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ABC MIÉRCOLES, 7 DE JULIO DE 2010 abc. es sociedad SOCIEDAD 49 La Comisión dimite en pleno por entender que sus miembros han sido utilizados como cebo Su presidente, Peter Adriaenssens, lamenta que se haya roto la base de confianza necesaria para realizar el delicado trabajo de ayudar a las víctimas. maneció prácticamente durante todo el día para ser interrogado por los agentes judiciales. Si hubiera que hacer una descripción de los movimientos que ha hecho hasta ahora la investigación, desde que el registro se cebó en su residencia personal y en su propio ordenador todo indicaba que el foco de los fiscales y del juez instructor estaba apuntándole directamente. Después de mas de cinco horas de interrogatorios, los investigadores le sometieron a un careo con Peter Adriaenssens, el responsable de la comisión de compensación a las víctimas de abusos en el seno de la Iglesia, que se ha autodisuelto después de que la Justicia se apoderase de todos sus dossiers. El profesor en psiquiatría infantil de la Universidad de Lovaina dijo que había encontrado al cardenal profundamente afectado y chocado y que a muchas preguntas se limitaba a responder no lo recuerdo No puedo decir nada sobre el contenido de este careo, la Justicia debe hacer ahora su trabajo dijo a la salida Adriaenssens, que acudió en calidad de testigo ante la Policía judicial. Está claro que el cardenal Danneels está en estado de shock Para él es muy difícil saber que muchas personas pensaban que él sabía y que no hizo nada. Está sorprendido que hechos de tal gravedad se pongan en relación con su persona, pero creo que ha llegado el momento de que cada cual asuma sus responsabilidades y por eso la comisión que presidía se ha puesto de lado para dejar paso a la Justicia La desconfianza rompe la Comisión 28 de Junio de 2010 a las que mantuvo encadenadas a una cama en un sótano, y a quienes filmaba mientras las violaba para distribuir después esas películas en redes de pederastia. Las circunstancias de la muerte de dos de ellas nunca quedaron claras. Sí se supo que las pequeñas Julie y Melissa murieron de inanición en el par de meses en los que Dutroux fue encarcelado por su participación en una red de tráfico de coches robados. Su mujer, Martine, no quiso bajar al sótano a alimentarlas. Dijo que le daba miedo. Entre los cuerpos hallados encontraron el de su cómplice Bernard, a quien había enterrado vivo. Quienes entonces éramos corresponsales en Bruselas no dábamos crédito. El caso produjo indignación por la incapacidad de la Policía, la desidia de la Justicia y la inoperancia del Estado. Antes de aquellos crímenes, en 1986, Dutroux y su mujer ya habían sido juzgados por violación de cinco niñas. Pero, tras poco más de tres años de cárcel, el violador era puesto en libertad, e incluso recibía una pensión del Estado por supuesta incapacidad Ni su historial de pederasta violador ni sus delitos como traficante de drogas y mafioso sirvieron para que la Policía sospechara que era él quien estaba tras la desaparición de las niñas. Después, la instrucción del caso fue otro escandaloso despropósito. Para empezar, el juez Connerotte fue apartado sólo por participar en una cena (unos espaguettis) con los familiares de las víctimas. Connerotte era un juez muy comprometido, muy volcado, que denunciaba entre lágrimas las amenazas que recibía. Fue entonces cuando más se habló de las intocables personalidades que habrían sido clientes de los vídeos pornográficos de Dutroux. Nunca se probó nada. A mitad del caso, Dutroux protagonizó un peliculero intento de fuga. Tardó más de siete años en ser juzgado y condenado a cadena perpetua. Aún hay quien dice que con él se limitaron a encerrar bajo siete llaves el caso que hizo sospechar a los belgas que, bajo la plácida superficie de su país, corren sumideros de horror inimaginable. Con pensión del Estado Los asesinatos de niñas conmocionaron a toda Europa. AFP El caso Dutroux fue un escándalo de los años noventa que puso de relieve la inoperancia del Estado belga En estado de shock El monstruo de la dulce Bélgica ALBERTO SOTILLO MADRID Charleroi era una ciudad un tanto deprimente del sur de Bégica, azotada por el paro y el bajón de la economía. Allí, Marc Dutroux disponía de tres lujosos chalets, en los que la Policía encontró un submundo de terror que nadie había podido imaginar en un país tan burgués y aparentemente apacible. En el sótano de su residencia encontraron a las niñas Sabine y Laetitia, encadenadas y aterrorizadas. Y en posteriores excavaciones, fueron apareciendo los cadáveres de cuatro niñas y un adulto. Se reconstruyó entonces la historia. En los últimos cuatro años, Dutroux había secuestrado a seis niñas