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76 VERANO CINE LUNES, 26 DE JULIO DE 2010 abc. es verano 2010 ABC UN VERANEO SIN ALARDES LAS MEJORES PELÍCULAS MALAS (II) E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Dirty Dancing FEDERICO MARÍN BELLÓN PIZZA- PAELLA A quellos que todavía no hayan oído hablar de Heliodoro Sinsorgo han de saber que se trata de uno de los personajes clave de este verano y que está llamado a cambiar algunas de las costumbres más arraigadas en la pitanza estival. El señor Sinsorgo ha conseguido aplicar el término sostenible a las comidas de costa y playa mediante la optimización de las filosofías gastronómicas y económicas más en boga, como son el maridaje y las sinergias Tras este párrafo para gestores, se explica el asunto tal y como lo concibió Heliodoro Sinsorgo, chapista creativo y hombre preocupado por el entorno y el bolsillo. Harto de sucumbir junto a su familia ante las paellas de chiringuito, donde veía que ni la mujer, ni la suegra, ni el mismo ni sus dos chiquillos eran capaces de limpiar decentemente el coso de la paellera y que se dejaban en él puñados y pegotes de arroz (y lo demás que hubiere) sobrante, lo cual ha de ser tomado como ignominia en un verano sin alardes, y siendo de la opinión de que más vale llenarse de oprobio que de arroz pegado, Heliodoro Sinsorgo ideó y patentó la pizza- paella con la cual se consigue no sólo dosificar las porciones sino también darle el capricho de la pizza a los chiquillos. Y así lo solucionó el señor Sinsorgo: sin abandonar el recipiente circular, lo que sería traumático, dedica lo que podríamos llamar la andanada y los tendidos de la paellera al arroz y lo que se tercie, dejando lo que es el centro de la plaza, el ruedo, a la pizza en sí. De tal modo, que el plato gana en vistosidad, estética y maridaje, además de que proporciona el placer de rastrillar bien lo que hay de paella, asentarla con una pequeña porción de pizza y, como si dijéramos, cerrar el círculo. Y, en fin, como la pizza- paella se ha extendido en todos los chiringuitos de costa, animo a los lectores a que tomen el riesgo de pedirla. La semana pasada nos pusimos en contra a muchos aficionados al género de terror con la inclusión en esta lista de La matanza de Texas Hoy se nos echarán encima, en el mal sentido de la expresión, miles de féminas. Pero que el miedo no nos haga perder la honestidad. Dirty Dancing es una de las películas más ñoñas y empalagosas que se han llorado en una sala. Mal interpretada, con una pareja protagonista sin talento ni carisma, puso de moda un subgénero dañino y a un actor al que no deseábamos tanta desgracia. Patrick Swayze es un instructor de baile fuertote y ágil, pero con menos registros interpretativos que el monstruo de las galletas. Lo de menos es que compusiera una canción. La olvidada Jennifer Grey, por su parte contratante, se enamora como lo que es, una adolescente de engañosa mojigatería, mientras Emile Ardolino- -cuyo mayor éxito posterior fue meter a monja a Whoopi Goldberg en las películas de Sister Act que el de arriba le pillara confesado- -traza una historia discretita, veraniega y menos profunda que las andanzas de Chanquete, para entendernos por estos lares. En cuanto a la historia, muestra la pasión rítmica entre una chavalilla de 17 años y un adulto con tupé. Mejor no entrar en disquisiciones legales. El guión también introduce, para despistar, pinceladas sobre la lucha Género: romántico Dedicado sin disimulo a un público inmaduro, femenino y enamoradizo, lo cual no es malo en sí mismo Principal delito Sensacionalista desde el título, lanzó a un mal actor y trastornó a las chicas de clases. Pero la verdadera causa de que miles- -millones- -de personas recuerden la película con cariño es el efecto nostalgia, fenómeno directamente proporcional al tiempo transcurrido desde que fue vista la obra. Si el lector tiene valor, le invito a que recupere este título capital del mal cine de nuestras vidas y compruebe lo impostados que son sus diálogos, lo falsos que parecen sus ambientes barriobajeros. Cuando el guión o la situación exigen a Swayze un gesto, al hombre le faltan músculos faciales. Cuando se hace el duro, como diciendo qué pasado tengo uno sólo puede pensar en lo duro que será su futuro, con la ventaja cruel de que además ya lo sabe. Ahora bien, si lo que quieren es reconciliarse con su pecadillo de juventud (todos hemos admirado cosas que no han soportado la prueba del tiempo) consigan una copia de la segunda parte, en la que incluso salía Diego Luna. El original les parecerá una obra maestra. Dirty Dancing Estados Unidos. 1987. Director: Emile Ardolino. Intérpretes: Patrick Swayze, Jennifer Grey, Jerry Orbach, Cynthia Rhodes, Jack Weston, Jane Bruckner, Kelly Bishop. Duración: 97 minutos. REPARTOS PARA TIEMPOS DE CRISIS (II) Que el viento no dispare el presupuesto JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Cuando en 1939 concluyó el rodaje de Lo que el viento se llevó se dijo que era hasta ese momento la película más cara de la historia del cine. Cierto es que también es la más taquillera de todos los tiempos, por lo que, desde esa perspectiva, los 4,25 millones de dólares que costó- -un dineral entonces- -son una insignificancia. Así que, aunque un reparto alternativo tal vez incidiría negativamente en los resultados económicos del filme, con lo que mal negocio haríamos, estamos en plan ahorrativo y hay que intentar abaratar gastos. Empecemos por ella, la caprichosa Scarlett O Hara, que encarnó Vivien Leigh, al margen del concurrido casting al que se presentaron ciento y pico actrices, entre ellas nada menos que Bette Davis y Katharine Hepburn. Mi apuesta más barata pero no menos temperamental: Ida Lupino, inglesa como Vivien. Y aunque cueste ver a otro Rhett Butler que no sea Clark Gable, imaginemos al enteco Randolph Scott, probablemente mejor cowboy que Clark y con el plus de estar acostumbrado a los rodajes de presupuesto austero. Solo queda apañar los papeles de la dulce Melania (Olivia de Havilland) y el íntegro Ashley (Leslie Howard) Para la primera, la abnegada Jane Wy- man, de belleza discreta e ideal en cometidos de buena chica sufridora, y él, Paul Henreid, pavisoso de calibre semejante al de Leslie. No me resisto a completar el envite con un póquer de actores de aquí y ahora que no incluya ni a Penélope ni a Javier, que están de luna de miel y además se salen de presupuesto. Ahí va la propuesta: Elena Anaya como Scarlett, porque es una chica que no se arruga ante un desafío; José Coronado en la piel de Rhett por su puntito canalla; Ana Duato, ama de casa televisiva ejemplar, como Melania, y en el papel del buenazo de Ashley, Gorka Otxoa, por pagafantas.