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14 OPINIÓN AD LIBITUM PUEBLA SÁBADO, 7 DE MAYO DE 2011 abc. es opinion ABC MANUEL MARTÍN FERRAND EL ÁMBITO POLÍTICO DEL TC El ámbito jurídico termina en el Supremo. El del Constitucional es un ámbito político E L DRAE le llama respeto a la veneración, al acatamiento, que se hace a alguien. En ese sentido cabe decir lo que todos dicen al hilo de la decisión del Tribunal Constitucional en la que se le enmienda la plana al Supremo a propósito del vidrioso caso Bildu. Si nos atenemos a la definición de respeto que da en su diccionario Julio Casares- Justa apreciación de las excelencias morales de una persona y acatamiento que por tal causa se le hace -es más difícil respetar al TC que preside Pascual Sala, un notable magistrado presente en todas las salsas judiciales del socialismo español desde los ya lejanos días en que Felipe González acabó con la separación de los poderes del Estado y Alfonso Guerra pudo anunciar, con precisión científica, la muerte de Montesquieu, barón de Secondat; la enfermedad de partida de nuestra democracia que el PP debiera proponerse sanar. Lo que para el Supremo era este pasado lunes una estrategia diseñada por ETA para concurrir a las elecciones en las municipales del País Vasco y en las municipales y autonómicas de Navarra, no lo era ayer para el Constitucional. Los grandes servidores del Gobierno de Zapatero, siempre zigzagueante en estos difíciles asuntos, se han apresurado a proclamar que el dilema que presentaba la inquietante coalición de Eusko Alkartasuna, Alternatiba y un puñado de independientes de clara procedencia abertzale se ha resuelto en el ámbito jurídico. No es así. El ámbito jurídico termina en el Supremo. El del Constitucional es un ámbito político como demuestran su raíz fundacional, la provisión de sus miembros y las sentencias que, desde la de Rumasa, vienen sorprendiéndonos y debilitando la confianza constitucional de muchos ciudadanos que, dado el cuadro institucional español, consideramos ese TC como algo innecesario. Superfluo. Si, como el TC nos enseña con su ejemplo, nos instalamos en la presunción, es muy posible que si el pasado mes de enero, cuando después de la crisis marcada en la institución por su polémica sentencia sobre el Estatuto de Cataluña, Pascual Sala y Manuel Aragón- -ambos igualmente progresistas- -se disputaban la presidencia del TC hubiera resultado elegido el segundo en vez del primero, el equilibrio hubiera sido ahora otro bien distinto. En materia de tribunales, sean del rango que fueren, lo importante no es la clasificación política de quienes los integran. Eso no necesariamente imprime carácter. Lo que marca a los integrantes de un tribunal es su nivel de independencia. Y lo que son las cosas, el progresista Aragón, entonces, defendió la idea de España como Nación y ahora ha votado con los conservadores. HAY MOTIVO TOMÁS CUESTA EL CLÁSICO DE RUBALCABA Las evidencias, certezas y pruebas que conectan a los de la capucha con los de la urna, no han servido para nada L A precampaña en España es un clásico en el que la pegada de carteles se ha convertido en un rito judicial mediante el cual las candidaturas de ETA son blanqueadas al filo de las campanadas. Doblan a muerto, tañidos negros y que corra el kalimotxo Para solaz de la grada proetarra, aquí sí ha habido patadas, entradas alevosas, agarrones y desgarrones, trampas, juego subterráneo y tensión en los banquillos. Y al final, el equipo arbitral, los jueces de línea y los del Constitucional que miran para otro lado; penalti a favor de Bildu. Hace cuatro años, otros jueces y los mismos jueces dejaron al equipo de ETA con la mitad de las listas sobre el campo. Este año, la noticia del clásico ha sido que todo vale. Ni una triste alineación ha quedado excluida de la gran fiesta de la democracia Y los últimos en enterarse, como siempre, han sido los probos ciudadanos. O sea, que cornudos como siempre y, también como siempre, chasqueados. Toda la documentación elaborada por las Fuerzas de Seguridad del Estado, las actas de las reuniones entre los terroristas y sus mandados políticos, las evidencias, certezas y pruebas que conectan a los de la capucha con los de la urna, no han servido para nada, salvo que el objetivo fuera engordar la sensación de impunidad de la jauría etarra y ofrecerle, además, una satisfacción suplementaria a costa de reírse de las instituciones y repartir collejas a la txakurrada Rubalcaba tendría que dimitirja- ja (ojo al chiste, que es de plata) por prurito profesional y porque ni como traidorzuelo alcanza a dar la talla. Sin poner el acento en quisicosas menores (la moral, la decencia, la dignidad, la ética; el compromiso contraído con los vivos y el contrato de sangre con los asesinados) es reo de lesa incapacidad- -formal y técnica- -a la hora de poner coto a una siniestra martingala. En esas condiciones, cada minuto que continúe en el Gobierno es un ítem que corrobora las sospechas de que el fallo del Constitucional ha sido un petardazo. Si a la Guardia Civil, a la Policía Nacional, al CNI y al ministro del ramo no les cabía, ni les cabe, la más mínima duda de que Bildu es la ganzúa con que los taliboinas van a descerrajar los plenos y las cajas, el fracaso del vicepresidente resulta tan palmario que sólo le queda una salida: la de emergencia y cuanto antes. ¿Cuánto antes? Ja, ja. La carca- ja- ja- da inacabable. En cuanto a esa notilla insulsa que ha expedido el PP atribuyendo el desafuero a una exigua mayoría de leguleyos descarriados parece una intentona de convertir el clásico en un penoso derbi a orillas del Manzanares. Jugamos como nunca, perdimos como siempre Vamos, que si el PNV hubiese cumplido su bravata de embestir contra la tramitación presupuestaria, ahí estaban Rajoy y sus mariachis para echar un capote al fugitivo en vez de los pies por alto. Una exigua mayoría qué alivio, qué descanso. El día que la mataron, Lupita estaba de suerte. De seis tiros que la hirieron, no más tres eran de muerte Corridos de vergüenza, se impone el corrido clásico. ¡Vengan clásicos!