas ideas románticas que tengamos sobre la moda, lo que mueve los trapitos es el dinero. Lee era un idealista, un visionario. Le privaba lo conceptual, con un punto gótico y un guiño macabro. Huía del lado más comercial de la moda. ¿Dónde quedan hoy sus ideales? ¿Se convertirá su firma en una más entre tantas que viven de las ventas de sus perfumes? Sobrevivir a la fama Santo y seña de la casa ROMÁNTICA Y TRANSGRESORA. Así es la mujer que Burton presentó sobre la pasarela, para la colección Otoño- Invierno 2011 (izquierda) Puro contraste con el clasicismo que se vio la pasada semana en Westminster Sarah Burton, una estrella en el MET En la reciente gala del MET, la creadora del vestido de novia de la Duquesa de Cambridge fue protagonista. De izquierda a derecha, algunas invitadas que vistieron de McQueen y Burton: Naomi Cambell y Vladislav Doronin; Gisele Bündchen con su esposo, Tom Brady; Sarah Jessica Parker, y Salma Hayek con Francois- Henri Pinault