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ABC DOMINGO, 11 DE JULIO DE 2010 abc. es agenda AGENDA 71 NECROLÓGICAS FÉLIX PASTOR FUNDADOR Y ÁRBITRO DEL PP Por ÁNGEL COLLADO F H ÉLIX Pastor Ridruejo, notario, fundador de Alianza Popular, árbitro en todas las crisis de reformulación de la derecha española desde los orígenes de la primera Transición- -incluso antes de la muerte de Franco- ha fallecido a los 78 años después de una larga enfermedad. Recibió sepultura en el templo de El Espino, en Soria, la provincia a la que siempre estuvo ligado después de nacer en Zaragoza y formarse intelectualmente en París. Culto, católico, conservador en el sentido más europeo, como lo fue el primer Manuel Fraga político, al que quedó vinculado en 1973, estuvo siempre por encima de las contingencias y de las peleas más internas y personales del centro derecha nacional, pero siempre contó para mediar, presidir los congresos claves en cada pendencia o impulsar las carreras políticas de los pacificadores. Presidió AP a partir de su segundo congreso, después del fracaso electoral de 1977; estaba presente cuando José María Aznar entró en política- -en Logroño- -y alentó la creación de Coalición Democrática en 1979, con José María de Areilza y Alfonso Osorio, y dejó la primera línea a principios de los años ochenta. Su profesión de notario le dio una independencia de juicio y un margen para vivir la política sin necesidad de interesarse por los cargos que le permitía salir para volver a entrar cada vez que sus capacidades conciliadoras le hacían imprescindible. Félix Pastor encabezó el comité organizador del congreso de AP que en 1986 eligió presidente a Antonio Hernández Mancha frente a la candidatura de Miguel Herrero y José María Aznar. Fue después vicepresidente con Fraga cuando Don Manuel regresó para quitar a su primer sucesor; y volvió a ocuparse de la organización del congreso que marcó la refundación definitiva de PP con Aznar ya al frente. Su notaría en las proximidades de la sede central de la calle Génova fue en todas las crisis territorio de arbitraje en las peleas previas a los congresos. Avaló y promocionó a Juan José Lucas y a Jesús Posada, ambos sorianos y después presidentes de la Junta de Castilla y León, además de ministros en los Gobiernos de Aznar. Con el fallecimiento de Pastor, el centro derecha español pierde a uno de sus fundadores que daba además un testimonio de independencia, integridad moral y respeto a los principios desconocido en los tiempos que corren. ROSA PINILLA LECTORA DE ABC Por FERNANDO R. LAFUENTE ASTA hoy, 11 de julio de 2010, no he conocido a nadie que se leyera desde la primera hasta la última página de ABC, con la atención, el esmero y la curiosidad de Rosa Pinilla. Casi se lo aprendía. Fue lectora de ABC desde su adolescencia en la madrileña Avenida de Menéndez Pelayo hasta el día de su muerte (5 de julio) Conocía cada sección, sus firmantes, las entrevistas, los reportajes, los editoriales con una precisión que dejaba desarmados a sus interlocutores. De entre sus papeles guardados hasta el último momento destacaba uno firmado por su columnista favorito, Ignacio Camacho. El dedicado a la muerte de la madre del colaborador de ABC. Católica ferviente y militante, generosa en sus ayudas parroquiales, observadora fiel de los mandamientos, supo educar, junto a su marido, José Luis Asenjo, a sus hijos y a sus nietos en la más radical de las honestidades, en el ejemplo más cabal del esfuerzo, en la enseñanza de que sólo el esfuerzo de cada uno es lo que permite alcanzar lo que se propone y en la lealtad más inquebrantable a la familia. Porque su obra, su gran obra, fue su familia; fue su creación más lograda, perenne, a la que se de- dicó enteramente, sin miramientos, ni descanso. De una belleza castellana incólume, sus ojos verdes transmitían la serena templanza de unos deseos de vivir insobornables. Visitante asidua de cuantas buenas exposiciones se exhibieran, asidua también de los conciertos y óperas fue una viajera impenitente, al lado de José Luis, y juntos levantaron el edificio más noble de cuantos uno anhele: una fe sin mácula en el difícil arte de vivir. Rosa fue una gourmet delicada, y la exquisitez de sus platos es algo que como tantas cosas, ya no volverá. Cuando alguien a quien has querido por mor de la azarosa vida muere, una parte de ti mismo es arrancada de manera brutal, ferozmente. Sin remisión. La muerte de Rosa Pinilla, lectora de ABC, con quien compartimos, tras el fallecimiento de su marido, su hija Carmen y quien esto escribe, largos veranos en Jávea, en los que siempre el comentario diario del periódico ocupaba las horas más jugosas del día, es una de esas epifanías terribles que la vida te depara Un honor fue para mí compartir una etapa formidable de su vida tan plena. Descanse en paz.