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ABC LUNES 8- -3- -2010 29 petir mandato según las encuestas, se presenta por separado de las principales fuerzas chiíes, que obtuvieron un 58 por ciento de los votos en 2005 y que le otorgaron el poder. Ya separado de ellas, en las provinciales de 2009 ganó en nueve de las catorce provincias donde se votó. Las consecuencias de la guerra entre sectas que vivió el país eran visibles en uno de cada diez colegios electorales de la capital, en los que se abrieron salas de voto especiales para los vecinos desplazados por problemas sectarios. Ibrahim Salim (chií) y su familia llegaron al barrio de Karrada desde Al Dora hace tres años, y aun no han podido regresar a su casa, ahora en territorio suní. Votaron bajo el fuego de los morteros, mucho más llevadero que los co- ches bomba, ¿no? bromeaban. La tensión en Bagdad distaba de las imágenes llegadas del Kurdistán o las provincias del sur, donde la jornada discurrió sin incidentes. Mensajes de Obama y la UE La insurgencia no ha logrado descarrilar el proceso electoral, y la jornada de hoy ha sido un paso adelante manifestaba un diplomático europeo en Bagdad. La propia UE reaccionó con rapidez y una vez cerrados los colegios elec- Los medios iraquíes estiman el índice de participación por encima del 60 torales emitió un primer comunicado en el que valoró la participación de los ciudadanos pese a los ataques Y el presidente Obama felicitó a los iraquíes por su coraje Una participación que al cierre de esta edición los medios iraquíes elevaban por encima del 60 aunque habrá que esperar los datos oficiales. Terminadas las elecciones empieza el recuento, y la fase de negociaciones para cerrar acuerdos políticos que proporcionen la mayoría necesaria para elegir al nuevo primer ministro. La era de Sadam Husein queda cada vez lejana, y después de una campaña vibrante, ejemplar para los países de la región, Irak se dispone a disfrutar del primer gobierno soberano que liderará el país sin fuerzas norteamericanas en las calles. El azote de las milicias Primer ministro en funciones, Nuri al- Maliki es el hombre, pragmático y no sectario, que acabó con las milicias que arrasaban Irak, y firmó la retirada progresiva de las tropas estadounidenses POR M. AYESTARÁN Alberto Sotillo PAZ EN IRAK, INSHALLAH uchos iraquíes tienen motivos para la esperanza. Sobre todo cuando asumen que, peor que en los últimos 30 años, imposible. Veamos, si no, la vidas paralelas de Omar, suní, y Husein, chií. Ambos enviados a la máquina de picar carne de la guerra contra Irán, saldada con un millón de muertos. Husein, al igual que tantos chiíes, fue reclutado como carne de cañón M en una guerra de trincheras en la que marchaban los soldados como ganado al matadero. Omar, suní, fue movilizado como oficial y hecho prisionero durante tres años. Vieron morir compañeros, familiares, amigos. Y volvieron de la guerra a la miseria. Husein, sin oficio ni beneficio, fue esclavo en una fábrica de ladrillos. Y Omar- -un privilegiado suní- -se reenganchó en el Ejército con un sueldo que no le daba ni para casa propia. Su país se había arruinado, y a Sadam no se le ocurrió mejor idea que invadir Kuwait como quien intenta robar la caja de caudales del Golfo. No fue una buena idea. Omar y Husein volvieron al frente y, a los pocos meses, retrocedían en desbandada. Humillación. Tras la derrota, Husein se sumó a la re- vuelta chií, ahogada en sangre y en la que vio a sus correligionarios cazados como conejos. Y Sadam, para superar la humillación, daba a entender que tenía unas armas de destrucción masiva que sólo estaban en su imaginación y en la de sus enemigos. Otra mala idea. EE. UU. invadió su país, disolvió el Ejército, echó a Omar a la calle con una patada literal en el trasero y le dijo a Husein que el futuro era suyo. Vinieron la guerra civil, Al Qaida y la internacional terrorista islámica, el enfrentamiento entre Omar y Husein, suníes y chiíes. Y siete años después, exhaustos de tanta sangre, unos y otros reducen la velocidad a la que se han estado matando, hacen recuento de treinta años de terror. Y se dicen: hay que ser optimistas. BAGDAD. Desde su llegada al poder en 2006 Nuri Al- Maliki (1950) hizo de la seguridad objetivo prioritario. Además de la lucha contra Al Qaida, el primer ministro inició una ofensiva contra el resto de las milicias que operaban por cuenta propia en Irak, que imponían su ley al margen del Gobierno. Pese a su condición de chií, no le tembló la mano a la hora de lanzar en 2008 la operación Sulat alFursan para acabar con la resistencia armada del Ejército del Mahdi, el grupo militar de Muqtada al- Sadr. El siguiente paso fue incorporar el sahwa suní, las milicias del despertar creadas por EE. UU. para acabar con la resistencia, a las instituciones públicas. Hoy las calles del país están limpias de paramilitares y las fuerzas de seguridad iraquíes han sido capaces de llevar adelante el proceso electoral sin la presencia norteamericana en las calles. De ser desconocido en 2005 ha pasado a ser uno de los personajes más valorados por los electores, que destacan sobre todo que se trata de un hombre pragmático y no sectario que ha traído la ansiada seguridad y ha logrado firmar la salida estadounidense del país. Número dos del partido Dawa, fue designado primer ministro porque el jefe del partido y ex primer ministro, Ibrahim al- Yaafari, perdió la confianza de suníes- -le acusaban de colaborar con el Ejército del Mahdi- -y kurdos- -reclamaban mayor soberanía sobre Kirkuk- En estos años ha sabido mantener el equilibrio entre Teherán y Washington, y ha defendido un discurso nacionalista que ha calado en una ciudadanía harta de la guerra civil. Su decisión de romper el bloque chií, en el que iba de la mano del Consejo Supremo Islámico y la Corriente Sadrista, le ha valido las críticas de sus ex aliados, que le acusan de querer concentrar todo el poder en sus manos, según el modelo de Sadam Husein. Bautizó a su nueva lista como Estado de Derecho, y el Movimiento Nacional Iraquí de Iyad Alaui es, según las encuestas, su mayor amenaza para seguir en el cargo. Los medios iraquíes no tienen claro el resurgir de Alaui, asociado con figuras baasistas, como Saleh al- Mutlaq, y plantean un escenario con las fuerzas chiíes unidas y apoyadas por los kurdos. Ha roto el bloque chií