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14 OPINIÓN AD LIBITUM PUEBLA VIERNES, 25 DE FEBRERO DE 2011 abc. es opinion ABC MANUEL MARTÍN FERRAND AFÓNICO CACAREO Hablar de avance social cuando 4,7 millones de españoles están en el paro es toda una provocación H UBO un tiempo, cuando Madrid era una provincia más de Castilla la Nueva, en que la ciudad, alegre y confiada, discutía, en el Ateneo, sobre la existencia de Dios y, en los cafés, para tratar de dilucidar si la media tostada de arriba era más o menos apetecible que la de abajo. Es decir, si un panecillo cortado a su través para, en su caso, sazonarlo con aceite o untarlo con mantequilla y mermelada, era más apetecible en su mitad superior o en la inferior. En el Ateneo, hoy tan lánguido, no llegaron a ninguna conclusión. En los cafés tampoco. Se proclamaron banderías defensoras de cada opción posible como corresponde a la más pura tradición española en la que la organización del disenso, por inútil que resulte, sigue teniendo el prestigio de la buena educación y el acatamiento de, dicen, lo verdaderamente democrático. Ahora, para merma de la inteligencia común, lo que se lleva es que un líder político se asome a una tribuna, lo mismo da que ésta tenga la gravedad de un Parlamento que la ligereza de un desayuno, y se largue una machada para que los demás, después, le pongan a caer de un burro. Todo depende de la administración que sus cuarteles propagandísticos quieran o sepan hacer del mensaje principal o de sus más o menos polémicas derivadas. Ayer, en esa línea de vacía provocación y gran desfachatez, José Luis Rodríguez Zapatero se fue al Congreso para, en plena resaca evocadora del 23- F y tras haber rehusado la sesión de control de antier, sacar pecho y presumir de la política social que ha desarrollado desde que, hace ya siete años, sobrevino presidente del Gobierno. Es un caso límite de cacareo afónico. Lejos de, con apariencia de humildad y fondo de prudencia, esconderse en la astucia del silencio, se sube a la tribuna para ponerse en evidencia. Hablar de avance social cuando, por lo menos, 4,7 millones de españoles están en el paro es toda una provocación de las que, en su solución cómica tradicional, merecen una tarta estampada en la cara y, en la más dramática y reivindicativa, una algarada callejera que desahogue al personal y coloree las mejillas del provocador. ¿Qué puede hacer la oposición cuando el responsable del Ejecutivo se comporta, con intención engañosa, como ayer lo hizo Zapatero? En una democracia sólida y profunda ahí hay madera para una moción de censura; pero aquí, en donde ya no se reivindica ni el derecho al pataleo, Mariano Rajoy se limitó a decir que lo de su antagonista es una broma de mal gusto Y después, capeado el temporal, dedicarse a confirmar a Francisco Camps como titular del futuro de la Comunidad de Valencia. ¿Será esto el progreso? MONTECASSINO HERMANN ¡NO TENGÁIS MIEDO! Las nuevas generaciones árabes obedecen a aquellas consignas de Wojtila. Ni tienen miedo ni se resignan S ON palabras cristianas milenarias. Sin embargo, esprecisamenteenelmundomarcado por sus raíces cristianas en el que más cae en olvido esta bendita consigna. Somos, lo que seha dadoenllamarOccidente, la partedela humanidad mejor tratada en la historia. Toda la humanidad ansía vivir como nosotros. Si hay rincones del globo que no tienen pulsiones migratorias hacia el mundo occidental es porque gozan ya de sociedades inspiradas en las nuestras. Y, sin embargo, también es la sociedad occidental, la más próspera, eficaz y compasiva que jamás ha existido, la que con más facilidad cae eneldesánimoylazozobra. Enmiedossiempreegoístas. Lovemos ahoraen lasreacciones anteel terremoto político, geopolítico, moral y cultural que sacude OrienteMedioyelnortedeÁfricayque, sinduda, cambiará el mundo. Se critica a los líderes occidentales por su complicidad con las satrapías árabes. Pero parece que es nuestra sociedad la que está angustiada porlacaídadelosregímenesqueaplastabanasuspueblos. La mayoría se sentía al parecer más cómoda- -y se creía más segura- -con la certeza de que cientos de millones vivieran sin libertad ni derechos, enjaulados por minorías a las que, a cambio, tratábamos con benevolenciapeseasudesprecioatodasnuestrasreglas morales. Laformamásfácildeconciliarseconlanuevasituación es tomar conciencia de que es inevitable. Que las dictaduras, tal como las conocemos, pertenecerán pronto al pasado. Lamentarlo es, además de moralmente cuestionable, un inútil ejercicio de melancolía. Sin duda, debemos estar alerta ante los muchos peligros posibles. Pero estamos ante la demostración máspalmariadequelahistorianoestápredeterminada. El futuro está abierto, para lo bueno y lo malo. Los jóvenes árabes demuestran que no estaba escrito que tengan que vivir como las generaciones anteriores bajo un poder absoluto. Nosotros no debemoscaer en el fatalismo de sus mayores. Y creer que necesariamente acabarán en manos del fanatismo islamista. Puede ser, pero no tiene por qué. Lo sucedido sugiere que más bien podría ocurrir lo contrario. Y que el islamismo fundamentalista sea la segunda víctima de estainsurrección, enesenciaemancipadora. Lahacen generaciones jóvenes que tienen muy presente el trágico destino de Irán bajo los ayatollahs, un factor disuasorio de toda aventura islamista. Hay razones parapensarqueelrégimeniranítambiéniráprontoal basurero de la historia. Como las dictaduras laicas y lasmonarquíasteocráticas. ComparteestaopiniónSimón Peres, presidente de Israel y uno de los pocos sabios activos en la política mundial. Tuve el privilegio deverloenMadridestasemana, encasadenuestrocomún amigo Mauricio Hatchuell. Y se mostró muy esperanzado. Si este judío que ha vivido siete guerrasen Israel no tiene miedo, no debiéramos tenerlo nosotros. Su esperanza se basa en esos jóvenes que se juegan la vida por su derecho a vivir como nosotros. Su modelo no está en Teherán, sino en Washington, en Estambul o en Berlín. En 1979 fueJuanPabloIIquiendesató, ensuprimera visita papal a Polonia, el terremoto emancipador en Europa Oriental. Dos llamamientos hizo: No tengáis miedo y no resigneis Diez años más tarde caíanunaaunalasdictadurascomunistas. Ypeseatodos los temores y dificultades, ninguno de esos pueblos añora la opresión. En Iberoamérica sucedió otro tanto. Sólo queda la miseria cubana como triste recuerdo del pasado. Las nuevas generaciones árabes hanaceptadoelreto. Obedecen, sinsaberlo, aaquellas consignas de Wojtila. Ni tienen miedo ni se resignan. Debemos hacer otro tanto. El miedo es inútil.