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ABC JUEVES 3 s 9 s 2009 SOCIEDAD 61 Yacimiento de Solana de Zamborino, en Granada, donde se han encontrado algunos de los utensilios Descubren en Murcia y Granada las hachas más antiguas de Europa Una nueva datación demuestra que las herramientas tienen 900.000 años MADRID. Las hachas de mano pertenecientes a dos yacimientos del sureste peninsular tendrían unos 900.000 años según una nueva datación, lo que podría convertirlas en las más antiguas de Europa. Este nuevo dato implicaría que el Estrecho de Gibraltar fue lugar de paso para los homínidos desde África. El estudio realizado por Gary R. Scott y el español Luis Gibert en el Berkeley Geochronology Center (California) publicado en la revista Nature ha analizado los yacimientos de la Solana del Zamborino (Granada) y el de Cueva Negra (Murcia) El trabajo demuestra que estos yacimientos datados inicialmente en el Pleistoceno Superior, entre 100.000 años y 400.000 años, tienen una edad mínima de 760.000 años en el caso de la Solana de Zamborino y de alrededor de 900.000 años en el de Cueva Negra. Este nuevo análisis convierte a Cueva Negra en el yacimiento con industria de bifaces más antiguo de los que se han datado hasta el S. S. momento en Europa según ha explicado Gibert en declaraciones a Efe. Este descubrimiento es el resultado de un estudio geocronológico más amplio que se está realizando en el sureste peninsular. Este trabajo indica que existió una ocupación humana continuada en esta zona y que la presencia de evidencias de la cultura ol- duwaiense y de la achelense, ambas con origen africano, acercan la cultura europea a la africana. Los bifaces o hachas de mano eran las herramientas mul- tiusos de nuestros antepasados. Aparecen en África hace 1,5 millones de años y su importancia radica en que se asocian con el Homo ergaster o el Homo erectus, porque la construcción de herramientas con formas predeterminadas y simétricas implica una mayor capacidad cognitiva ha apuntado Gibert. Este investigador ha recalcado que la aparición de la industria olduwaiense y achelense más antigua de Europa en el sureste peninsular, indica que el Estrecho de Gibraltar funcionó como una barrera permeable a los homínidos durante el Pleistoceno Inferior y que probablemente lo cruzaron en varios momentos Además, la presencia de fauna africana en el yacimiento murciano de Cueva Victoria y la casi total ausencia de hachas entre el este de Italia e Israel, apoyan esta teoría. Corazón reptil, corazón humano La clave de las malformaciones cardiacas infantiles está en un gen que también guía el desarrollo del corazón de tortugas y lagartijas. El descubrimiento da pistas también sobre cómo se forjaron los organismos de sangre caliente N. R. C. MADRID. El corazón de una lagartija o una tortuga poco se parece al de la especie humana. Pero poseen más cosas en común de lo que se pudiera sospechar. Científicos del Instituto Gladstone de Enfermedades Cardiovasculares de Estados Unidos han identificado un mismo vínculo ge- nético- -el gen Tbx 5- -que participa en la formación de los ventrículos del corazón, tanto de reptiles como de humanos. El hallazgo, que hoy publica la revista Nature en su portada, ayudará a entender las malformaciones cardiacas infantiles, uno de los defectos de nacimiento más comunes. Sobre todo los que se refieren al septo ventricular. Y también a conocer mejor la evolución humana. El gen que guía la formación del corazón de tortugas, lagartijas y humanos ofrece a los científicos también valiosas pistas para conocer la evolución humana. Permitirá saber cómo se desarrollaron los organismos de sangre caliente. Desde un punto de vista evolutivo, los reptiles ocupan un puesto crítico en la evolución del corazón. Mientras aves y mamíferos poseen dos aurículas y dos ventrículos, ranas y otros anfibios cuentan con tres cámaras. Los reptiles ocupan la posición intermedia. No hay un modelo único, la estructura varía dependiendo de la fisiología y anatomía de cada uno de los reptiles. Un típico corazón reptiliano de tortugas posee dos aurículas y un ventrículo. La lagartija, sólo uno. Los investigadores del Instituto Gladstone sostienen que cambios en la expresión del gen Tbx 5 favorecen la formación de uno o dos ventrículos. Los corazones de los niños nacidos con un único ventrículo, la cámara que bombea la sangre, recuerdan al corazón de los anfibios y sufren la mayor mortalidad.