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16 OPINIÓN JUEVES, 24 DE FEBRERO DE 2011 abc. es opinion ABC TRIBUNA ABIERTA TERESA JIMÉNEZ BECERRIL Q ¿POR QUÉ HAY QUE TRAGARSE A SORTU? ble, tanto como para nosostros que no la manejen, pues ello pondría en peligro nuestras vidas. Si ustedes se fijan, los de Batasuna- ETA, léase Sortu, manejan el mismo discurso de Rubalcaba, López, Elorza, Zapatero, Eriguren y la mayoría de los dirigentes socialistas. Todos dicen que estamos ante una gran oportunidad, que se abre una ventana de esperanza, que no podemos desaprovechar este momento histórico. Socialistas y batasunos nos quieren hacer creer que ahora o nunca, descargando sobre los que digamos ahora no y mejor nunca, la responsabilidad de una vuelta de ETA a los asesinatos. Es una estrategia de comunicación perversa, que resulta obligada UE alguien me explique, por favor, por qué los ciudadanos decentes de mi querida patria tenemos que tragarnos este asqueroso sapo llamado Sortu, cuando ya nos hicieron comernos a la serpiente en el 78 y no sirvió para otra cosa que para que sufriéramos una trágica y larga indigestión. Yo, desde luego, no acepto Sortu como animal de compañía. ¿Quién nos obliga a hacerlo? ¿Dónde está escrito que ETA tiene que volver a hacer política? ¿Acaso hemos olvidado que han gobernado y asesinado simultáneamente a lo largo de su siniestra historia siempre que les hemos permitido hacerlo? Está claro que volver a manejar la plata les es indispensa- por parte del mundo etarra, pero que no podemos aceptar de dirigentes de un Estado democrático como es España. Que Rufino Echebarría, Usabiaga, etcétera, nos quieran vender la burra de la reconversión de Batasuna era de esperar, pero que nos la vendan quienes tienen el deber de proteger a la sociedad de una organización terrorista que miente sistemáticamente y que nos ataca desde diversos frentes, es no solo una vergüenza, sino un auténtico atropello democrático. Si Zapatero y Rubalcaba quieren tragarse el sapo Sortu hoy o mañana otros sapos etarras que se colarán en partidos ya legales en el País Vasco, servidos en bandeja por los jueces de turno que no encontrarán mancha en tan inmaculados estatutos, que lo hagan. Espero por el bien de todos que no se les indigeste y que ETA no vuelva a matar como ya hizo. ¿Es posible que no aprendan la lección de que pactar con terroristas es altamente peligroso? Rubalcaba insiste en que la política antiterrorista del Gobierno es un éxito. Y yo me atrevo a preguntarle: ¿de quien? ¿suyo? Por- que, para mí, colaborar con banda armada (chivatazo Faisán) no es ningún éxito; excarcelar y beneficiar a presos etarras que no merecen beneficios, tampoco; como no lo es cerrar los ojos ante este nuevo intento de forzar a quienes somos demócratas a aceptar como compañeros de viaje a quienes no lo son. Es cuestión de principios, algo de lo que carecen quienes nos gobiernan y tristemente empieza a escasear entre los gobernados. No se trata de lo que digan los jueces, ni siquiera los políticos, se trata de lo que todo un pueblo sea capaz de soportar por unos principios, tan elevados como la libertad, la justicia, el derecho a vivir, la dignidad. Son estos momentos cruciales que hemos visto a lo largo de la historia en los que los ciudadanos renuncian a la comodidad, a la seguridad, al egoísmo e incluso al miedo y sacan el valor escondido y lo mejor de sí mismos para dar una lección a quienes se arrodillan frente al enemigo implorándole que les perdone la vida. Quizá sea una ingenua, pero yo sigo esperando que sean los españoles los que ilegalicen a Sortu, con la venia del Poder Judicial. CARTAS AL DIRECTOR Un testigo del 23- F Entre los muchos testimonios publicados sobre el intento de golpe de estado del 23- F, falta el de alguien situado en la tribuna de invitados. Transcribo lo que dejó escrito mi hermana Carmen, casada con Diego Pedroso, que perteneció a cúpula de la CEOE: Diego, mi marido, había sido diputado en la anterior legislatura, y yo había cogido la costumbre de asistir a las principales sesiones de las Cortes, pues era consciente de que se estaba viviendo un momento histórico. Había presenciado la aprobación de la Constitución, la elección de Adolfo Suárez... Las necesarias invitaciones me las proporcionaba mi prima Mamen, hija de Manolo Gutiérrez Mellado. El 23 de febrero de 1981 se iba a producir la elección de Leopoldo Calvo- Sotelo y me fui temprano al Congreso para poder conseguir un buen sitio en la tribuna de invitados y, efectivamente, obtuve uno de los