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14 ESPAÑA www. abc. es JUEVES 21- -8- -2008 ABC Los equipos sanitarios y de rescate se agolpan cerca de la zona donde cayó el avión, calcinada por completo Madrid sufre en Barajas, con 153 muertos y 19 heridos, su peor tragedia desde el 11- M El MD- 82 de Spanair tuvo primero un fallo en un sensor, volvió y en un segundo intento de despegue cayó, se partió en dos y ardió CRUZ MORCILLO MADRID. El vuelo JK 5022 de Spanair (Madrid- Las Palmas) tenía anunciada su salida a las 13.05 de la tarde de ayer. Una pareja telefoneó a su abuelo a Canarias: el avión se retrasaba, había algún problema, era posible que incluso cambiaran de aparato. A las 14.20 horas el MD- 82, con 162 pasajeros- -entre ellos dos bebés- -y diez tripulantes inició la maniobra de despegue, el momento más delicado del vuelo. Era el segundo intento. El comandante de otra aeronave que tomaba tierra en la pista de enfrente, procedente de Ecuador, comentó: Ese avión no despega Lo hizo, se elevó en el aire desde la pista 36 izquierda de Barajas, al parecer con dificultad, hasta una altura escasa se le incendió un motor o le pudo afectar un golpe de viento; el aparato se desequilibró, el ala tocó el suelo y provocó la explosión del depósito cargado de queroseno. El avión se partió en dos y comenzó a arder hasta quedar volcado junto a las pistas al lado del río Jarama, despedazado, con el fuselaje esparcido como migas de galleta, salvo la cola. La primera pieza del avión recuperada se encontró sobre el cemento. Eran las 14.28 horas. No veíamos avión, sólo restos explicó un trabajador de Barajas. Un minuto después entraba la llamada en Emergencias: Posible accidente aéreo en el Km 19 de la A- 1 La tragedia ya estaba escrita, pero en ese momento sólo se adivinaba en la imponente columna de humo que se alzaba sobre Madrid. Helicópteros (seis) bomberos (más de un centenar) ambulancias, Guardia Civil y Policía (medio millar) Cruz Roja, personal del aeropuerto... Otra vez la ciudad en vilo. El relato del jefe del dispositivo de emergencias, Ervigio Corral, horas después, cuando ya se sabía que había muchos muertos (153 al cierre de esta edición) era espeluznante. Los cadáveres estaban dispersos, encharcados en el riachuelo muchos de ellos, mezclados con ramas y piedras, con cuerpos de niños- -viajaban 20 menores- -que recordaron a los equipos de rescate la matanza del 11- M. El personal de salvamento trabajó a destajo, unos apagando llamas- -las zonas aledañas de pasto también se carbonizaron y los restos del aparato estuvieron ardiendo más de dos horas- otros sacando víctimas quemadas. Veintiocho personas fueron rescatadas con vida; el resto se la dejaron en el avión. Entre la tarde y la noche, varios heridos murieron. Estaban destrozados, abrasados. Es un milagro que alguien esté vivo murmuraba entre lágrimas uno de los agentes. Dicen quienes estuvieron allí que no se oía ni un lamento, sólo un terrorífico silencio y voces apagadas, desconcertadas. Comenzó entonces el desfile de camillas y ambulancias y aún con la información colgada de pinzas no se aventuraba nada bueno porque bajo las mantas las pieles de los supervivientes estaban ennegrecidas. Los hospitales de Madrid, la ciudad entera activó el protocolo de grandes catástrofes al que nos obligó el maldito 11- M. Los escenarios de la incredulidad, primero, y del dolor, más tarde, se situaron en varios planos. Cada uno a su ritmo, todos endiablados. En la zona del accidente, anoche aún seguían buscando restos o cadáveres, dada la confusión de cifras y el destrozo hallado. Una zodiac y decenas de agentes peinaban la ribera y el agua del Jarama. Otros compañeros rastreaban pistas de la tragedia (las cajas negras se recuperaron muy pronto) para recomponer el puzzle de la investigación que se avecina largo. Decenas de médicos se afanaban en varios hospitales- -La Paz, Ramón y Cajal, Infanta Sofía, 12 de Octubre, Niño Jesús y Princesa- -para atender las gravísimas quemaduras o fracturas de los pacientes- -anoche había ingresadas 19 personas, de ellas 12 graves y dos muy graves- Dos de los supervivientes aún no están identificados. Hay tres niños de 6, 8 y 11 años. Al aeropuerto de Madrid y al de Las Palmas acudían familiares descompuestos, sin noticias, sin un teléfono al que agarrarse porque al otro lado sólo había silencio. AENA habilitó una sala especial para atenderlos y los psicólogos llegaron con sus palabras de imposible consuelo. La lista de pasajeros, los nombres que separaban la muerte de la vida, bailando como siempre. La Tres niños, heridos Decenas de cadáveres quedaron esparcidos y mezclados con ramas, piedras y fuselaje El avión levantó las ruedas delanteras y seguramente las traseras explicó la ministra de Fomento