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ABC JUEVES, 24 DE JUNIO DE 2010 abc. es agenda AGENDA 59 NECROLÓGICA ALMIRANTE GENERAL SATURNINO SUANZES AL SERVICIO DE LA ARMADA Por José Ignacio González- Aller Descanse en paz tan egregio almirante, ejemplo de generaciones futuras, al que se pudo aplicar, con toda razón, el antiguo adagio castellano: Dios qué buen vasallo, si hobiera un buen sennor H ACE unos días nos dejó para siempre el almirante general Saturnino Suanzes de la Hidalga- -Ninín para toda nuestra Corporación- -pues corresponde recordarle con llaneza a los que tuvimos el honor y satisfacción de conocerle. Fue un gran marino, sin pliegues e incapaz de doblar el espinazo ante los omnipotentes, adornado de muchas de aquellas virtudes que hacen grandes a los hombres y particularmente a los que lucen con orgullo el uniforme del botón de ancla: enamorados de la Patria y la Corona, de su profesión y de la familia, fieles a las tradiciones de los antepasados, aislados y a veces incomprendidos en su trabajo, desconocidos para la opinión pública. Ninín unía a estas cualidades, entre otras muchas, las de despreciar olímpicamente a los militares y civiles oportunistas- -de lo cual dio abundantes pruebas a lo largo de su vida- -y mandar en sus destinos de mar o de tierra con aquella agresividad consciente y firmeza en la conducción de la fuerza que hizo grandes a los españoles del pasado. Todo ello propició la consecución de muchos logros beneficiosos para la Armada de todos conocidos, como fueron la creación del Arma Aérea y del Grupo Aeronaval de la Flota, luchando contra opiniones encontradas y la sempiterna cicatería en los presupuestos militares. Tiempos difíciles si los hay, donde Ninín puso a prueba toda su capacidad de trabajo y dotes de organizador, particularmente en el periodo de 1982 y 1984, en que la Providencia le deparó la enorme satisfacción de ser cabeza de su querida Armada y regir la ejecución de las misiones y tareas encomendadas durante aquellos apretados y fecundos años. Como tuve el inmenso honor de ser su ayudante personal, en estos momentos se agolpan en mi cabeza los recuerdos de aquella época. Entre los destaca un hecho muy desconocido y a mi juicio importante históricamente hablando por las consecuencias que tuvo. No me resisto a dejarlo en el olvido, pues retrata cabalmente cuán largo era Ninín en el pensamiento y en el interés insobornable que guiaba todas sus actuaciones en bien de España y de la Armada. Felipe González, que se había encargado de la presidencia del Gobierno en diciembre de 1982, visitó Cartagena con motivo de la botadura del submarino Mistral, ceremonia de que era madrina su esposa Carmen Romero. El almirante Suanzes recibió en la base de San Javier al presidente y al ministro de Defensa Narciso Serra durante la mañana del 14 de noviembre de 1983. Tras una serie de actos que incluyeron una demostración del Grupo Aeronaval de la Flota presenciada desde el portaaeronaves Dédalo y la inmersión a gran profundidad a bordo del submarino Galerna, las autoridades se trasladaron a la Base de Submarinos, donde la Empresa Nacional Bazán les iba a ofrecer un almuerzo en la cámara de oficiales. Cuando Felipe González ascendía pausadamente por la escalera principal de la Base de Submarinos observó curioso los numerosos nombres que desde hace muchos años figuran a derecha e izquierda en los paramentos de la subida. El presidente, que encabezaba la comitiva, se volvió hacia Suanzes y le preguntó: -Almirante, ¿qué significan estos nombres? Yo, que como es costumbre en los ayudantes seguía a mi jefe por detrás y muy de cerca, quedé sorprendido cuando éste me ordenó: -Sisiño, ¿quieres contestar a la pregunta? Tomé la palabra inmediatamente y dirigiéndome al presidente le informé que los nombres pertenecían a los almirantes, jefes y oficiales submarinis- tas muertos durante la Guerra Civil, así como señalé las placas, que también figuraban allí, en memoria de las dotaciones de los cuatro submarinos republicanos desaparecidos en el mismo conflicto. -Me parece muy bien, fue la escueta respuesta. Al llegar la comitiva al rellano situado frente al despacho del jefe de la Flotilla de Submarinos, Ninín se dirigió al jefe del Gobierno. -Presidente, como sobran unos minutos para pasar a la cámara, te propongo una visita corta al Centro de Operaciones de la Flotilla, pues creo que puede resultar interesante. Allí se dirigieron, y tras los saludos de rigor, tomó la palabra el capitán de navío Fernando Martín Ivorra, a la sazón jefe de los submarinos. Inició su exposición señalando sobre un gran mapa mural la situación de los buques de guerra del Pacto de Varsovia desplegados en los accesos del estrecho de Gibraltar y áreas occidentales del Mediterráneo. Indicó en primer lugar la presencia del AGI espía que desde hacía años mantenía la Marina Soviética en las proximidades de la base naval de Rota para informar acerca de las actividades navales hispano norteamericanas. Continuó puntualizando la derrota del portaaviones Moskva en tránsito del Mar Negro al Atlántico y que casualmente en aquellos momentos cruzaba el Estrecho. Asimismo, Martín Ivorra informó sobre la última posición conocida- -a unas 32 millas de Cartagena- -de un submarino de la clase Yankee. E n este momento, Felipe González interrumpió al capitán de navío, preguntando: ¿Cómo es ese submarino? Ivorra se dirigió a una mesa planero y allí mostró al jefe del Gobierno la impresionante vista aérea del buque cuyas características describió, subrayando que desplazaba 9.300 toneladas y estaba dotado con 16 misiles balísticos capaces de destruir gran parte de España y la Europa Occidental en pocos minutos. Por toda contestación, el presidente inteligentemente preguntó: -Y esta información, ¿de dónde la reciben ustedes? Era el momento largamente esperado por el almirante Suanzes, y tomó la palabra: -Desde los comienzos de los años sesenta la Armada mantiene unas excelentes relaciones con la Marina de Estados Unidos. Fruto de ellas son los frecuentes ejercicios conjuntos que realizamos con las Marinas de la OTAN y la utilización de sus doctrinas, procedimientos, códigos tácticos y comunicaciones. Dentro de esta relaciones fluidas convinimos hace años trasmitir al Cuartel General de la Alianza en Nápoles toda la información recogida por nuestros buques sobre las actividades de unidades del Pacto de Varsovia, y a cambio recibir una inapreciable inteligencia sobre la situación táctica y estratégica en las zonas de influencia españolas. -Todo eso lo ignoraba yo. Esta fue textualmente la lacónica y franca respuesta que recibió el almirante Suanzes. Sinceramente creo que ese día Ninín abrió los ojos a Felipe González para propiciar el inicio del largo proceso de la decisión que desembarcó en el célebre referéndum del 12 de marzo de 1986 sobre la continuidad de España en la pertenencia a la OTAN. Descanse en paz tan egregio almirante, ejemplo de generaciones futuras, al que se pudo aplicar, con toda razón, el antiguo adagio castellano: Dios qué buen vasallo, si hobiera un buen sennor JOSÉ IGNACIO GONZÁLEZ- ALLER HIERRO ES CONTRALMIRANTE (R)