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ABC MARTES, 20 DE JULIO DE 2010 abc. es opinion OPINIÓN 13 LISTAS ABIERTAS VALENTÍ PUIG UMBRALES DEL ESTANCAMIENTO La economía está cambiando con la consolidación de los países emergentes. Es la era del G- 2, China- EE. UU. L A incidencia más que probable de unas reformas económicas fallidas sería el estancamiento. La percepción de la crisis ha ido calando en razón de su gravedad, al llegar España al 20 por ciento de paro, a un déficit público del 11 por ciento y a las objeciones a la calidad de nuestra deuda pública. Para un 57 por ciento de los españoles- -según el reciente barómetro del Real Instituto Elcano- -la crisis ha empeorado desde el pasado marzo. Por eso la principal preocupación del 70 por ciento es la recesión internacional, mientras que el terrorismo en el mundo solo inquieta a un 12. El FMI acaba de romper las negociaciones crediticias con Hungría, por considerar insuficientes las medidas antideficitarias de Budapest. Las cosas se están poniendo muy serias para quien incumple sus reformas. Nadie escapará a la disciplina fiscal en esta fase de ajustes que se interrelacionan a lo largo y ancho de toda la Unión Europea. La alternativa es el estancamiento, las vacas flacas. Instintivamente, la sociedad entiende que se endeudó demasiado, que tiene que ser más competitiva, que hay que producir más y mejor. El proble- ma de ahora mismo es que la ambulancia con el equipo de recuperación cardiovascular no llegue tarde. La responsabilidad política corresponde a quien negó el primer diagnóstico y, por tanto, tardó demasiado en llamar a urgencias. Frente al estancamiento, no es imposible que una crisis asumida certeramente y resuelta con eficacia se convierta en una oportunidad. Pero quién sabe si ya han pasado todos los nubarrones o si falta un segundo frente. Estado y mercados reaccionan como pueden al tiempo que entran y salen de los talleres de reparación. En España estamos pendientes de la reforma laboral y la reforma del sistema financiero- -con las cajas como plato fuerte- -se perfila con retraimiento y con cierta confusión, siendo el pacto más explícito entre PSOE y PP. La pregunta es cómo crecer de nuevo para crear empleo. Nada será lo mismo, entre otras cosas porque la economía mundial está cambiando con la consolidación de los países emergentes. Entramos en la era del G- 2, ChinaEE. UU. Alemania sigue siendo el país mejor valorado por los españoles y el líder internacional más apreciado es Angela Merkel, solo precedida por Obama. Esa apreciación de la potencia alemana es buena para contrarrestar las premoniciones de una Europa exhausta y sin pulso. Cualquiera puede entender a posteriori que hubiese ido mejor respetando entre todos el Pacto de Estabilidad. Ahora son las presiones de Merkel las que impulsan el rigor de la respuesta. Las repercusiones políticas de la recesión conforman un escenario mucho más incierto y resbaladizo que el de quienes en el PSOE piensan que la recuperación les redimirá y quienes en el PP dan por hecho que la crisis hundirá a Zapatero. Algo va a cambiar en la sociedad y, por tanto, en la política. Familias y empresarios autónomos han visto cómo el oleaje se llevaba por delante el circuito tradicional del crédito. Riesgos e inseguridades se traducen en comportamientos irregulares y a menudo contradictorios. Incluso sin estancamiento. www. valentipuig. com UNA RAYA EN EL AGUA IGNACIO CAMACHO RODIEZMO, ESPEJO ROTO Ante los mineros no puede disimular. No puede sostenerles la mirada ni decirles que el poder no lo iba a cambiar S MÁXIMO E ha arrugado. No tiene coraje ni argumentosparairaRodiezmoadarlacara. Laretórica populista, los pañuelos rojos, el izquierdismo de hollín y puño en alto, el obrerismo deconsigna: derrumbadoenunagloriosa espantá de abrumadora mala conciencia. El presidente se ha encogido por segunda vez en dos semanas- -la primera ha sido con la sentencia del Estatuto- -ante las consecuencias de su propia política. Le falta pulso para defender en Cataluña la supremacía jurídica del Estado y carece de arrojo para aguantar lamiradatorvadelosminerosanteelincumplimiento de sus apasionadas promesas, hijas del tiempo felizdelesplendorenla hierba. Tieneelsíndromedela madrastra de Blancanieves ante el espejo: no soporta que los suyos no le quieran. La ausencia en Rodiezmo, donde para mayor ignominia lo ha vetado Cándido Méndez, es la confesión de un fracaso, el epítome de una contradicción insostenible. Zapatero ha esquivado hasta ahora la explicacióndesu forzosocambio derumbohurtandoala opiniónpúblicacualquieratisbo deautocrítica. Ha ninguneado las críticas parlamentarias utilizando la tribuna como un burladero, y no ha tenido bríoparaenfrentarsealpaísconunadeclaración televisada. Sabe que está preso de la alegre vehemencia con que defendió su política de gasto hasta un minuto antes de verse obligado a abolirla, y no halla el modo de darse una salida airosa a sí mismo. Las hemerotecas son demoledoras, sonrojantes; la semana pasada, Rajoy lo ridiculizó en la Cámara leyendo en alto sus propias palabras. No de hace cinco años, ni cinco meses: de anteayer, de la propia víspera de su humillante revolcón en el Directorio europeo. En este momento el peor enemigo de Zapatero es Zapatero; el Zapatero de antes del 8 de mayo, fecha de la triste epifanía en que dio al traste su fatuo apostolado socialdemócrata. Pero ante los mineros de su tierra no puede disimular. No puede sostenerles la mirada. No puede decirles que el poder no lo iba a cambiar. No puede pedirles que se olviden de lo que les prometió en septiembre pasado. Él mismo los convirtió en el símbolo de su profesión de fe ahora abjurada. Él mismo los utilizó como vestales de un oráculo de legitimidad sindical ante el que renovar cada año sus votos de compromiso socialista. Y ahora no está en condiciones de plantarse ante ellos para decirles que de lo dicho nada y que por cosas de la alta política el amigo Cándido le va a organizar una huelga general. O acaso le sobra soberbia para ir allí a admitir que, simplemente, estaba equivocado. Muy equivocado. Para eludir la cita de Rodiezmo se ha inventado unviaje aShangai. Demasiadocerca: no vaaencontrar en el mapa un lugar en el que no le persiga la sombra de sus contradicciones.