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ABC VIERNES, 6 DE AGOSTO DE 2010 abc. es verano 2010 RELATOS VERANO 81 EZ RI D A RA N M A D EN CA JU 54 kms CU 200 kms 145 kms La Complicidad LAS SIETE LLAVES: TERCERA M POR LOLA MORENO ientras se dirigía a la estación, Aurora reparó en que se le había echado la noche encima, el camino estaba solitario, oscuro y silencioso, tan solo alterado por el choque de sus pies al pisar sobre las hojas resecas de los falsos plátanos que se amontonaban por el suelo. Miró su reloj y decidió ir más deprisa, y fue en ese justo momento cuando advirtió que no estaba sola, pues al mismo tiempo que ella aceleraba el paso, alguien imitaba su decisión, hasta tal punto que pudo sentir el aliento de su perseguidor encima de la nuca. Presa del pánico, echó a correr y en unos minutos salvó los escasos metros que la separaban de la estación. En el vestíbulo echó un vistazo rápido al panel luminoso de los horarios y comprobó que tenía quince minutos para tomar el tren a su próximo destino: Cuenca, que según había deducido era la ciudad que encerraba el misterioso enigma. Se dispuso a atravesar las vías por el paso subterráneo que separaba ambos andenes y, cuando se detuvo un momento para admirar los llamativos azulejos que decoraban sus paredes, recibió un fuerte golpe en la cabeza y todo se nubló a su alrededor. Unos golpecitos en la cara al mismo tiempo que una voz que le susurraba- Señorita, señorita, ¿se encuentra bien? le devolvieron la consciencia. Abrió los ojos y se encontró frente a un hombre joven de edad indefinida, que la miraba atentamente con gesto de preocupación y sin saber muy bien por qué; a Aurora le inspiró una gran confianza. La ayudó a incorporarse y se trasladaron a un banco del andén, entonces Aurora comprobó que le habían robado la cartera con el ordenador, suerte que se habían olvidado del bolso. Después de que se hubo asegurado que Aurora no tenía más herida que un hermoso chichón en su cabeza, el hombre le dijo que se llamaba Francisco Méndez y que era un gran admirador del ferrocarril, por lo que cuando disfrutaba de algunos días libres, como en esta ocasión, se montaba en el primer tren que pasaba sin rumbo fijo e iba cambiando de uno a otro hasta que se le terminaba el tiempo y entonces volvía de nuevo a Madrid y a su vida cotidiana. Aurora le escuchó con suma atención y pensó que Francisco podría serle de gran ayuda. Le propuso tomar un café en la cantina de la estación y tantearle si podía o no fiarse de él. Ya sentados, y ante unas humeantes tazas de café, Aurora después de descartar poner una denuncia a la Policía sobre el supuesto atraco, puso en antecedentes a Francisco de la misión que se había impuesto después de encontrar el misterioso libro de Don Gaspar. El hombre se mostró entusiasmado, tanto por la colaboración en la misión de su nueva amiga, como por moverse en tren. Esa noche se alojaron en un hos- EL PREMIO DEL VERANO El lector que adivine a qué ciudad va el protagonista del relato de Lola Moreno tiene que enviar fotografías de esa urbe o del recorrido teórico del personaje. Entre los acertantes se elegirán las instantáneas mejores para entrar en un concurso final de Las siete llaves que consiste en un viaje al Caribe, patrocinado por Viajes Halcón Envía tus fotografías y tu respuesta a: participa abc. es tal cerca de la estación y al día siguiente tomaron el tren a las 8,20 en dirección a Cuenca. Ambos habían coincidido en que debían adelantarse al que le había robado el ordenador, pues estaba claro que no se trataba de un robo casual, sino que buscaba la información que guardaba su disco duro y por tanto debían llegar a la ciudad antes que él. Durante las dos horas de trayecto, ambos estuvieron repasando la frase del enigma encontrado en Aranjuez, y lo que a Aurora le resultó fácil deducir como la ciudad; sin embargo en la otra parte no sabía dónde debía buscar, así ITZIAR SAN VICENTE que fue Francisco el que se lo aclaró: -El Monstruo de hierro que escupe fuego y azufre es una locomotora de vapor, y su casa debe ser el depósito, que era el lugar dónde se estacionaban- -le dijo. La muchacha se sintió muy contenta, pues pensaba que el encuentro casual con Francisco había sido revelador para cumplir la misión que se había impuesto. Nada más apearse del tren, se encaminaron hacia donde había estado ubicado el antiguo depósito, y aunque ya no existía la rotonda, todavía se conservaban las huellas que recordaban la existencia en su día de una pequeña reserva de locomotoras. Dieron un rodeo de más de dos horas a toda la antigua instalación y a simple vista no parecía que hubiera ningún elemento lo suficientemente adecuado como para guardar una llave. Aurora comenzaba a desanimarse cuando de repente observó que Francisco se había plantado muy pensativo delante de un antiguo brazo de aguada que se erguía solitario en medio de las ruinas; antes de que ella pudiera decir nada, le pidió que le diera la llave. Después de un recorrido visual por la oxidada aguada, se detuvo al pie de la misma, justo donde estaba alojada una clavija que servía para direccionarla de un lado a otro, sacó la clavija y en su lugar introdujo la llave que encajó perfectamente, dio un giro a la derecha, e inmediatamente se abrió dejando entrever un cajetín donde se hallaba el consabido trozo de papel; lo desenrollaron liberando la llave y leyeron la misiva: Avanza hacia la inmensidad azul, allí en la ciudad de la gran laguna, en el templo de todas las artes, dentro de una estrella D- 0+ 1+ 6 encontrarás la llave que te abrirá la siguiente puerta