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ABC JUEVES, 10 DE FEBRERO DE 2011 abc. es opinion OPINIÓN 15 EXTERIOR DARÍO VALCÁRCEL ESTUDIAR, INVESTIGAR, INNOVAR, INVENTAR El discurso del estado de la Unión se centró en los dos asuntos dominantes, enseñanza e innovación N o conviene perder de vista a Estados Unidos en medio de las protestas árabes. Queremos volver hoy sobre el discurso de Barack Obama sobre el estado de la Unión: en la defensa de la educación y el estudio está la única salida posible de Túnez, Egipto, Yemen y los demás. Hablamos, claro, de salida hacia delante. El 25 enero Obama remachaba ese clavo. Se puede creer que Obama es un gran líder o que sólo es un improvisador de buenos discursos, como sostiene el Tea Party. El hecho es que, si se lee despacio su intervención ante el Congreso, es ese verbo en sus distintas acepciones, estudiar, innovar, inventar, el argumento central. En tiempo de George F. Kennan, hace 60 años, el problema era Rusia: hoy lo es China, una sociedad que se transforma con gran rapidez y mayor prudencia, en la que sus 1.340 millones de habitantes incluyen más de 100 millones de ciudadanos de alta formación. Kennan defendía la verdadera superioridad americana, las patentes. Pero China, como antes Rusia, arrastra un lastre, los obstáculos a la libertad de investigación o simplemente a la libertad. Lo que está en juego, afirmaba Obama el 25 de enero, no es quién va a ganar las próximas elecciones en Estados Unidos. Lo que se juega es si Estados Unidos mantendrá su liderazgo. Y eso no se conseguirá sin nuevas industrias y empleos. China e India educan hoy a sus estudiantes exigiendo más en matemáticas y ciencias. China ha puesto en marcha la mayor planta de investigación solar del mundo. Pero Estados Unidos sigue siendo hoy el país con mayor número de patentes. Entre las mejores 500 universidades del mundo, casi 200 son norteamericanas, con el número más alto de estudiantes extranjeros. La primera condición que plantea Obama, como casi todos los presidentes desde 1933, es el fomento de la innovación. Innovar más, educar mejor y construir más que el resto del mundo El sistema de libre empresa, recuerda Obama, es el que impulsa la innovación. El gobierno invertirá en investigación básica, no directamente productiva. Pero la investigación sobre minerales raros en el centro de África, desde Congo hasta Ciudad del Cabo, puede dar, además, mucho dinero a largo plazo. Hay que recordar hoy cómo se plantaron en el Pentágono las semillas de Internet. Barack Obama ha explicado al mundo que Estados Unidos dará prioridad a la investigación biomédica, informática y de tecnología de energías limpias. Esto desafía a las compañías petroleras y del carbón: ni Obama ni las petroleras saldrán vencedoras de este choque. Pero una salva de aplausos llenó la Cámara cuando el presidente se refirió al enfrentamiento entre las grandes compañías petroleras y la Casa Blanca. Aplaudían los dos partidos, demócrata y republicano. Atención. No hay espacio para hablar aquí de Afganistán, de la reducción de armas nucleares del New Start, o de la batalla de la Reforma Sanitaria. Pero los puntos centrales están claros: innovar y enseñar. Relean la parte del discurso dedicado a la enseñanza: 100.000 nuevos profesores en los campos de ingeniería, tecnología, ciencias y matemáticas. Este es el debate, en Estados Unidos y en Egipto. UNA RAYA EN EL AGUA IGNACIO CAMACHO CONTAMINACIÓN Los testaferros de Batasuna se agarran a un rígido discurso ortopédico para que no se les vea el cartón E MÁXIMO N vísperas de carnaval una densa nube sucia, un manto de smog fotoquímico, vela estos días la transparencia velazqueña del aire de Madrid y reviste su atmósfera con un tinte sombrío. Las partículas de dióxido de nitrógeno envenenan los pulmones de la capital del Estado, manchan la ropa tendida en las azoteas y dificultan la respiración en las empinadas cuestas de la Corte; algunos ciudadanos hipersensibles o simplemente alérgicos han empezado a salir a la calle con mascarillas y desde las autovías periféricas se divisa la capa de humo nocivo como una siniestra boina gris encasquetada sobre el skyline de la ciudad. Bajo este cielo de azul engañoso que esconde compuestos volátiles dañinos, los testaferros de Batasuna se han presentado con los papeles de su partido postizo y un discurso de rigidez ortopédica cuyo hermetismo esconde la voluntad de que no se les vea el cartón. No traen capucha, ni siquiera boina, y enseñan manos limpias a sabiendas de que como no existen radiografías de intenciones será difícil, incluso para la justicia, escudriñarles un alma ennegrecida por años de silencio cómplice con el terrorismo. Los impostores han repintado escrupulosamente la fachada de su nueva barraca política. Han borrado los síntomas perceptibles de contaminación etarra y el Estado va a tener que hilar muy fino para encontrar componentes tóxicos en esa trama de camuflaje. Otra cuestión es que quiera hacerlo, porque bajo la impecable cautela oficial se adivina en el discurso implícito del entorno socialista una cierta complacencia con la música del nuevo baile de máscaras. Al fin y al cabo es tiempo carnavalesco y en el juego de disfraces siempre ha existido un obvio componente convencional de autoengaño. Lo que oculta la identidad no es el ardid de la careta propia sino el disimulo de la mirada ajena. Así como al alcalde Gallardón lo acusan los ecologistas de haber rebajado el rasero de vigilancia ambiental, la oposición sospecha que al Gobierno le gustaría ensanchar el margen de tolerancia antiterrorista y no vería con malos ojos que los tribunales rechazasen indicios contaminantes en ese Sortu que se presenta con retórica fascistoide de amaneceres dorados, aprovechando la tregua de ETA como el smog se beneficia de la aparente bondad de los anticiclones. El Supremo va a tener que analizar la solicitud de registro con un medidor de partículas. Si no está bien afinado se pueden colar sustancias cancerígenas en el organismo de la democracia, que es ultravulnerable a cualquier grado de polución invisible. El ambiente capitalino está cargado por el estancamiento y la humareda, una neblina insana que quizá puedan despejar las lluvias de febrero. Pero nada contamina más la atmósfera madrileña que el venenoso, fratricida, tramposo pulso de la política.