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12 OPINIÓN AD LIBITUM MARTÍNMORALES MARTES, 20 DE JULIO DE 2010 abc. es opinion ABC M. MARTÍN FERRAND EL CARNAVAL DE MORATINOS ¿El disfraz es una herramienta del trabajo diplomático y político que cabe esperar de un ministro de Exteriores? D ESDE que Pío Cabanillas, a la sazón ministro de Información y Turismo, se encasquetara una barretina para demostrar, en Barcelona y en un día de San Jordi, la comprensión catalanista del Gobierno de Carlos Arias Salgado- -el último de Francisco Franco- sumido en el voluntarioso engaño del Espíritu del 12 de febrero no se había visto a un ministro de un Gobierno de España como los afganos de Qala- i- Naw han podido ver y admirar al sin par titular de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. El ministro, acostumbrado a hacerse el longuis, adornó su cabeza con el longui que es como llaman en Afganistán al turbante de gala, y revestido con el chapán la túnica de los que mandan, se reunió con los cuatrocientos notables del lugar que, tras felicitarle por los éxitos futbolísticos de España, le preguntaron lo que mandan los cánones de los protegidos cuando se reúnen con su protector: ¿qué hay de lo nuestro? Sin entrar en los detalles de nuestra errática y confusa política exterior, con más carga tercermundista que fervores occidentales para bien del progresismo imperante, debe reconocerse la presencia en Afganistán como parte del compromiso que marcan las alianzas internacionales que tenemos suscritas y que se corresponden con nuestro lugar en el mapa y en el concierto económico en que nos movemos. Ahora bien, ¿el disfraz es una pieza, una herramienta, del trabajo diplomático y político que cabe esperar de un ministro de Exteriores? Una jirga una asamblea de quienes gobiernan, o sencillamente mandan, en la provincia de Badghis- -la que nos ha tocado en suerte- ¿requiere el engalanamiento folclórico del alto funcionario encargado de supervisar las inversiones españolas en el territorio? ¿No será en lugares y misiones como estos, los afganos que ahora nos corresponden, donde deben quedar claras y sin concesiones las notas de nuestra identidad nacional española y marcar las distancias que exigen la función a desempeñar y su condición temporal? No estamos hablando de turismo vacacional, supongo; sino de presencia diplomática y armada en una zona de conflicto. Allí desempeñamos un doble papel, el militar y el cooperante; ¿se perfecciona alguno de los dos con las prácticas propias de la sastrería teatral? Según nos contó el afgano Khaled Hosseini en su magnífica primera novela, Cometas en el cielo, también es costumbre por aquellos pagos hacer volar esos livianos y hermosos artefactos que enloquecen a la chiquillería y no por eso el personal, militar o diplomático, desplazado a la zona se dedica a tratar de llegar hasta las nubes con una estructura de cañas y papel pintado. -Oigo nacionalismo... oigo socialismo... por suerte, mis ideas aún permanecen vivas. HAY MOTIVO TOMÁS CUESTA EL MUNDO POR TURBANTE El adversario huye en desbandada tras un ataque de risa. La juerga nacional. Vamos, la jirga padre T ANTAS veces se ha puesto el mundo por montera que casi no es noticia el que, para rizar el rizo, el señor Moratinos se lo haya puesto por turbante. La imagen, sin embargo, es tan locuaz, tan sublime el derroche de santurronería pánfila, que vale no ya por mil palabras, sino por una tesis doctoral en relaciones internacionales. Es decir, que el célebre soft- power que patentó en su día el presidente Obama no tiene mayor misterio- -y sí menor encanto- -que el multiculturalismo que pregonaba Emilio el Moro por tanguillos de Cádiz. ¡Insurgentes a mí! ¿Quién dijo miedo? El adversario huye en desbandada tras un ataque de risa fulminante. La juerga nacional. Vamos, la jirga padre. Estamos en una misión de imposición de paz que ha de convivir con escenarios de guerra declaró el pasado martes (martes y trece, por más señas, lagarto, lagarto) doña Carme Chacón al director de este diario. El cambio de retórica deja entrever que alguien la ha familiarizado con los textos de Clausewitz porque lo de imponer la paz en un teatro bélico es un trasunto, si no un calco, de la definición de guerra que aparecía en el Vom Kriege allá por el primer tercio del siglo antepasado: Acto de fuerza cuyo objeto es obligar al enemigo a hacer nuestra voluntad O sea, que aquí paz y después gloria, aunque haya que hacer las paces por las malas. El caso es que la ministra- mande- firmes (pese a que aún siga en sus trece, lagarto, lagarto) maneja ya un discurso más elaborado. Se atreve, incluso, a hablar de imposición, no despilfarra tanta charlatanería en salvas y empieza a practicar el arte del camuflaje. Y en esto entra en escena Moratinos, ufano y desenvuelto tal que el morito Juan de El Fary. Nadie minusvalore el desafío que supone emular en prendas- -ya que no en su esbeltez de dandy- -al gran Peter O Toole en la descomunal Lawrence de Arabia Pedirle a Moratinos que, como el verdadero Lawrence, ingrese en lamilicia de soldado raso y, a la vez que cultiva la épica del combate, levante Los siete pilares de la sabiduría sobre una escritura deslumbrante, sería realmente demasiado. Bastante tiene el pobre con enrollarse en el molondro esa vistosa bufanda plateada que le abruma las sienes como un vendaje hospitalario. Es de justicia reconocer, no obstante, que, gracias a la lozana estampa que luce Mofletinos (ganas dan, la verdad, de pellizcarle) y al proverbial palmito de la señora Carme, las portadas reflejan una realidad que, por ser fiel a si mismo, Zapatero ha negado durante seis años. A saber: que el ejército español se encuentra en el avispero afgano cumpliendo con una misión de guerra- -de guerra o de imposición de paz lo que mejor les cuadre- que el Gobierno deshonra y menoscaba con su vergonzante cháchara, sus piruetas conceptuales, sus visitas relámpago al socaire del relampagueo de los flashes. Mientras, al general Petraeus le deberían conceder una medalla por su comportamiento heroico en la sufrida retaguardia. Soportar a los representantes de la Alianza de Civilizaciones tiene que ser una tortura para el jefe guerrero de la Alianza de los Civilizados.