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ABC VIERNES, 25 DE FEBRERO DE 2011 abc. es cultura CULTURA 65 Teatro Obras de Lope de Vega y Antonio de Solís y Rivadeneyra comparten estos días espacio en la cartelera La cocina de los clásicos JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN MADRID LA BUTACA DE GODOT Ofrece la cartelera madrileña dos maneras distintas de abordar la cocina de los clásicos: en el menú del Teatro Pavón sirven suntuosamente una comedia del inusual Antonio de Solís y Rivadeneyra, y en la carta de los Teatros del Canal preparan con sobriedad una formidable tragedia lopesca. Juan Carlos Pérez de la Fuente es el chef que elabora en el Pavón Un bobo hace ciento el plato con el que la Compañía Nacional de Teatro Clásico conmemora el cuarto centenario de Solís (1610- 1686) autor amigo de Calderón, Cronista Mayor de Indias y célebre por su Historia de la conquista de México Destacado entre la pléyade de nuestros segundones del Siglo de Oro, Solís fue uno de los dramaturgos que configuró la que se llamaría comedia de figurón. Lo es el don Cosme de Un bobo hace ciento estrenada en la corte madrileña ante Felipe IV, según parece, el Martes de Carnaval de 1656. La trama presenta dos parejas de enamorados: don Luis ama a doña Ana, hermana de su amigo don Diego; este ama a doña Isabel, hermana de don Cosme, quien bebe los vientos por doña Ana y es el bobo que enmaraña los hilos de la historia; en paralelo, como era habitual en las comedias de enredo, criados y criadas entablan sus amoríos. Pérez de la Fuente practica la cocina Un bobo hace ciento de autor y firma un Teatro Pavón ejercicio de direcMadrid Hasta el 3 de abril ción hercúleo, pródigo en matices y texturas, atento a mil y un detalles (apoyos musicales, guiños, movimientos escenográficos... de ritmo velocísimo y repleto de alusiones. Desde la impactante loa alegórica con que comienza la función, la propuesta exige un esfuerzo sobrehumano a los actores, todos magníficos, tanto en su atención al texto como a la multitud de mohines, subrayados corporales, desplazamientos de carras y sincronización con los efectos de sonido que incluye su trabajo; y escribo todos, Si Pilar Jurado se dejara aconsejar ALFONSO ARMADA El valor y el talento no se los niega nadie. Porque hace falta mucho valor y mucho talento para convertirse, con todo merecimiento, en la primera mujer que estrena una ópera en el Teatro Real: firma partitura y libreto y canta además uno de los papeles principales. Casi todo lo hace bien Pilar Jurado, salvo escribir. Porque tanto la historia como las palabras de La página en blanco -pese a la enjundia de sus temas- -resultan de una puerilidad que la forma cantada no hace sino acentuar. Es una lástima. Porque la partitura merecía un libreto a su altura, igual que vestuario, escenografía, iluminación y dirección escénica: acordes con la ambición de una compositora y una cantante que si se dejara aconsejar podría alcanzar las más altas cotas del teatro total. Una imagen de Un bobo hace ciento melopea transgresora del Carnaval inunda la función y hace que la bobería de don Cosme contamine a los demás personajes, de tal forma que el figurón los convierte en figurones. Por su parte, Ernes to Arias opta por El castigo sin venganza una austera concenTeatros del Canal tración de sabores Madrid Hasta el 27 de para El castigo sin febrero venganza hermoso y desolador texto de Lope (1652- 1635) que escribió la obra en 1631, cuando, ya crepuscular, veía cómo una caterva de dramaturgos jovenzuelos encabezados por el robusto Calderón le comía terreno en los escenarios. Una novela del renacentista italiano Mateo Bandello, frecuente caladero argumental de Shakespeare y otros autores, le sirvió de base para este drama de amores desgraciados en el que Federico, hijo bastardo del libertino duque de Ferrara, se enamora fatalmente de su madrastra Casandra y es correspondido. Como lavar en público esa mancha de honor sería difundir la afrenta, el de Ferrara urde un retorcido plan para que los amantes mueran de mala manera sin que la traición se sepa. CHICHO del don Cosme de Albaladejo a la Juana de Eva Trancón, pues no hay espacio para la cita pormenorizada. Espléndidos también la escenografía de Cenier, un precioso conjunto de maquetas móviles de madera que conforman el laberíntico Madrid del XVII, la iluminación de Guerra y el vestuario- -aleación de atmósferas barrocas y románticas- -de Artiñano. Una nota de degustación: la complejidad suculenta de la receta no ayuda siempre a que el paladar se oriente. Son tantos los vaivenes, vértigos y filigranas que borbotean en la olla de la puesta en escena, que en ocasiones ralentizan la acción, desperdigan la atención y embrollan los embrollos de la trama. La Es tanta la calidad del producto- -Lope está años luz por encima de Solís- -que Arias apuesta por una cocina esencial que no necesita potenciadores de sabor. Desnudo casi de condimentos, potente y sencillo, su plato es pura proteína. El chef sabe desplegar la embriagadora carga poética del segundo acto, que contiene memorables versos amorosos, entre los mejores de nuestra literatura, y explicitar los sutiles aromas psicológicos de los personajes, agitados por tormentas interiores contrapuestas. No está tan bien perfilado el aperitivo a que ha sido reducida la primera escena, en la que una profesoral voz en off sitúa la acción. La concisa escenografía de López Villalba evoca al tiempo la frondosidad de un bosque y las columnas palaciegas. Con pinceladas de concentración expresiva, dibuja Rodrigo Arribas un estupendo y arrebatado Federico. Gerardo Malla hace de su duque de Ferrara un convincente patricio guerrero, Lidia Otón brilla como Aurora, la joven enamorada del bastardo, y Jesús Fuente encarna con sabia precisión al gracioso Batín. El resto del reparto realiza un muy correcto trabajo en líneas generales.