cuatro únicos asientos de primera fila, sentándose a mi derecha Mercedes Royo Villanova, mujer del alcalde de Madrid José Luis Álvarez; a mi izquierda, Antonio Fernández Cid, crítico musical de ABC, y a continuación de éste un cuñado de Leopoldo Calvo- Sotelo. Se estaba produciendo la monótona votación cuando se oyó fuera un tumulto, con voces y gritos, y entró en el hemiciclo el teniente coronel Tejero, pistola en mano, seguido por varios guardias civiles. Yo dije: ¡Esto es un golpe de Estado! y Mercedes me contestó: No, mujer, si siguen votando... Tejero gritó entonces el famoso: ¡Se sienten, coño! y hubo unas ráfagas de metralleta que dieron en el techo. Las tres personas que estaban a mi lado se tiraron al suelo. Yo tardé unos segundos en reaccionar y, cuando quise tirarme, no cabía, por lo que tuve que ponerme en las espaldas de Fernández Cid. Los impactos de bala en el techo hicieron caer esquirlas que dieron a Fernández Cid y al cuñado de Calvo- Sotelo en las piernas. A mí me dieron en la cara y en el brazo derecho. Eran esquirlas metálicas, de las que luego me sacaron casi cuarenta, conservando como recuerdo una en una cajita y dos en la frente... Aparecieron guardias civiles por todas las puertas. Se oyó que alguien decía: ¡Un médico! El guardia civil que estaba a nuestro lado dijo que bajáramos las dos o tres personas que sangrábamos. Justo antes de decirnos esto, El Rey y el 23- F En una fecha como el 23- F, en la que la democracia en España se tambaleó durante unas angustiosas e interminables horas, es el Rey quien debe obtener el mayor de los protagonismos, debido al feliz desenlace de tan bochornosos acontecimientos. Un Rey que no ha dudado nunca de poner su persona al servicio de los intereses españoles; el mismo que ha sido en numerosas ocasiones vilipendiado injustamente entre grupúsculos; un Rey que puede contar de ordinario y permanentemente con la filelidad de una compañera, la Reina, que a su sombra ha sabido ser el rodrigón que sostiene una real trayectoria al servicio de España. El Rey merece en fecha tan rotulada un espacio álgido y especial en nuestros medios, tertulias y conversaciones, porque, conociendo como reverenciaban los insurrectos las órdenes del Jefe del Estado, inclinó la balanza a favor de los demócratas y los amantes del Estado de Derecho libre. MANUELA URBINA MADRID se había oído por un altavoz que bajaran diplomáticos y periodistas, y al pasar delante de nosotros vi a uno de los primeros que yo conocía. Le pedí bajar con él, pero se negó. Detrás de mí, en el palco, estaba casualmente Varela Uña, mi médico ginecólogo, que fue el que me acompañó abajo. La escalera estaba tomada por guardias civiles con las armas preparadas. No apareció ningún médico, ni me dieron ni un algodón. Me hicieron subir otra vez al palco. Todo el mundo estaba de pie en el pasillo. Vino el que era secretario de... y al verme con la cara manchada de sangre me dijo: ¡Tiene usted que marcharse! pero pasaron dos horas hasta que vino un capitán de la Guardia Civil que me dijo que tenía que irme fuera a que me curasen. El capitán me acompañó. Atravesamos una sala llena de periodistas que protestaban alborotados. Salimos por una puerta que da a un jardincillo, vigilada por los que parecían los más duros Un oficial dijo: Esta señora no puede salir Y el capitán dijo: Tienen que curarla y es periodista Con lo que me dejaron salir, gracias a Dios, sin pedirme la documentación, pues si se descubre el engaño supongo que nos metemos en un lío el capitán y yo. Salí a la carrera de San Jerónimo e intenté ir hacia Sol, pero la Policía me obligó a ir hacia abajo. Intenté meterme en el hotel Palace, pero tampoco me dejaron. La calle estaba tomada por una doble fila de guardias civiles y de policías, todos con las armas preparadas, y por en medio de las dos filas bajé, siendo la única persona civil que lo hacía. Al llegar a la Castellana, había una multitud de gente que formaba una barrera infranqueable. Dije: Déjenme pasar, y lo hicieron, siendo curioso que a nadie se le ocurrió, al verme venir del pleno follón, preguntarme ¿qué pasa allí arriba? Fui andando por la Castellana hacia Cibeles, hasta que tuve la suerte de ver que un taxi quedaba libre. Lo cogí y le pedí que me llevara a mi casa ENRIQUE FERNÁNDEZ DE CÓRDOBA Y CALLEJA MADRID Pueden dirigir sus cartas y preguntas al Director a: Por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid Por fax: 913 203 356. Por correo electrónico: cartas abc. es. ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas.