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58 TOROS www. abc. es toros LUNES 8- -3- -2010 ABC Los valientes también lloran OLIVENZA Plaza de toros de Olivenza. Domingo, 7 de marzo de 2010. Tercera corrida (matinal) Lleno. Toros de Zalduendo, incluido el sobrero (3 bis) nobles, mansotes y justos de casta y fuerza. Enrique Ponce, de grana y oro. Pinchazo, estocada trasera y desprendida y dos descabellos. Dos avisos (silencio) En el cuarto, estocada (dos orejas) Salió a hombros. Alejandro Talavante. de canela y oro. Bajonazo (saludos) En el quinto, pinchazo, media tendida y nueve descabellos. Tres avisos (saludos) Cayetano, de espuma de mar y oro. Estocada (oreja) En el el sexto, pinchazo y estocada tendida (ovación) Fría reaparición de Jesulín de Ubrique en Castellón CASTELLÓN. Frío y lluvia, eso fue lo que el tiempo deparó para el inicio de la feria de La Magdalena. Y no menos gélido resultó el esperado regreso a los ruedos de Jesulín, después de su fallido intento en Vistalegre. Escasez de público- -apenas media entrada en los tendidos- ninguna cara conocida y sin la nutrida presencia de las cámaras de programas rosa, que no hace tanto tiempo perseguían al torero allá donde toreaba. En el plano profesional, Jesulín no pasó de discreto ante dos toros escasos de calidad pero fáciles para el torero. Sobrio y templado con el primero y algo más desdibujado ante el cuarto, fue silenciado al término de sus faenas. El Cordobés se llevó una oreja del quinto, único trofeo de la tarde, tras una labor tan del agrado de su público como escasa de contenido. Muy poco pudo hacer con su complicado primero. También fue difícil el tercero, con el que Tejela anduvo dispuesto, pese a pasar por momentos comprometidos. Ante el sexto, el madrileño ofreció los mejores momentos de la tarde cuando lo toreó con la mano izquierda, en unas series templadas y muy exigentes, que terminaron pronto con la falta de raza de su noble oponente. Esa escasez de raza fue la tónica general de un encierro desigual de presencia pero noble, que Manolo González envió a Castellón con el hierro de Socorro Sánchez Dalp. RAFAEL CARRIÓN OLIVENZA. No se puede verbalizar el toreo y después parlotear tan mal la suerte suprema. El acero se llevó los premios, pero no el recuerdo. Afiló los tres avisos y puso un candado a la puerta grande. Cortó la sonrisa y abrió las compuertas del llanto. Alejandro Talavante conquistó un gran triunfo en su muleta, pero espada y descabello lo cambiaron por tres recados presidenciales. Para colmo, a segundos de caer el tercero, falló el puntillero... Antes había cuajado los naturales más inmensos de la mañana. Sin titubeos, tomó directamente la izquierda y corrió la mano con profundidad. Riñones encajados y rota la cintura. Sentimiento en el desdén. Muleta a rastras y algarabía en los tendidos, porque todo lo que se hace por abajo cala hondo. Probó a derechas y pintó un cambio de mano de antología. Repetición de la jugada con este buen toro de Zalduendo, que lidió una corrida manejable y apta para el éxito, aunque justa de casta. Como en Vistalegre, Talavante no atinó en la hora de la verdad. El público aguzaba en su pensamiento el verduguillo, pero no había manera. Con el galardón perdido ya, avanzó hasta los medios, cogió la montera, se la llevó al corazón y después ocultó tras ella sus ojos. Sin consuelo, se secaba las lágrimas en el callejón. La gente, sorprendida al contemplar su tristeza, le tributó una lujosa ovación; los fotógrafos lo inmortalizaban. Los valientes también lloran... ROSARIO PÉREZ Talavante pinchó una gran faena y oyó los tres avisos El extremeño se había mostrado superior al flojo y rebrincado segundo- -mal lidiado- aunque pecó de encimismo. El bajonazo enfrió los ánimos. El vencedor fue Enrique Ponce, quien desorejó al noble cuarto con una faena made in Chiva. Principio torerísimo con dobladas, cambio de mano y trincherilla de mimo excelso. En los medios enjaretó una primera tanda a derechas con elegancia. Todo a media altura, pues si le bajaba la mano se desmoronaba. Pinturero en los detalles, se sintió a izquierdas. Pase de las flores, vuelta a su templada derecha y primaveral molinete. Lentitud en el epílogo. Y silencio en la poncina, emborronada primero y luego límpida tras un cambio de mano. Sonó un aviso antes de entrar a matar, pero dejó una efectiva estocada y descerrajó la puerta grande. Con la babosa que abrió plaza, exhibió su carné de curandero en una larga labor, en la que oyó los dos avisos al amorcillarse el animal. También rozó la salida a hombros Cayetano, quien roció el albero con aromático toreo. El tercero parecía tener un problema en la vista y se cruzaba. El presidente no dudó en devolverlo. El sobrero, al que saludó con verónicas de gusto, se rajó, pero resultó EFE muy noblote. Esa bondad la aprovechó Cayetano para torear a cámara lenta. Se dobló con torería con el mansito y bordó el broche con uno de pecho. La faena tuvo la virtud del temple y de dar el toque preciso. De esta guisa desgranó derechazos y naturales con relajada clase. La trinchera traía perfume de albahaca. Puso el colofón con ayudados por alto y un pase de la firma mirando al tendido. Lo cazó de una estocada y se ganó una oreja. En el sexto volvió a causar una grata impresión: esplendor en el quite, disposición rodilla en tierra, perfume en la trinchera y estético ritmo en la series. OLIVENZA Plaza de Olivenza. Domingo, 7 de marzo. Última de feria. Lleno. Toros, por este orden, de Daniel Ruiz, Cuvillo, Victoriano del Río (3 y 4 Garcigrande y Victorino; destacaron 2 y 6 El Juli, de grosella y oro. Estocada desprendida (oreja) En el cuarto, pinchazo y estocada trasera (silencio) José María Manzanares, de grana y oro. Estocada desprendida (saludos tras leve petición) En el quinto, estocada (saludos) Miguel Ángel Perera, de fucsia y oro. Media (palmas) En el sexto, dos pinchazos y media caída (ovación) Cañones sin disparar OLIVENZA. El invento de que cada matador rajese su torito bajo el brazo no puso el broche que merecía la feria. Culpables: unas veces, el toro; otras, los toreros, que debieron esmerarse más. Lo más rotundo: los cañonazos con la espada de El Juli y Manzanares, a quien faltó disparar en la muleta. Para cañón Carmen Martínez R. P. Bordiú, según la piropeó reiteradamente un espectador. El lote lo sorteó Manzanares, que lidió un gran Cuvillo, con calidad y ritmo. Estética y clase le sobran, pero no se acopló lo suficiente. Con las orejas puestas se marchó el ejemplar. El garcigrande fue manejable, pero Manzanares lo que manejó fue el mando a distancia. ¡Qué lastima con ese empaque! El otro toro de la tarde fue el sexto, un victorino que murió con la boca cerrada y con más temple que muchos toreros. Franco, todo lo quería por abajo. Perera hizo las cosas bien por momentos pero sin redondear. Con su suelto y rajado tercero anduvo encimista. El único trofeo lo cosechó El Juli con el noble y flojo primero de Daniel Ruiz, al que trazó una ronda diestra perfecta y unos circulares en una moneda de un euro. El victorianodelrío no valió un céntimo.