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92 DEPORTES Cesc, una vuelta de tuerca Esta vez Del Bosque modificó su estrategia. Quitó al de siempre, Fernando Torres, pero en vez de meter a llorente, se decantó por Cesc Fábregas en busca de más control de balón. DOMINGO, 4 DE JULIO DE 2010 abc. es deportes ABC Ecos desde Johannesburgo 2 penaltis ha fallado España en este Mundial. Villa tiró fuera, desviado por la derecha, el penalti frente a Honduras. Y ayer, Xabi Alonso falló la repetición del suyo, y detuvo Villar. Penalti después del doble penalti Una vez Casillas había parado su penalti, y Villar, el segundo lanzamiento de Xabi Alonso, hubo otro penalti en el rechace. El portero paraguayo arrolló a Cesc con el cuerpo. Tres postes antes del gol El gol del alivio llegó después de tres tiros al poste. Pedro chutó al izquierdo, el rechace acabó en Villa, que lanzó al palo derecho y el balón, llorando, se fue hasta el izquierdo antes de entrar. Cesc Fábregas. AFP PARAGUAY Justo Villar Verón Da Silva Alcaraz Morel Santana Cáceres (85) Riveros Barreto (65) Cardozo Valdez (72) Vera (64) Santa Cruz (72) Barrios (85) 0 ESPAÑA Casillas S. Ramos Puyol (84) Piqué Capdevila Xabi Alonso (75) S. Busquets Xavi Iniesta F. Torres (56) Villa Cesc (56) Pedro (75) Marchena (84) s. c. 1 España, a las puertas del cielo B Ganó de forma agónica a Paraguay, que supo oscurecer las luces hispanas JOSÉ MANUEL CUÉLLAR JOHANNESBURGO GOL 0- 1, m. 82: David Villa, después de un disparo de Pedro al palo. EL ÁRBITRO Carlos Batres (Guatemala) Amarilla a Alcaraz, Morel, Cáceres, Santana, Piqué, Ramos. El capitán necesitaba un partido como el de ayer después de un arranque dubitativo en este Mundial. Villa, como ante Portugal, marcó el gol de la victoria, pero España llegó con vida gracias a una intervención decisiva del portero en el minuto 58. Casillas se estiró de forma magistral para detener el penalti que lanzó Cardozo. Al margen de esta acción, estuvo correcto y recuperó la seguridad. LA FIGURA Íker Casillas LO MEJOR La parada de Casillas en el penalti que lanzó Cardozo y una intervención soberbia al final. La fe de España, esta vez acompañada por una pizca de suerte con los palos. Villa ya es el máximo goleador. 9 4 0 2 293 90 24 32 LO PEOR El error de Xabi Alonso en el penalti. España no movió el balón con rapidez y le faltó frescura por momentos. Hubo desajustes defensivos. El clamoroso agarrón de Piqué dentro del área. 15 5 1 2 654 86 10 68 Remates Remates a portería Remates al poste Fueras de juego Pases Balones perdidos Faltas cometidas Posesión Un mal día, ese en el que la musa se te ha ido. Entre el rival, que te presiona bien, con cohesión, orden y rigor, y tú que andas medio adormilado, pensando en las musarañas y en la gloria lusa, pasan cosas. Por ejemplo, que faltan detalles, uno por aquí, otro por allí, y al final se te va juntando una montaña de consideración, complicada de escalar. España salió lenta. Si no les conociéramos diríamos que algo sobradita, como si los paraguayos fuesen el hermano menor al que le das una colleja y le dices anda, deja de joder con la pelota y dásela a los mayores Claro, así salió. Martino había estudiado bien el encuentro. Metió a Cáceres muy cerca de Xavi y cuando el balón le rondaba allí acudían prestos Riveros y Barreto, a unir ladrillo y hacer pared. Con Iniesta demasiado lejos en la banda y Xabi Alonso excesivamente pegado a Busquets, Xavi no la vio y, sin él, España se quedó sin ojos. Y sin ojos no tuvo el balón. Y sin el balón empezó a faltar la respiración. Mal asunto. Todo se complicaba, nada salía. Torres hacía carreras heroicas hacia la nada y a Villa le cerraba Verón, Alcaraz y Barreto. Paraguay entera iba a una, con las líneas más juntas, todo el equipo más coordinado. Eso es una cosa y que tuvieran veneno arriba era otra. Llegaron con cierta enjundia, pero con dientes de plástico. Pero no importaba. Tenían el partido justo donde querían. Y España estaba incómoda. Le apretaba el zapato, el traje le venía estrecho. No se encontraba. Apenas tuvo algunos minutos de liviana circulación, justo cuando Paraguay decidió tomar aire porque no podía aguantar ese ritmo frenético para poner una venda continua en el medio campo español. Pero no lo aprovechó, un poco cegado, sin la frescura necesaria. El problema era el balón. Nos encontramos a Luis en el aeropuerto de Cape Town. Contaba que lo que mata a los rivales de España es la continua posesión de balón. Cuando tú lo tienes lo haces correr y tú no necesitas moverte tanto. El rival sí. El rival tiene que correr tres veces los kilómetros que tú para tapar la llegada del balón, que va más rápido que sus piernas. Pero esta vez no sucedió así. Todo era un remanso de calma en el partido: la mar quieta, silencio en el campo, ninguna novedad ni arriba, abajo o en el medio... España tocaba, Paraguay aguantaba y en un pis pas, de repente, una tormenta se desató sobre el campo. A Piqué se le fue la olla y Casillas se la puso en su sitio con un paradón al penalti lanzado por Cardozo. Toma, para The Times debió pensar) y en la siguiente, la vuelta de la moneda con el esperpento arbitral de todos los días. Penalti a Villa y gol bien metido de Xabi Alonso. Al de Guatemala, con la conciencia sucia por no se sabe qué pues los dos fueron penalti, le dio por la repetición absurda y ahí Villar anduvo listo para pararlo y luego para hacer otro penalti, más claro aún, a Cesc. Pero Batres ya no se atrevió a destapar más cajas de truenos. Así que después de la tormenta llegó de nuevo la calma. Monotonía en la circulación de balón, demasiado lenta, demasiado confiada de España, y los paraguayos, que buscaban al- Dos minutos de tormenta La semifinal, el miércoles La Roja logra un hito histórico llegando a semifinales, donde se enfrentará a la temible Alemania gún perdigón suelto por el suelo a ver si se lo tiraban a los españoles y le daban en un ojo porque escopeta para dispararlo no tenían. En el final de todo. Paraguay lo dejó ir. Buscó la prórroga, los penaltis, lo que fuera, porque ya no tenía nada, ni pulmones, ni delanteros, ni ganas de verle la cara a Iker. España se echó encima, ya con todo, y la lógica de las cosas aupó a uno y hundió al otro. El gol fue como el partido, entró llorando, con el sudor de la frente, de forma casi lastimosa. Lo coció Pedro y lo remató el de siempre, el espadachín Villa, para guiar el coche a terreno alemán. Palabras mayores...