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ABC SÁBADO, 7 DE MAYO DE 2011 abc. es sociedad SOCIEDAD 55 Sin tiempo para retirarse Enrique Moreno es catedrático de Patología Quirúrgica, Premio Príncipe de Asturias y, entre otras muchos reconocimientos, doctor honoris causa por más de una veintena de universidades. Pero, sobre todo, es un pionero. Fue el primero en dividir el hígado de un donante para aprovecharlo en dos personas, el que se lanzó a trasplantar a un recién nacido o el que probó a cambiar todos los órganos digestivos de un paciente. Superada la séptima década de su vida, aún no piensa en retirarse. No ha aflojado el ritmo. Todas las mañanas sale de casa a las 6.45 y llega a la una de la madrugada. Opera, opera y opera. Los que han trabajado con él dicen que lo hace con el mismo ímpetu que cuando tenía 40 años. La verdad es que me lo paso muy bien. Seguiré trabajando mientras sea útil para la investigación y los enfermos IGNACIO GIL PRÓXIMO RELEVO La salida de Barbacid del CNIO se decidirá en menos de diez días N. R. C. MADRID Noemí, la primera española que recibió un trasplante multivisceral I. GIL Una rareza en adultos Los trasplantes multiviscerales o en racimo son una rareza en adultos. Son desconocidos y también difíciles de practicar por la falta de órganos. En el país de los trasplantes, los donantes jóvenes empiezan a escasear. O son de muy corta de edad- -niños recién nacidos- o personas entre la sexta y la séptima década de la vida que mueren con un organismo más deteriorado. España mantiene su liderazgo mundial en trasplante pero empieza a acusar el descenso de donaciones. Detrás de esta pérdida de órganos hay una mala noticia- -un aumento de las familias que rechazan donar- y dos éxitos de los que alegrarse: un mejor control de los infartos cerebrales y la reducción de los accidentes de tráfico. mos a nuestro centro porque no creen que el trasplante intestinal es posible, o lo hacen cuando ya están moribundos. Son personas que si no se someten a esta intervención morirán Entre los posibles pacientes que podrían dar un giro a su vida están aquéllos que han perdido el intestino por un accidente quirúrgico, o su tejido se ha ido acortando en varias cirugías para corregir enfermedades intestinales inflamatorias. Los pacientes se acaban muriendo si no se someten a un trasplante lamenta. Mientras habla, dibuja. Y lo hace al revés para que quien se siente enfrente no tenga que esforzarse en entender sus explicaciones. Siempre lo hago con mis pacientes, para que no les quede duda de lo que les pasa y les vamos a hacer en el quirófano Enrique Moreno lleva más de 25 años en el mundo del trasplante digestivo. Su primer recambio de hígado lo hizo en 1986. Era un enfermo con un tumor hepático. Todo fue bien pero falleció a los seis meses porque el cáncer siguió avanzando. Veinte días después llegó Damián, un peque de dos añitos que necesitaba un hígado nuevo. Hoy aquel niño sigue vivo y aún viene a mi consulta Como el caso de Damián hay decenas. En este cuarto de siglo, sus manos han cambiado la vida a más de 1.600 personas. Moreno solo necesita unos segundos para recordar con precisión: 1.500 trasplantes de hígado, 18 de intestino, cuatro multiviscerales o cluster y 200 de páncreas) Con estas cifras, que le han ascendido a los altares de la Medicina y le han merecido el Premio Príncipe de Asturias, lo curioso es averiguar que lo que realmente le apasiona es la cirugía del cáncer. Disfruto más. Son las operaciones con las que me siento más útil y cómodo. El trasplante se repite, hay diferencias pero son mínimas. El cáncer siempre es más estimulante Como si fuera una partitura, asegura que la cirugía que mejor interpreta es la del cáncer y, en concreto, la de esófago y vías biliares. A sus 71 años no piensa en la jubila- ción. Veo como otros compañeros se jubilan y envejecen. Yo también me hago mayor, pero prefiero no verlo. Lo único que te puede echar es el propio hospital. El día que vaya por un pasillo y no haya un enfermo o un médico que me pare para preguntarme algo, me iré. Eso significará que el hospital ya no me quiere Hoy eso parece lejano. Resulta difícil atravesar el hospital 12 de Octubre sin pararse tres o cuatro veces antes de alcanzar los quirófanos. En el entretanto sigue operando, con la misma vitalidad que hacía al comienzo de su carrera. Se embarca en nuevos retos como los trasplantes intestinales. Opera y enseña al resto de cirujanos. Bajo su protección se han formado la mayoría de los cirujanos que hoy dirigen grupos de trasplante hepático en España y en Latinoamérica. Cuando aparezco en el quirófano, veo cómo sufren. Así que me paso todo el tiempo diciéndoles así, bien, muy bien Lo hacen muy bien, pero necesitan ganar confianza La próxima reunión del Patronato de la Fundación del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) prevista para el 16 de mayo, podría decidir la salida de Mariano Barbacid de la dirección. El relevo de Barbacid empezó en septiembre de 2009, el mismo día que anunció su intención de dejar la gestión para dedicarse de lleno a su trabajo científico. En estos dos años se han manejado listas con posibles nombres para sucederle, aunque no se había encontrado un sustituto de consenso. La reciente polémica con el Ministerio de Ciencia por el bloqueo de fondos para una investigación que podría abrir una nueva vía para atacar el cáncer de pulmón puede ahora precipitar su salida. El caso Barbacid ha ido más allá de una lucha por la escasez de recursos. Barbacid insistió en la importancia de su estudio para los pacientes. Ciencia le acusó de falta de ética y de despertar falsas expectativas a la sociedad con una posible vía de tratamiento que solo ha ofrecido resultados preliminares en ratones de laboratorio. Ayer la Sociedad Española de Oncología Médica, sin citar a Barbacid, insistió en analizar en profundidad la transmisión de la información sobre proyectos de investigación, con el fin de no generar falsas expectativas en los pacientes. El Patronato discutirá los perfiles de cuatro candidatos, con perfiles muy diferentes. Tres son extranjeros y uno nacional. Los nombres que se manejan tres nombres. Uno de ellos está en el propio centro: María Blasco, directora del programa de Oncología Molecular del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas de Madrid. Otro de los candidatos es Carlos Caldas, un científico de origen portugués que trabaja en el Instituto de Investigación del Cáncer de Cambridge, en el Reino Unido. El tercero es Pier Paolo Pandolfi, experto en genética del cáncer. Los dos primeros son los nombres que suenan con más fuerza y puede que la precipitación de los acontecimientos lleve a apostar por la candidata española. Un portugués en el CNIO