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ABC LUNES, 26 DE JULIO DE 2010 abc. es opinion OPINIÓN 13 EL ÁNGULO OSCURO JUAN MANUEL DE PRADA LA PROHIBICIÓN DE LOS TOROS Las tesis antitaurinas, a fuerza de ser repetidas, han logrado calar en una porción creciente de la población E L gran Leonardo Castellani nos recordaba que la mejor respuesta que podemos oponer a la criatura insensata que se obstina en el error es ignorarla desdeñosamente: A unhombreque sequiereengañar, ¿quécastigolehemos de dar? Dejarlo que se engañe, amigo. ¡No hay peor castigo! Pues, en efecto, cuando porfías con el insensato, tratando de sacarlo de su error, sólo consigues que te embrome y te haga chapotear en el lodazaldesussofismas; y, loqueestodavíapeor, contribuyes a hacer propaganda de su error. Viene esta reflexión como anillo al dedo para ilustrar el episodio de la prohibición de los toros en Cataluña: la porfía con los insensatos no ha servido para evitar que los prohíban; y, en cambio, ha favorecido la propaganda de sus tesis antitaurinas, que a fuerza de ser repetidas y divulgadas por los medios de masas han logrado calar en una porción creciente de la población. Talestesisantitaurinas, envueltasen loslustrosos ropajes del emotivismo animalista, sólo tratan de esconder la verdadera causa de la prohibición, que no es otra sino el odio a España y a los signos constitutivos del genio español; pero, aunque muy taimadamente falsas, tales tesis resultan muy atractivas, sobre todo entre las nuevas generaciones, que han sido educadasenlareligióndelecologismo. Contratalestesisantitaurinas se han esgrimido argumentos a mi juicio equivocados, que soslayan el meollode la cuestión (el para enarbolar la bandera de otra religión muy del gusto de nuestra época, que es la religión de la libertad. Pero a nadie se le escapa que a la libertad nadie le ha dado vela en el entierro de la fiesta nacional; pues hubo épocas en que en España no hubo libertad (nolahubo, almenos, enelsentidoenqueahora se proclama) y las corridas de toros se celebraban tan ricamente en Cataluña. Parasalvar media docena de corridas se ha porfiado con los insensatos que pretenden prohibirlas; y el resultado de tales porfías no ha sido otro sino afianzar a los insensatos en la prohibición, con el añadido de la propaganda que se les ha hecho, que a muchos españolesde las generaciones jóvenes ha vueltoantitaurinos, en un sibilino ejercicio de ingeniería social que, poco a poco, alcanza su objetivo último. Y tal objetivo último no es- -como algunos ilusamente creen- -prohibir la fiesta nacional en Cataluña, sino dejarlamorirporinaniciónen elrestode España, cercenandosutransmisióncultural- -traditio- -ydificultando el recambio generacional entre sus aficionados, que son quienes la sostienen. En los últimos años, invitado a perorar en algunos colegios, he implacablemente, a medida que crece la propaganda de las tesis antitaurinas: preguntado por los chavales de los colegios sobre mis aficiones, cuando les mencionaba los toros, percibía en sus rostros los estragos del horror, y en sus labios una mueca de ofendido pasmo que no hubiese sido mayor si les hubiese dicho que me gustaba torturar niños para después comérmelos crudos. Esos chavales en quienes se inculca, mediante una propaganda emotiva, la aversión a los toros, son quienes en verdad deberían preocuparnos; porquelopeornoesqueunosinsensatos se quieran engañar, sino que sus insensateces, divulgadas con altavoces, acaben imponiéndose entre españolesaquienes seles está enseñando- -de forma sibilina, pero imparable- -a odiarse a sí mismos. www. juanmanueldeprada. com UNA RAYA EN EL AGUA IGNACIO CAMACHO EL PATRÓN DEL ESTADO ESPAÑOL Matamoros y patrón de España: una celebración fastidiosa para un gobernante posmoderno N MÁXIMO O estuvo el presidente en Santiago, claro, cómoibaaestar: unaincómodafiestareligiosa en torno al mito atávico de un santo políticamente incorrecto, de una triple y ominosa incorrección incompatible con el discurso progresista. Deunlado, laleyendadelMatamoros, un oprobio en toda regla para la Alianza de Civilizaciones; de otro, los ribetes vaticanistas y episcopales del Xacobeo conel riesgo de una homilía cargada de alusiones; yporúltimo, elpatronazgodeeseconceptollamadoEspaña, lanacióndiscutidaydiscutible, eleterno epítome de la desavenencia identitaria. Una posmoderno. Si al menos se tratase del patrón del Estado español y de la nación de naciones podía haberidoaescenificarunaaccióndegraciasporladécada prodigiosa de su esclarecido liderazgo, o a endilgar una versión laica y actualizada del Camino como lugardeencuentrodeidentidadesplurales. Peroante elMatamoros, hayqueentenderlo, seledebedehacer muycuestaarribalaliturgia. Yparabotafumeiroyale sobracon el de sus adictos de cámara, pelotas del poder y demás obsequiosos escanciadores de incienso. Así que no fue. Le dejó el marrón a Pepe Blanco, adecuadoministrodejornadaensucondicióndecristiano y gallego. Para el discurso institucional ya estabaelRey, quesesabeelpapelyelprotocoloyloejerce conmanoexperta, tactodelicadoysensibilidadhistórica. ElReyesunhombredeotrotiempoqueaúncree enlafuerzadelaespiritualidadydominalosceremoniales simbólicos de la vieja España, y como tiene la obligación de ser neutral no puede señalarresponsabilidadesdirectas. Elausenteseahorróeltragodeescuchar cómo Su Majestad le pedía al Apóstol, con la retórica votiva al uso de la tradición, que ilumine a nuestradirigenciapolíticaparasacarnosdelatolladero de la crisis y de la barranca del sectarismo. Ante unaclasepolítica que sólo se guíapor las luces cortas de las encuestas y no conoce otra luz que los halógenosdela demoscopia, elruego realtieneque ver, más queconunaprofesióndefe, conunainfinitaesperanza en los milagros. Lapresencia casien solitariodel Rey, apenasarropadoporautoridadeslocales, quedóayerenCompostela como la ultimaratio visible de España, la antigua naciónquedurantesiglosfuearticuladaporeltránsito peatonal de los peregrinos a través de la ruta jacobea. Sindirigentesnacionalesasualrededor, Ennombredelpueblo, creyenteono, quesufrelacarenciadeunagobernanzajuiciosayun rumboequilibrado. decohesiónsocialyderespeto a la Constitución. Ante el patrón de España, esa cosa difusa e indeterminada sobre la que nunca acabamos de ponernos de acuerdo pero de la que no podemos apartar, como pedía Blas de Otero, el cáliz de la discordia.