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66 CULTURAyESPECTÁCULOS MIÉRCOLES 11 s 11 s 2009 ABC Clara Campoamor, voz y voto de la tercera España Un estudio revela que fue bautizada como Carmen y apunta nuevos aspectos sobre su gran compromiso humano e intelectual MADRID. Republicana por los cuatro costados. Republicana casi desde la cuna que la vio nacer en el madrileño barrio de Maravillas, en 1888. Fue una de las pioneras del feminismo español y una sufragista convencida, tan convencida que su apoyo incondicional al voto de las mujeres le valió fuertes críticas llegadas, curiosa y paradójicamente desde la izquierda. Pero Clara Campoamor no era de las que se rinden. Desde su escaño en las Cortes defendió el paso de las mujeres por la laica vicaría de las urnas, y lo consiguió, en 1933, elecciones en las que ella misma no sería reelegida. Luego, la República, su república República, república siempre, la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos escribiría) en la que tanto creía, como su propio padre, a punto estuvo de dejarla en la cuneta (no es esto, no es esto) y tuvo que huir del Madrid en llamas y en armas de 1936. Nunca la permitieron volver. Sin embargo, su persona ha dado nombre a calles, institutos, barcos, bibliotecas, colegios y hasta será impresa en los euros. Su vida, la vida de una mujer que luchó contra casi todos los elementos, que tuvo que trabajar cosiendo desde cría para escapar de la pobreza, que acabó el bachillerato con 34 años, que se hizo abogada antes de cumplir los 36, que como parlamentaria se opuso al primer Estatuto de Cataluña (el de Nuria, que para ella discriminaba a los castellano- hablates) que presidió el comité Pro Infancia Obrera, que se ocupó de los niños que habían quedado desamparados tras la Revolución de Asturias, está fiel y afortunadamente bien retratada en Clara Campoamor: la sufragista española la biografía de Concha Fagoaga y Paloma Saavedra. La guinda de esta esencial obra fue la publicación de La revolución española vista por una republicana (uno de los MANUEL DE LA FUENTE textos más clarividentes y excepcionales de doña Clara) en edición del historiador Luis Español Bouché (Ed. Espuela de Plata, 2005) Más recientemente, en tercera edición corregida y aumentada, Luis Español ha aportado nuevos y sorprendentes datos sobre esta mujer casi única, republicana, sí, pero liberal y no socialista, que tuvo que abandonar aquel Madrid revolucionario y milicianero de los paseos y las checas, autora del libro antes citado que fue el primer análisis histórico de la degradación del régimen republicano como señala Español. Quien también, mientras se esforzaba en esta una nueva edición tuvo un hallazgo, casi una visión, en la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional. Allí, Español leyó la noticia de la muerte de alguien llamado Clara Campoamor Rodríguez, hija de Manuel Campoamor, en 1889, casi un siglo antes de 1972 el año en que murió la feminista liberal que pasó a la historia. O había un error o alguna extraña paradoja. Español acudió entonces al archivo parroquial y allí dio con la partida de nacimiento y la de defunción de aquella Clara. Y ya supo a qué atenerse. La Clara que nosotros conocemos realmente se llamaba Carmen y había tenido una hermana mayor muerta muy prematuramente llamada Clara. En su biografía, Saavedra y Fagoaga ya habían apuntado que a la sufragista la habían bautizado como Carmen pero que sus padres la inscribieron en el registro civil como como Clara, en recuerdo de su hermanita desaparecida, algo no tan extraño en ese tiempo con altas tasas de mortalidad infantil. Luis Español también aporta nuevos datos acerca de Ignacio Eduardo, hermano de Clara, también sobre su padre, un culto republicano que trabajaba en la La Correspondencia de España un hombre que entrañable y muy filosófica y librepensadoramente les decía a sus hijos que los regalos navideños no los traían los Reyes Magos sino La República, que era más buena Sin embargo, a pesar de que su nombre resuene por los cuatro costados de España, los intentos partidistas de apropiación de su memoria, y la amnesia que de vez en Su padre y sus hermanos Clara Campoamor cuando asola nuestro país han hecho que la vida y la obra de Clara Campoamor no sea tan conocida en profundidad como debiera. Probablemente porque, como sugiere Luis Español, la memoria siempre es vaga, en las dos acepciones del término. Una, de las facetas del progreso consiste en luchar contra el ol- ABC En nuestro atribulado siglo XX, representó la voz de la razón y del optimismo indica el historiador Luis Español Los editores distinguen a Peces- Barba con el Premio Antonio Sancha EP MADRID. El ex presidente del Congreso de los Diputados Gregorio Peces- Barba recibió ayer el Premio Antonio Sancha 2009 que concede la Asociación de Editores de Madrid por su compromiso con la Universidad, la Política y el Pensamiento y, consecuentemente con el libro En un encuentro con periodistas, Peces- Barba aprovechó para afirmar que el reproche más serio que se le puede hacer al actual Gobier- no es no haber dicho hasta aquí hemos llegado a determindas Comunidades Autónomas. Asimismo, declaró que no se había acertado a la hora de cambiar el ritmo de las refomas y, en su opinión, primero se debería haber cambiado la ley electoral, después la Constitución y por último, los Estatutos. También indicó que la izquierda no está tan perdida y declaró que el liberalismo económico, responsable de la crisis económi- ca, está en peor situación que el socialismo democrático En este sentido, afirmó que el socialismo o es ético o no existe y advirtió que el socialismo tiene una dimensión y una moral que no pueden olvidarse Hay que volver al fondo de las cosas añadió PecesBarba, quien recordó que el PSOE tiene una mayoría de militantes muy sacrificados y dignos Eso hay que profundizarlo y no hacer demasiadas ocurrencias agregó. vido, que es una forma de muerte. Es una lucha perdida de antemano, pero que vale la pena Entre la reacción y la revolución intentó colarse otra tercera España, la de la inteligencia, la sensatez, el raciocinio y la cordura que también salió muy mal parada. La España de Clara. Las dos Españas que nos helaban el corazón se necesitaban mutuamente- -continúa el historiador- ya que se justificaban la una en función de la otra. La tercera España, la de la inteligencia, es, lógicamente, la víctima por antonomasia de las otras dos. Lo curioso del tema es que las dos Españas terribles han muerto, por mucho que algunos se empeñen en resucitarlas, y que su víctima, la España amable e inteligente, la de Clara Campoamor, ha terminado ganando. En nuestro atribulado siglo XX, ella representó la voz de la razón y del optimismo Cuando los euros con su imagen estén entre nosotros no olviden lo que se traen entre manos, el retrato de una de las más grandes mujeres de la historia española. Una mujer con voz y voto.