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ABC DOMINGO 28- -12- -2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 57 Vertido del aluminio al rojo vivo del crisol a los moldes, una de las operaciones más difíciles que se realizan en Magisa. Los moldes se enfrían en arena de sílice quien pausada, prudentemente y mediante una grúa colgada del techo, traslada una pieza sucia como el tizón desde un lado a otro de la nave. A la estructura le espera un baño de gradilla que la limpia, la pule y la devuelve a su color, a su metálico esplendor. En apenas cinco minutos la pieza está como los chorros del oro. Un joven escultor, Juan Carlos López Colo es el autor de la obra de la que esta pieza forma parte, que irá destinada cuando sea concluida a un parque de Torrejón de Ardoz. Ellos también son unos artistas comenta convencido Colo muy satisfecho con su experiencia en Magisa. Blanca (bueno, gris plata) y radiante, la pieza vuelve a colgar de la grúa camino de los soldadores los mejores en lo suyo asegura satisfecho Guillermo Ponce) Soplete en mano obran un nuevo milagro, que la pieza encaje a la perfección ensamblada con las anteriores. Lo normal- -explica Ponce- -es que se ponga en contacto con nosotros el propio escultor, o el Ayuntamiento o la institución que le haya podido encargar la pieza, o los propietarios del lugar donde se colocará. Se nos da una maqueta, y nosotros la desarrollamos al tamaño que nos digan, mientras el artista lo va supervisando todo, absolutamente todo. Y luego, por supuesto, tenemos un equipo de ingenieros encargados de calcular pesos, resistencia al vien- Durante medio siglo, el arte contemporáneo español se ha moldeado en Magisa, en cuya fundición se han materializado obras de César Manrique, Lorenzo Frechilla, Amadeo Gabino, Gustavo Torner, Gerardo Rueda, Canogar... En el principio fue una maqueta to, etcétera, sobre todo si va a ser levantada en un lugar por el que pasa la gente Quedan atrás los dos soldadores, empeñados en su milimétrica tarea. Estamos al otro lado de la nave de Magisa, al otro lado de la fundición. Ésta es la zona de mecánica, complementaria con la fragua, pero con otro tipo de actividades, industrias y trabajos, las de los ajustadores, los cinceladores, los fresadores. Éste es el reino y dominio de la precisión. Hay brocas, lijas mecánicas, destornilladores, tuercas, tornillos, sopletes. La fundición es, por supuesto, el principado del fuego. Pero en el taller de mecánica el reino es del aire del detalle, del ajuste, de la pieza, del milímetro. Por todas partes están los utensilios más precisos y la última tecnología. Disol- ventes, aceites, chapas, escayola, y también el acero cortén, una de las grandes estrellas de la fundición. Es un material que convierte su oxidación en su propia protección- -detalla Guillermo Ponce- Es un material excelente para nuestro trabajo, un gran avance. El hierro acaba carcomido por la oxidación, pero el cortén no. Los resultados son increíbles, incluso económicamente también el cortén es mucho mejor. La primera vez que lo usamos fue con José Luis Sánchez cuando ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando La tierra, el aire, el agua y el fuego, los elementos esenciales, los elementos primigenios, el principio de la vida, y como se ha visto en Magisa, el principio del arte. Materia negativa que aquí será positivada y convertida en vida. De la materia informe hasta la belleza, un camino que en esta fundición recorren todos los días, un proceso que tiene mucho de alquímico, un camino que va desde la nada hasta el infinito de la obra artística, desde el nigrum amorfo hasta el oro del canon o de la abstracción. En esta veterana y experimentada fundición se fragua el arte desde primeras horas de la mañana. Aquí, el fuego eterno y los minerales y metales son domeñados por el hombre. Aquí, el arte echa chispas y mantiene el rescoldo milenario, ése que sacó al hombre de la caverna y lo llevó a moldearse un futuro en la Academia. Arriba, dos soldadores trabajan en el interior de una pieza de una obra del escultor Colo de grandes dimensiones. A izquierda y derecha, otro obrero se aplica a la realización de moldes, a partir de una obra del mallorquín Bernardí Roig. Arriba, a la derecha, el aluminio fundido hierve en el crisol a mil doscientos grados centígrados