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12 OPINIÓN SÁBADO 27 s 2 s 2010 ABC AD LIBITUM LOS CUATRO MAGNÍFICOS UANDO, en la estela de Akiro Kurosawa, John Sturges quiso cantar la gloria de los abnegados héroes dispuestos a salvar la libertad de un pueblo frente a sus malvados opresores convirtió a los samurais en pistoleros y rodó Los siete magníficos Medio siglo después, mientras las fuerzas del mal- -desde The Wall Street Journal a Financial Times- -disparan sobre Zapatero, Elena Salgado, Miguel Sebastián y otros devaluados socialistas incapaces de enfrentarse a una crisis brutal y creciente, los magníficos se han quedado en cuatro, que todo merma; pero ahí están Javier Gómez Navarro, GuiM. MARTÍN llermo de la Dehesa, FERRAND Miguel Roca y Antonio Garrigues Walker en los papeles que en su día representaran Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson y James Coburn. Todo un espectáculo al servicio de la Nación... y del impreciso y etéreo Gobierno Zapatero. La que dice ser y llamarse Fundación Confianza, en la que se percibe la iniciativa del Consejo Superior de Cámaras de Comercio y cuenta con la ayuda de un grupo de abnegados y grandes empresas acostumbradas a satisfacer tasas no previstas en nuestro ordenamiento jurídico, promueve una campaña- Esto solo lo arreglamos entre todos -en la que se pretende que los ciudadanos recuperemos la confianza- ¿en quién hemos de confíar? -y el Gobierno, pobrecito, alivie una responsabilidad que, si se repasan los acontecimientos, le corresponde en exclusiva. Quienes, por mezquinas razones electoreras, no quisieron ver llegar la crisis que padecemos y que, por falta de talento, no son capaces de enfrentarse a ella buscan el disimulo de su incuestionable autoría. Por eso calbalgan ya los magníficos de Gómez Navarro. Está muy bien que la sociedad se movilice y que personas de respetable notoriedad amparen a un Gobierno en sus tribulaciones; pero, ¿ese dignísimo papel le corresponde a las Cámaras de Comercio, una entidad que no es de adscripción voluntaria y que sus cuotas obligatorias las ejecuta la Agencia Tributaria? Los empresarios y los profesionales son muy dueños de, según su voluntad, acudir en socorro del Gobierno, de la Fundación Vicente Ferrer o de las víctimas de Haití; pero en las Cámaras es exigible, dada su extraña naturaleza y estructura, la más prístina neutralidad política. Al Gobierno no le faltan ayudas y servidores y, en este caso y por razones estéticas- -por lo menos, estéticas- -sobra uno de los magníficos. C -Del Judicial salté al Legislativo, estuve en el Ejecutivo y me volví al Judicial. A mí lo que me pasa es que me queda pequeño un Estado de sólo tres Poderes. HAY MOTIVO LOS ARTISTAS DEL HAMBRE O hace ni medio año, el Centro Reina Sofía proyectó, con gran despliegue de pompa y circunstancia, Hunger opera prima del londinense Steve McQueen en el ámbito de los largometrajes. La pieza del reputado vídeo artista (el vídeo arte, ya saben, es como si fuera el cine con la peculiaridad de que no se entiende nada) relata la pasión y muerte del desdichado Bobby Sands a consecuencia de una tenaz huelga de hunger A ver, Zapatero, apunte: Hunger Hambre Y añada un apunte al bies por si le pica la ignorancia: el pretendido desdichado era un líder del IRA que quiso doblarle el pulso a la señora Thatcher y que, si bien bajó al infierno, ascendió, de inmediato, a los altares. A los otros diez comparsas que le acompañaron en aquel viaje, la historia les despachó de un bajonazo, con una triste nota a pie de página. Pero la nota, de prensa en este caso, TOMÁS la dieron los escribas del hospital de CUESTA las vanguardias que no desperdiciaron la ocasión de recrearse en el radical chic y la lisonja irresponsable. El filme- -babeaban los memos exquisitos no hace ni medio año- -es una abstracción de lo que significa morir por una causa ¡Acabáramos, hombre: morir por una causa! Ahí se arrebuja la madre del cordero, el busilis, la clave. Qué abstraídos estábamos. Bobby Sands, en concreto, fue uno de los heraldos del terror y, en abstracto, un querubín, un mártir, que se dejó morir por una causa. Por eso su agonía es una pieza de museo y sus biógrafos pretenden que se le beatifique cuanto antes. Al amanecer del día 5 de mayo, el alma de uno de los jóvenes más nobles que ha engendrado Irlanda, se encontró cara a cara con su Creador, su Compañero en el N tormento y la desgracia Con un par, sí señor, y, si me apura, con licencia eclesiástica. Áteme usted esa mosca por el rabo y quédese, en mala hora, con la limosna y con el santo. Mosquea, desde luego, aceptar que en estos páramos la decencia ya no tiene arte ni parte. Que no habrá ningún perito en artificios, doctor en arterías o licenciado en artimañas que se juegue el bigote mesándole las barbas al caimán de La Habana. Que nadie intentará matar el Hambre que ha segado la vida de un albañil cubano mientras se empachan con el glamour de Hunger y el desafío estético de la bomba lapa. Orlando Zapata es un cadáver tan real, tan descarnadamente humano, que no admite los pésames de avío, ni la retórica de catón y formulario. Sólo el dolor que duele le sirve de mortaja. Los profesionales de la indignación a tanto alzado, las plañideras de alquiler, los voceros que gruñen al unísono al escuchar la voz de mando, se callan hoy como curtidas jineteras y, en lugar de ir al trote, van al paso. La penúltima víctima de la castroenteritis no se corresponde, al parecer, con el estándar de los que no vacilan en morir en aras de una causa. No era palestino, ni irlandés, ni siquiera era vasco. Aspiraba a ser libre el infeliz, no le cogía el gusto a la resignación castrada. Vamos, que, en cierto modo, se podría afirmar que se murió de gula e incluso que no ha muerto sino que ha desertado. En uniforme o en chándal, Fidel Castro continúa ejerciendo las funciones de Circe caribeña (caribeña, en femenino: los deslices genéricos los subsana su hermano) y aquéllos que le rondan se transforman en cerdos de inmediato. Cochinos politicastros, intelectuales chanchos, puercos estilizados. Cuando los asesinos pasan por piezas de museo, a los asesinados se les mete a barato.